El acuerdo

1555 Words
Ana apenas tuvo tiempo de asimilar su nueva realidad. Esa misma tarde, Jake organizó su traslado a su lujosa mansión en las afueras de la ciudad. El auto n***o y reluciente la llevó a través de calles que se transformaban gradualmente en avenidas más amplias y frondosas, dejando atrás la urbanidad caótica y adentrándose en una zona de opulencia que parecía pertenecer a otro mundo. La mansión de Jake era impresionante. Los altos muros de piedra blanca, las amplias ventanas y los jardines perfectamente cuidados hablaban de un lujo y una sofisticación que Ana jamás había experimentado. Al llegar, fue recibida por el personal de servicio, quienes la trataron con una mezcla de respeto y curiosidad. Jake la esperaba en la entrada, su presencia imponente suavizada por una sonrisa cordial. —Bienvenida a tu nuevo hogar, Ana —dijo, extendiendo una mano para ayudarla a salir del coche. Ana aceptó su mano, sintiendo un torbellino de emociones mientras cruzaba el umbral de la que ahora sería su casa. Jake la condujo a través del vestíbulo, mostrándole las distintas habitaciones con una calma y naturalidad que casi la hicieron sentir cómoda. —Quiero que te sientas libre de explorar y familiarizarte con todo —dijo Jake mientras subían las escaleras de mármol—. Esta es tu casa ahora. Finalmente, llegaron a una puerta al final del pasillo. —Esta es tu habitación —anunció Jake, abriendo la puerta para revelar un espacioso dormitorio decorado con buen gusto. Los muebles elegantes y las suaves tonalidades de las paredes creaban un ambiente acogedor y relajante. Ana entró y dejó caer su bolsa en el suelo, mirando a su alrededor con asombro. —Es hermoso —dijo suavemente, girándose hacia Jake—. Gracias. Jake asintió, observándola con una expresión que Ana no pudo descifrar del todo. —Quiero que te sientas cómoda aquí, Ana. Nuestra boda será en dos semanas. Mientras tanto, hay algunas cosas que debemos discutir. Ana sintió una punzada de nerviosismo al escuchar esas palabras. Sabía que el acuerdo no sería simple y que habría condiciones y expectativas que tendría que cumplir. Más tarde, se encontraron en el estudio de Jake, una habitación llena de libros antiguos y muebles de madera oscura que exudaban un aire de poder y sabiduría. Jake estaba sentado detrás de un amplio escritorio, revisando algunos documentos. Al verla entrar, le indicó que tomara asiento. —He preparado un contrato prenupcial —dijo, empujando un documento hacia ella—. Quiero que lo leas detenidamente. Este acuerdo protegerá tanto tus intereses como los míos. Ana tomó el documento y comenzó a leer. El contrato era detallado y meticuloso, cubriendo aspectos financieros, expectativas de comportamiento y términos de separación, si llegara a ser necesario. A medida que leía, sintió una mezcla de alivio y aprensión. Jake había pensado en todo. —¿Alguna pregunta? —preguntó Jake cuando ella terminó de leer. Ana levantó la vista del documento, encontrando sus ojos con los de él. —Solo una —dijo, su voz firme—. ¿Por qué estás haciendo esto, Jake? ¿Realmente confías en que este matrimonio nos beneficiará a ambos? Jake suspiró, recostándose en su silla. —Ana, no soy un hombre que tome decisiones a la ligera. Necesito estabilidad y una imagen pública adecuada para mis negocios. Y tú necesitas una nueva oportunidad. Creo que juntos podemos crear algo que funcione. No te estoy pidiendo amor, solo lealtad y cooperación. Con el tiempo, quién sabe lo que puede pasar. Ana asintió lentamente, entendiendo la lógica detrás de sus palabras. A pesar de las circunstancias inusuales, había una franqueza en Jake que la tranquilizaba. —Está bien —dijo finalmente—. Firmaré. Jake asintió, y juntos completaron los trámites necesarios. Con el contrato firmado, se sentía un poco más segura, aunque sabía que el verdadero desafío estaba por venir. A medida que se preparaban para la boda y para vivir juntos, Ana no podía evitar preguntarse qué otros secretos ocultaba Jake Wilson y cómo esos secretos influirían en su futuro. Mientras se levantaba para retirarse a su habitación, Jake la detuvo suavemente, su mano rozando la suya. —Ana, te prometo que haré todo lo posible para que esto funcione. No soy un hombre fácil, pero intentaré ser justo contigo. Ana le devolvió la mirada, viendo la sinceridad en sus ojos. Asintió, sintiendo que, a pesar de todo, había una chispa de esperanza en ese acuerdo improbable. —Gracias, Jake. Yo también lo intentaré. Con esas palabras, Ana se retiró, sabiendo que el verdadero reto apenas comenzaba. Los secretos y las verdades no reveladas los rodeaban, y mientras avanzaban hacia su nuevo futuro, ambos tendrían que enfrentarse a sus propios demonios y descubrir si podían construir algo real a partir de un acuerdo de conveniencia. Los días que siguieron estuvieron llenos de preparativos. Ana se sumergió en una vorágine de actividades que iban desde pruebas de vestidos hasta reuniones con planificadores de bodas. Jake había contratado a los mejores profesionales para asegurarse de que la boda fuera perfecta. Aunque todo se movía a una velocidad vertiginosa, Ana no pudo evitar sentirse abrumada por la magnitud de todo. La mansión de Jake se convirtió en un centro de operaciones, con personas entrando y saliendo, discutiendo cada detalle. Una mañana, mientras Ana probaba un vestido de novia en una elegante boutique, recibió una visita inesperada. Julia, una amiga de la universidad con la que había perdido contacto hacía años, entró en la tienda, sorprendida al verla. —¡Ana! —exclamó Julia, corriendo a abrazarla—. ¡No puedo creer que seas tú! Ana se sorprendió al ver a Julia, pero también sintió una ola de alivio al ver una cara conocida en medio de todo el caos. —¡Julia! —respondió Ana, devolviendo el abrazo—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Trabajo como diseñadora de vestidos de novia ahora —dijo Julia con una sonrisa—. ¿Y tú? ¡No tenía idea de que te ibas a casar! Ana sonrió, aunque su sonrisa se sintió un poco forzada. —Sí, es una larga historia. Estoy comprometida con Jake Wilson. Los ojos de Julia se abrieron de par en par. —¿Jake Wilson? ¡El Jake Wilson! —dijo, atónita—. Vaya, eso sí que es una sorpresa. ¿Cómo sucedió? Ana dudó por un momento, considerando cómo resumir los eventos recientes. Decidió mantener la versión simplificada. —Nos conocimos a través de negocios y... bueno, las cosas avanzaron rápidamente. Julia la miró con curiosidad, pero no presionó más. —Bueno, estoy aquí para ayudarte a encontrar el vestido perfecto. Vamos a hacer que te veas increíble. Las dos amigas pasaron las siguientes horas probando vestidos y recordando viejos tiempos. A pesar de las circunstancias, Ana se sintió más relajada y agradecida por tener a Julia a su lado. Finalmente, encontraron un vestido que parecía hecho para ella: un diseño elegante y sofisticado con detalles de encaje que resaltaban su figura de manera sutil pero impactante. Esa noche, de regreso en la mansión, Ana se encontró a solas con Jake en el comedor. Él estaba revisando unos documentos mientras cenaban, pero levantó la vista cuando ella entró. —¿Cómo fue tu día? —preguntó Jake, sonriendo al verla. Ana se sentó frente a él, sintiéndose un poco más cómoda en su presencia con cada día que pasaba. —Bien, gracias. Vi a una vieja amiga hoy. Me ayudó a encontrar el vestido perfecto. Jake asintió, pareciendo genuinamente interesado. —Me alegra escuchar eso. Estoy seguro de que te verás hermosa. Ana sonrió, sintiendo una conexión sutil pero creciente entre ellos. —Jake, hay algo que he estado queriendo preguntarte —dijo, tomando un sorbo de agua para calmar sus nervios—. ¿Por qué necesitas casarte tan rápidamente? Sé que mencionaste la fusión, pero siento que hay más detrás de todo esto. Jake la miró en silencio por un momento, luego suspiró y dejó sus documentos a un lado. —Tienes razón —dijo finalmente—. Hay más. La fusión es crucial, pero también hay otros factores en juego. Mi familia espera mucho de mí, y hay presiones externas que complican las cosas. Casarme es una forma de mostrar estabilidad y compromiso, algo que es vital en este momento. Ana asintió, comprendiendo que Jake enfrentaba desafíos que iban más allá de lo que ella podía ver. Sabía que aún había secretos por descubrir, pero decidió no presionar más por el momento. —Gracias por explicármelo —dijo suavemente—. Quiero que sepas que, aunque esto comenzó como un acuerdo, estoy aquí para apoyarte. Quiero que esto funcione tanto como tú. Jake pareció sorprendido por sus palabras, pero luego asintió, una expresión de gratitud en su rostro. —Lo aprecio, Ana. Realmente lo aprecio. Con esas palabras, continuaron su cena en un silencio cómodo, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Ana sabía que los desafíos estaban lejos de terminar, pero sentía que poco a poco estaban construyendo una base sólida para su futuro juntos. Mientras la boda se acercaba, Ana se preparó no solo para convertirse en la esposa de Jake Wilson, sino también para enfrentar los secretos y verdades ocultas que inevitablemente surgirían en su camino.
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