—Te busca Mauro de la Mora —informó una mujer de cabello oscuro y ojos casi negros a Mariel y rubia se congeló por medio segundo con ese puño de palabras. Y es que esa persona, que había ido a buscarla a su oficina, le informaba de un imposible, según ella, porque Mauro de la Mora nada tenía para hacer en ese lugar, es decir, ni siquiera estaban en el mismo país ya, así que, ¿por qué la buscaría? Sí, además, ella recordaba haberle dejado claro al hombre que no debía buscarla nunca más, porque no quería tener que ver nada más con él. —¿Quién me busca? —preguntó Mariel, de verdad confundida, pues en serio no le cabía en la cabeza que el hombre que ella mencionaba estuviera ahí. —Mauro de Mora —repitió la recepcionista que, con la intensión de platicar un poco al respecto de ese guapo su

