Capitulo 1 "Café"
Circe.
Solté un largo suspiro cuando noté la mirada de resignación de Amanda, apoyé mis antebrazos en la barra, mientras la rubia se acercaba.
—Lo siento Cir— Exclamó torciendo el gesto hacia el cliente que ha estado observándonos atentamente—Sólo quiere que tú lo atiendas.
Fruncí mi entrecejo observando al pequeño hombrecillo que nos observaba con descaro.
En otro momento quizás sólo habría ido a hablar con mi jefe, el señor Josh lo habría despachado fácilmente, pero no quisiera causarle otro problema, con todos con los que ya carga encima con su familia y sus hijos.
Así que sólo le dirigí una mirada despectiva al rubio, durante muchos días ha estado asistiendo al local a la misma hora y en la misma mesa, y sus pedidos consisten en lo mismo, café y más café y nada más con la única intención de que acepte algunas de sus salidas, y no le apetece aceptar un No, cómo respuesta, era tedioso, había tratado con muchos clientes de su tipo, pero no uno tan insistente como él.
Así que sólo me resigné observando por última vez en el despacho de mi jefe, cerré y abrí mis ojos convocando paciencia.
Amanda se fue directa hacia las mesas que estaban a su cargo, mientras que yo me dirigía hacia la pequeña mesa junto a la ventana.
Tratando de ocultar mí disgusto.
Alisé una arruga inexistente en mi uniforme, y tomé mi lápiz para anotar lo que ya sabía: Café.
—Buenos días, bienvenido a “El café de Josh” ¿en qué puedo servirte? —Pronuncié mi discurso de bienvenida rápidamente, entre más pronto terminará su pedido más pronto me desharía de él.
El hombre alzó su mirada a mis ojos, noté que hoy tenía un ligero bronceado en su nariz, seguro por el frío, no debía tener más de 25 años, sus ojos parecían nerviosos, bueno todo él lo era, desde la manera en que se trababa al hablar o como tomaba el café, parecía estar precavido ante cualquier movimiento.
Noté como en un intento pobre de seducción una de sus comisuras se elevaba en una sonrisa torcida, el cabello castaño muy claro le caía en la frente.
Intente no rodar mis ojos por educación.
Elevé una de mis cejas en espera de su pedido.
— ¿Recibiste mi regalo? —Directo al grano. Ok.
Me mantuve impasible a cualquier gesto que delatara algo en mi rostro.
—Me temo que soy alérgica al polen de las flores—Mentí.
El hombre, quien me había repetido infinitamente su nombre, pero que no recordaba, alzó sus cejas en asombro.
—Oh no lo sabía—Bajo su mirada y volvió a subirla a mi rostro—Quizás debí preguntarte antes—Intentó enmendar su error.
— ¿Tu pedido? —Intenté cambiar el tema, noté un movimiento en el rabillo de mi ojo.
—Estrenaran una nueva película en el cine que esta por aquí…
Solté un suspiro olvidándome un poco de mi cordialidad.
—Oye chico, no estoy en busca de una salida, mi novio se enfadaría—Otra mentira—Quizás otra chica soltera, estaría dispuesta en salir contigo—Lo dudo.
Traté de forjar una sonrisa afable.
El chico me observó con más atención de la necesaria.
—Sólo sería una salida, nada personal.
Intenté ocultar mi cara de incredulidad.
—Lo siento no estoy interesada—Fruncí mis labios, mi paciencia se estaba agotando.
Alcé mi mirada, sentía cierta sensación que me calaba el cuello.
Mi mirada se cruzó con un par de ojos grises que me observaron un momento para luego centrarse de nuevo en el menú, fruncí mi entrecejo al hombre sentado en la mesa siete.
Un carraspeo molesto devolvió mi atención de nuevo al castaño frente a mí.
Anoté un café en mi cuadernito.
—Traeré tu café—Y me fui muy rápido sin darle tiempo de réplica, para llevarle el pedido a nuestro cocinero Jean, un hombre de unos cuarenta y tantos años, con estilo de rockero y motociclista.
Coloqué el papelito junto a los demás.
—Hola Jean—Saludé al hombre en la estufa con un gorro de hello kitty en la cabeza, reprimí una sonrisa.
—Hola linda—Saludó con un movimiento de su cabeza sin despegar la vista de sus preparaciones culinarias, cómo les llamaba él. — ¿Sigue molestándote? —Preguntó refiriéndose al rubio en la mesa 4.
Resoplé apartando una hebra castaña de mi rostro, Jean sonrió. Oh sabía lo que estaba pensando.
—Ni se te ocurra mencionarlo—Advertí señalándolo con mi lápiz rosa.
Soltó una carcajada mientras batía unos huevos.
— ¿A caso eres psíquica? — Pregunto enarcando una de sus cejas.
—No, pero te conozco—Señalé entrecerrando mis ojos.
Elevó sus manos en rendición.
—Yo sólo digo, que si un anciano como yo tiene citas, ¿por qué tú no cariño? —Inquirió con una sonrisa.
—No necesito un hombre—Mascullé.
—Mmm bueno ese malhumor…—Porfirio acompañado de una risa estruendosa, que me hizo abrir mis ojos de par en par.
—¿Qué pasa? —Preguntó Amanda a mí lado, con sus pedidos en la mano.
Entrecerré mis ojos—Qué Jean cree que soy una amargada por no tener un hombre a mi lado—Me giré para observar su reacción.
—O una chica, soy liberal sabías—Agregó Jean desde la cocina, mientras le dirigía una mirada asesina.
Amanda trataba de reprimir una sonrisa, mientras yo fruncí mi entrecejo.
No necesito una pareja, para no ser una amargada, además no lo era, bueno quizás sólo un poco, pero no quiere decir que necesite de alguien.
—Bueno, no quiero entrar en una zona de guerra—Comentó mientras colgaba los papelillos de los pedidos. —Pero si estás algo… solitaria Circe.
Alcé mis cejas con incredulidad.
—Pero—Agregó rápidamente—No quiere decir que necesites de un hombre o una chica—Exclamó observando de reojo a Jean en busca de ayuda—Pero nunca está de mal, salir a divertirte un rato.
Enarqué una de mis cejas, Jean colocó el café del rubio frente a mí, mientras seguí observándolos a ambos seriamente.
—No puedo con ustedes de verdad—Exclamé mientras recogí el pedido.
—Hay una fiesta…—Comenzó Amanda.
—No—Zanjé mientras me dirigía hacia la mesa cuatro.
Divisé con la mirada al chico en la mesa, me observaba con sus grandes ojos mientras me dirigía hacia él, mentalmente estaba deseando que se fuera de una vez por todas, el día de hoy había sido extremadamente agotador, y todos estamos esperando la hora de cerrar e irnos a casa, bueno ellos a sus casas, porque yo vivo en la primera planta arriba del café, si, no es lo mejor, pero me gusta el lugar, y lo mejor es que no pago renta.
Llegué a la mesa y coloqué el café del chico frente a él, pero ni siquiera lo observó.
—Oye…—Comenzó el chico, de verdad que no quería ser una mal educada pero realmente me estaba quedando sin paciencia—Me agradas—Luché por no enarcar una de mis cejas, ni siquiera me conoce pero no quería ser descortés—Y quisiera que aceptarás sólo una invitación, sin presión.
“Sin presión” Genial.
Alcé mi mirada en busca de ayuda, pero no había nadie que fuera en mi rescate, Amanda estaba atendiendo sus mesas, Jean tarareando una vieja canción en la cocina y mi jefe aún en su despacho seguramente discutiendo con su hijo.
Inhalé un poco de aire, hasta que mi mirada fue a parar nuevamente en unos ojos grises que me observaban y luego volvían hacia la ventana, ese chico, debía atenderlo estaba en las mesas de mi turno, el cabello oscuro caía en su frente, con el entrecejo fruncido mientras observaba detenidamente la calle al otro lado del cristal, pero más de una vez había sentido su mirada sobre mí y el chico rubio, fruncí mi entrecejo en confusión.
Un carraspeo me trajo de vuelta a la realidad.
Ah sí, el intenso, por un momento había olvidado su invitación.
—Agradezco en serio tu invitación—Mentira—Pero mi novio no estaría muy de acuerdo con ello sabes—Otra mentira, Intente fingiendo mi rostro más impasible.
El chico se removió en su lugar sin quitar la mirada de mis ojos, hasta que un sonido que provenía de su bolsillo hizo que se sobresaltara.
Genial podría escapar.
—Un momento ¿sí? —Preguntó con esa voz algo tosca.
Asentí sin remedio, y me aparté para que atendiera su llamada, debía ir hacia la mesa 7.
Un cosquilleo me recorría las manos, mientras caminaba, mire sobre las ventanas y al parecer la lluvia había cesado, pero el ambiente seguía frío, mientras me acercaba hacía la mesa noté como la temperatura descendía, Josh debía arreglar esa calefacción.
El chico extraño en la mesa, llevaba puesto una camiseta azul índigo debajo de su chaqueta de cuero, unos jeans negros y unas botas guerrilleras del mismo color.
Fruncí mi cejas, nunca lo había visto en el café, ni en las calles, seguro no era de por aquí, su piel era extremadamente pálida y contrastaba con su color de cabello, y los ojos grises con la mirada despectiva y rasgos aristocráticos, le daban un aire rebelde, ok el chico era guapo, pero en mi horario de trabajo.
El chico elevó su mirada hacia mis ojos, hasta hora noté que sus ojos se asemejaban bastante al color de las nubes cargadas de agua ahora mismo en el cielo, frunció sus espesas cejas en cuanto me observó.
Por alguna razón que su atención fuera directa, causó estragos en mis nervios, lo cual hizo que me tensara, nunca he sentido nervios para atender a un cliente, nunca.
Estaba a dos pasos del chico cuando, escuché como algo se quebraba a mis espaldas.
Zastiam.
La chica frente a mí se tenso de pies a cabeza, seguro presintiendo lo que sucedía, noté como mascullaba una maldición, y se daba media vuelta hacia la mesa 4.
En cuanto la chica se giró, salí del local rápidamente, sin rumbo aparente, debía perderme por un buen rato, sólo para que no me siguieran de nuevo.
Solté un vaho de frío de mis labios.
Sólo llevaba dos malditas semanas en esto, y sólo quería largarme, ir con Dean, que me asignara otra misión, y problema resuelto.
Pero la realidad es que podría hacerlo, sólo que no lo haría.
La idea de que Greg, el tipo que estoy siguiendo haya sentido mi presencia no sale de mi cabeza, por ello no me arriesgué a que me viera en ese café.
Caminé un buen rato, algunas personas me observaban con cierto descaro, hasta que volví de nuevo hacia mi auto, me senté en el, revisé mi reloj, la chica ya debió salir de su trabajo así que era hora de volver.
Conduje entres las calles inundadas, era un mal clima para salir, pero sin embargo allí estaba esa chica, frente al local con una sombrilla y una chaqueta que se notaba mucho más grande que ella.
Realmente no sé si sentirme ofendido o tomar esto como unas vacaciones, de parte de mi jefa Dean, al parecer encomendarme de niñera, para una torpe chica, era algo muy productivo.
Aunque nunca desprecio un trabajo cuando me lo ofrecen por más insignificante que sea.
Además que hay algo que no me está dando buena espina de todo esto.
Dean no encomendaría un simple trabajo, a uno de sus mejores guardianes, así que hay algo de todo esto que no termina de encajar, pero que con obvias razones encontraré.
La chica siguió su camino hacia uno de los supermercados, estacioné mi auto a unas cuadras, para seguirla caminando, en el expediente no decía, nada muy relevante, así que me estaba comenzando acostumbrar a los días aburridos de esta chica.
Entré al supermercado luego de que unas cuantas personas más entrarán entre ellas, la chica, mi objetivo.
Que aún no tenía muy claro, Dean había dictaminado que la siguiera y al tipo que la ha estado persiguiendo por unos días en su trabajo, y que debo infórmale cada uno de mis movimientos.
Hasta ahora sólo sé que Greg está trabajando para Mortiem, y el hecho de que esté hostigando a esa simple chica, me hace dudar de una cuantas cosas, y prestar algo más de atención a la situación.
Giré en uno de los pasillos, la chica estaba en la zona de higiene personal, fingí concentrarme en la sección de libros frente a mí, sólo para observarla desde acá y así ella no podría verme.
Circe.
Hoy no era mí día para nada, en primer lugar el tipo que ha estado persiguiéndome por días partió una de las tazas de café preferidas de mi jefe y ahora debo pagarla, y segundo no puedo creer que mi marca favorita de toallas sanitarias esté agotada, lo que me deja a única opción unos tapones, ya que las otras marcas no me asientan nada bien.
¿Qué mierda iba hacer con un tapón? En mi vida, usé uno de esos, pero no tenía opción, así que tomé los primeros que encontré de malhumor y me dirigí hacia la zona de lácteos por mi yogurt de fresa y cereal.
Tropecé sin querer con un chico, mucho más alto que yo, que no vi.
—Lo siento—Me disculpé rápidamente— Ando algo distraída últimamente.
—¿Mal día? —Preguntó con una voz masculina algo profunda y ronca.
Alcé mi mirada y mis ojos conectaron con unos grises.
El chico del café, el que se fue sin siquiera pedir algo.
Un nudo de nervios se asentó en mi estomago.
Zastiam.
¿Mal día?
Tenía un solo puto trabajo, y ahora estoy aquí tropezando con mi objetivo algo torpe.
Una de las reglas que se me imponen es no intervenir, bueno genial, ahora debo deshacerme de esto rápidamente.
Debo admitir que me distraje, con la cajera, lo siento hace mucho que no salgo con alguien.
—Algo así—Tenía una voz armoniosa y algo tímida, la chica tenía unos pequeños ojos color marrón algo rasgados, un cabello muy castaño y apenas y me llegaba al esternón.
Noté como sus ojos me reconocieron al instante.
Maldita-sea.
Asentí seriamente y me aparté para seguir mi camino, noté su mirada clavada en mi cuello, pero ya había sembrado la duda en su cabeza.
Salí del supermercado la lluvia estaba cayendo nuevamente, la chica ahora estaría exactamente en la zona de lácteos, encendí un cigarrillo, con los días había memorizado sus rutinas, no era de salir mucho, sus únicas salidas eran al supermercado en busca de yogurt y cereal más seguido de lo habitual, excesiva amante del perfume de jazmín que ya tenía impregnado en la nariz, lo odiaba.
Algunas veces salía a correr al parque cerca de su casa, pero por alguna extraña razón siempre evitaba el bosque, las únicas personas que la visitaban eran sus amigas, dos en especifico y las personas más cercanas a su círculo, era un chico hijo del dueño del Café, y ambos dueños del café, y no había más nada.
Sólo era una chica común y corriente, que me estaba sacando de los nervios cada vez que se le caía algo en ese feo café.
Le di otra calada a mi cigarrillo, cuando la vibración de mi teléfono me saco de mis pensamientos, observé mi alrededor, la chica aún estaba dentro del supermercado, así que me apoyé en uno de los coches, para atender la llamada.
—Diga.
— ¡Zastiam! —Alejé el móvil de mi oído—No has atendido mis llamadas en dos semanas, ¿puedo saber donde carajos estás y por qué esta tu gato en mi departamento?
—Sólo aliméntalo—Mascullé rodando los ojos.
—Ese animal del demonio arruinó tres de mis mejore vestidos ¡Quiero que se vaya!
Reprimí una risa.
—Ese animal del demonio es mi mascota, y tú me debes un favor—Recalqué lo último.
Noté como respiraba hondo, quizás convocando paciencia.
— ¡Bien! —Sonreí—Pero es la última vez que te cuido ese gato.
—Se llama Nina.
—Sí, sí como sea—Colgué la llamada, pisé la colilla de mi cigarrillo, y me moví hacia la zona más oscura del estacionamiento.
Y allí estaba.
Casi pude escucharla maldecir.
No creí que con la fuerte lluvia se iría a casa…
Mascullé una grosería, cuando la vi correr en el asfalto hacia la entrada, debí traer el auto.
La seguí, a una larga distancia, pero no lo suficiente como para perderla de vista, con lo días me había memorizado sus rutas, hasta podría caminar todo el maldito pueblo a ojos cerrados.
La lluvia se colaba entre mis ropas y la temperatura estaba descendiendo, pero no podría sentirlo como esa chica.
Fruncí mi entrecejo y me apoyé en un farol fingiendo esperar el autobús cuando noté que se detenía en la parada del autobús a unos cuantos metros.
— ¿Qué haces? —Murmuré para mí mismo, mientras la veía acercarse a una chica.