Capítulo 5 "¡Llamaré a la policía!"

3435 Words
— ¡¿Qué te pasa Imbécil!? —Se escuchó el grito de Amanda en mitad de la calle, todas las personas voltearon a vernos, y sólo pude volverme más pequeñita en mi lugar, rezando para que el tipo de la motocicleta, no regresara a aplastarnos con su motocicleta, no me sorprendería si de su chaqueta sacaba un arma. Tomé a Amanda del antebrazo y la arrastré conmigo entre un centro comercial, cuando noté que el tipo se regresaba. Amanda protestaba y se removía pero la tomé fuerte hasta que nos perdimos entre la multitud. —¡Circe! —Exclamó riñéndome, cuando estuvimos lo suficientemente lejos la solté, frente a una heladería en un estacionamiento. —Iba a darle un puñetazo—Musitó entre dientes dirigiéndome una mirada lacerante. —Y él nos iba aplastar con su motocicleta—Indiqué, acomodando mi cabello, e intentando sostener todas las comprar que habíamos hecho. —Pude haberlo derribado—Comentó indignada. —No—Aseguré. Mientras observaba la heladería frente a nosotras, entre las personas a unos cuantos metros, había un chico de espalda de cabello n***o, e increíblemente alto dándonos la espalda, una espalda bien trabajada, agudicé mi mirada. — ¿Me estás escuchando? —Preguntó abriendo sus ojos verdes de forma indagadora—Ni siquiera me estás escuchando, ese tipo me nalgueó en plena calle, es un imbécil… Y así siguió hablando pero ya no estaba escuchando, solo observaba al chico a unos metros. ¿Podría ser él? Sería demasiada casualidad, el cabello rizado era el mismo, el mismo cuerpo esbelto, la palidez de su piel, sólo que estaba vez no llevaba puesta su chaqueta de cuero. Caminé unos cuantos metros con Amanda detrás de mi aún parloteando, habían muchas personas, muchos niños, algunos gritando otros llorando porque sus padres no les querían comprar un helado. — ¡Nuevo helado Fantasía, quienes quieran probar este manjar por favor hacer una fila por acá!—En cuanto el hombre dentro de la tienda de helados anunció su nuevo sabor un montón de personas, corrieron para formarse en la fila, pasando por poco por encima de Amanda quienes quedamos apretujadas una a la otra mientras el montón de personas corrían de un lado a otro, Amanda se cayó por un momento cuando notó que la ola de personas estaban sobre nosotras. —¡Circeee! — La escuché chillar mientras yo intentaba salir de en medio de esas personas, e intentar llegar al chico, él cual ya no podía ver desde mi lugar, mascullé una grosería mientras empujaba a la personas sin delicadeza, hasta que logré salir con Amanda de la aglomeración. El clima se estaba tornando frío nuevamente, el poco brillo de sol que se había mantenido se había evaporado dando paso a unas espesas nubes de color gris y una escasa llovizna estaba comenzando a mezclarse, me gustaba bastante, lo que no me agradaba eran las alergias que me provocaban, lo que incluía medicarme con antialérgicos como una desquiciada, que me hacen dormir mil años. Cuando logramos salir de ese mar, caminé con Amanda tomada de mi antebrazo hacia el lugar dónde había estado el chico, quizás podría sonar algo maniática, quizás lo soy, pero mantengo esa extraña sensación, y algo me dice que tiene que ver con ese chico de ojos grises, mi intuición nunca ha fallado ni en los peores casos. Entrecerré mis ojos indagando el lugar tratando de encontrar al chico de mirada gélida. Pero no estaba allí, era como si se hubiera esfumado de pronto. Mi rostro pasó de investigadora a una confusión total, lo cual captó la mirada inquisitiva de mi amiga a mi lado. — ¿Buscabas a alguien? —Preguntó estrechando sus ojos de forma intrigante. Sacudí mi cabeza un momento, y luego volví mi mirada de nuevo hacia mi amiga. —Creo que me confundí—Espeté mientras caminábamos hacia la salida. Amanda me dirigió una mirada curiosa, para luego volver a su riña del tipo de la motocicleta. Observé mi reflejo en el espejo de mi habitación torcí un poco el gesto, Amanda había elegido un vestido n***o ceñido, que destacaba mis caderas, era muy bonito y muy sexy, mi único inconveniente es que nunca he estado acostumbrada a usar ropa tan corta, pero creo que no era momento para decirle eso a Amanda, con lo inestable que está seguro me estampa el secador en mi cabeza, así que sólo suspiré y seguí cepillando mi cabello, era de un color marrón claro, y me llegaba hasta la mitad de mi espalda, debería cortármelo. Un olor a cigarrillo entró por mi ventana mezclada con la brisa de la noche, arrugué mi nariz, y maldije en mi mente, sólo esperaba que James no se encontrara en su departamento ese olor de cigarrillo era la marca que solía usar, no estaba de humor para sus tonterías, rodé mis ojos y fui directo a mi ventana. La brisa chocaba en mis brazos y en mi rostro, y era increíble. — ¿Lista? —Escuché la voz de Amanda detrás de mi apoyada en mi en la puerta— ¡Woa ese vestido te queda precioso Circe! —Chilló—Vas a dejar a todos los chicos con la boca en el suelo y babeando—No pude evitar reír, debería ser yo quien estaría subiéndole los ánimos y no ella a mí. Hice un ademán para que bajara el tono de su voz, escuché como el auto de mis jefes salía del aparcamiento a la vía. Rodó los ojos, y giró en entre sus dedos las llaves de un auto, cuando las reconocí abrí mis ojos de par en par. Cerré la puerta tras de mí. —¿Qué carajos haces con eso? —Exclamé pasmada. Amanda sonrió con malicia, riendo. —Oh vamos, está en Vermont no se dará cuenta que estoy usando uno de sus autos—Sonrió guiñando uno de sus ojos—Será como un préstamo. Aún con los ojos muy abiertos exclamé— Estoy segura que eso es completamente ilegal—Aseguré. —No seas aguafiestas Circe—Rodó sus ojos aún divertidos por la situación—Velo como tu primer acto de rebeldía en contra de los estándares sociales. — ¿Te refieres a la ley? —Inquirí con una ceja elevada. —Tú lo quieres llamar así—Comentó señalándome con un dedo y luego así misma—Yo lo llamo opresión. Rodé mis ojos, salimos de mi departamento directo al auto de su exnovio, “prestado” Mandy tomo la vía principal, tenía una idea vaga del lugar dónde sería la fiesta, sólo que no recordaba ir allí en mucho tiempo. Era una de las zonas más lindas de la ciudad por las grandes casas de estilo victoriano, y preciosos jardines que allí estaban y que las personas que la habitaban eran de dinero como médicos, ingenieros, arquitectos y de más profesionales, y sus hijos caprichosos, hacían grandes fiestas llenas de excesos. Podía ver la emoción de Mandy por cada vez que frenaba de golpe o aceleraba el auto de pronto, tanto que me asustaba que perdiera el control del coche, ese chico de verdad que le gustaba, pero la conozco perfectamente como para decir que sólo es una atracción física y ya, la infidelidad de su ex Rodrigo si le estaba afectando, me preocupaba que estuviera que comenzará enloquecer estando con un chico y otro sólo para superar al imbécil, pero sé que Mandy no aceptaría una critica constructiva de mi parte ahora, así que lo dejaría pasar hasta que estuviera lista para hablar. Entramos a la zona residencial, y muy a lo lejos podía escuchar el retumbar de un bajo muy fuerte, al final de la gran calle cubierta de casas hermosas, cómo me gustaría vivir en una casa aquí y tener una vida… —Allí esta—Comentó Amanda señalando una casa al final de la calle, en comparación con las demás era la más grande de todas las que se encontraban allí, habían demasiado autos de las marcas más caras, y muchas personas en el jardín bailando, hablando y otros fumando y bebiendo, disfrutando, no se veía tan mal La música era fuerte, hacía vibrar mi pecho. Cuando por fin entramos al gran salón de la casa, luego de pasar por en medio de universitarios ebrios y bailando hasta el piso. Amanda soltó un chillido giré mi rostro para ver el foco de su emoción. Un chico de un metro ochenta, con buena complexión, el cabello corto de los lados y castaño, se acerba a dónde nos encontrábamos, llevaba en su mano un vaso y la sonrisa torcida, y los ojos perdidos pero enfocados en nosotras, me indicó que estaba quizás algo ebrio. — ¿A qué es guapo? —Susurró Mandy a mí lado, bueno sí el chico era guapo hasta ahora me fije que uno de sus brazos estaba completamente tatuado. Cuando por fin estuvo frente a nosotros, subí un poco mi mirada debido a la diferencia de altura, traía consigo una sonrisa maligna, nos observó de pies a cada una, tardándose un poco más en nuestro escoté, no pude evitar ponerle mala cara. Amanda lo saludó y de inmediato se enganchó a él, mientras él chico aún mantenía su mirada fija en mí. — ¿Te conozco de algún lado? —Preguntó inclinándose un poco para que lo pudiera escuchar. —Lu dudo—Zanjé. Miré de nuevo a mí amiga, y entendí esa mirada, era nuestra batiseñal, necesitaba un momento a solas con el chico, después de todo mi trabajo estaba hecho, ahora puedo irme a los refrigeradores, a beberme su alcohol caro y quizás guardar una que otra botella en mi bolsa. Asentí, mientras le sonreí a mi amiga, enviándole mis mejores vibras y suerte, aunque ese chico tiene la mera pinta de imbécil, quien aún no ha quitado su mirada de mi escote. Amanda tenía cierta debilidad por los imbéciles, pensé. ¿Por qué tu no? Mi conciencia ironizó. Bueno James era un imbécil, pero uno de los soportables. Actualiza esos gustos, chica. Cállate. Salí de la multitud de personas moviéndose al ritmo de la música, y fui directo hacia los refrigeradores en una cocina más grande que mi cueva en el café. Los grandes ventanales de cristal daban una gran vista hacia la piscina. Comencé a llenar mi vaso con todo tipo de bebida que podía encontrarmede diferente colores y sabores. — ¿Piensas intoxicarte? —Una voz masculina me atrajo de nuevo de mis pensamientos. Me di una vuelta y un chico de cabello rubio estaba detrás de mí con una sonrisa divertida, el cabello ondulado y dorando le caía en la frente de forma desaliñada, estaba vestido de n***o y su piel pálida estaba cubierta de tatuajes, si que era guapo, con unas facciones aristocráticas. Parecía un dios griego. Pero no como nuestro chico raro. ¿Nuestro? Mi conciencia tenía razón en algo, el chico de los ojos grises era increíblemente guapo, en comparación a todos los chicos guapos de la fiesta, tan irreal y perfecto. El chico frente a mí carraspeó al notar que me quedé mirándolo fijamente pensando. Aunque este rubio no estaba nada mal, tenía un estilo que sobrepasaba lo sexy con un estilo friki, una combinación extraña pero atractiva. Por fin encontré mi voz. Ya era hora. — ¿Por qué no? —Sonreí coqueta. El chico sonrió. —Deberías servirme un poco de eso—Comentó apoyando su cadera cundo al refrigerador. Serví en dos vasos mi combinación loca. Ambos tomamos un sorbo cada uno, no estaba nada mal. —Debería contratarte en mi bar, castaña—Comentó el chico bebiendo otro sorbo de sus vaso— ¿Cómo te llamas? —Circe. —Lindo—Dijo señalándose a sí mismo—Tobías. Asentí. Me contoneé barriendo mi mirada por todo el lugar y en el área de la piscina al otro lado del cristal. — ¿Quieres bailar? —Preguntó observando a las personas bailando en la piscina de un lado otro, las chicas contoneando sus traseros en los chicos. Me contuve de torcer el gesto. Pero… ya tenía unos cuantos tragos de esta cosa rara que preparé, y el alcohol estaba comenzando a nublar mi razonamiento. Así que lo sonreí al chico, y tomé su mano, que mantenía estirada. Después de todo no conocía a ninguna de las personas que estaban aquí, y para mañana no recordaría nada de lo que pasó esta noche, y a Tobías mucho menos. Así que salimos a la piscina, y bailar al ritmo de la música, el ritmo era sensual y lento. Pasé la mayor parte de la noche con el chico Tobías y bebiendo mi infusión de bebidas extrañas. Por suerte la fiesta era de universitarios, y todas las personas que allí se encontraban eran mayores de edad, así que por ese lado todo estaba bien. Bien, hasta que la novia de Tobías apareció de la nada, y se lo llevó arrastras, no si antes dirigirme una mirada asesina y helada, bueno el chico nunca dijo que tenía novia. Descalificado. Mi conciencia bromeó. No le di importancia y me aparté del grupo de amigos de Tobías, en busca de Amanda, que hace un buen rato se perdió con el castaño. Volví de nuevo al interior de la casa, y en uno de los muebles carísimos de la sala. Amanda estaba rodeaba de personas, sentada en el regazo del chico, y junto a ellos, pude reconocer a una pelirroja una amiga de Amanda, Molly. Molly era estudiante de medicina y se conocían del instituto desde hace muchos años. La cabeza comenzó a dolerme, quería irme a casa, y Amanda no era una opción. Al menos estaba en buenas manos, con Molly. Así que no estaría sola. Un chico que paso junto a mí tratando de abrirse paso entre las personas, me apretujó el trasero, me giré para soltar una de mis bofetadas que lo dejarían inconsciente por días, pero ya no estaba. Estaba comenzando a sudar, quería irme ya. Así que no tuve otra opción que salir de la gran mansión, y cruzar el jardín, en el proceso recibí unos cuantos insultos pues mi forma de apartar a las personas no era del todo suave. Cuando por fin mis zapatillas pisaron el asfalto fuera de esa gigantesca casa. Comencé a andar por el camino que se dirigía a una de las salidas del lugar. Revisé mi bolsa en busca de mi dinero, y algún rufián lo robó de mi bolsa. Maldije. Me tocaría caminar. Para cundo por fin logré salir del lugar mis piernas ya dolían pero no me atrevería jamás a pedir un aventón, y me mantuve caminando por los lugares más iluminados y dónde más personas habían. La brisa fría recorría mi piel expuesta. El mareo debido al alcohol estaba comenzando a difuminarse lentamente, así que me sentía nuevamente más lúcida. Pero de nuevo esa sensación de que alguien me observaba, y me seguí volvió a acecharme desde una cuadras más atrás. Por un momento por mi mente cruzó el pensamiento del chico pesado del café, y eso casi me paraliza en mitad de la calle, el programa policiaco de tv Mentes Criminales aumenta mi paranoia a veces. Aún así… No podía descartar la idea en algo. Así que me desvié entre callejones y zonas poco transitadas, hasta que encontré la vieja ruta, de desvió rápido por dónde llegabas directo a la calle donde vivo, sólo que es un poco tenebrosa y solitaria. Pero si no lo hago, quizás nunca podré quitarme de la cabeza esa sensación de persecución de la cabeza. Me desvié en tres callejones más, hasta que por fin llegué a la ruta, quizás me estaba arriesgando demasiado, pero cuando algo se me metía entre ceja y ceja no paro hasta resolverlo. La brisa se hizo más fría, y podía escuchar el murmullo de los insectos y pequeños sonidos, cantos de búhos, que en otro momento me habrían hecho regresar de nuevo a la civilización en la avenida mayor. Rodeé un charco de agua sucia, y noté como un auto bajaba su velocidad en dirección contraria, mi corazón comenzó a latir, los cristales estaban completamente polarizados y eso me ponía nerviosa de pies a cabeza. Y de pronto sucedió lo que me estaba dando vueltas en la cabeza, el auto se detuvo a mi lado y un tipo vestido completamente de n***o bajo del auto, mi cuerpo se mantuvo estático, mientras el auto seguía su camino y el hombre, el cual no podía verle el rostro estaba al otro lado de la calle observándome muy quieto. Mi pulso se disparó de inmediato, no habían sido ideas mías, me habían estado siguiendo todo este tiempo. En cuanto logré salir del pasmo, eché a correr de nuevo a la avenida principal, el encapuchado comenzó a gritarme y amenazarme con dispararme con su arma. Mis manos comenzaron a temblar al escuchar el sonido de un arma librada de su seguro. Corrí con todas mis fuerzas hasta que tropecé con una roca y caí de bruces al suelo, el pulso en mi cien comenzó a desesperarme y la sangre caliente corría de mis rodillas, como pude logré levantarme pero antes de siquiera echar a correr, una mano me tomó de mi cabello y me jaló hacia atrás sentándome en el asfalto de forma brusca y violenta. —Te dije que no corrieras—Rugió esa voz, que reconocí de inmediato, y eso me aterró demasiado. Un auto se aproximaba y noté como el hombre de mala forma intento ponerme de pie. Creí que me noquearía o algo hasta que sentí que este hombre se tensaba detrás de mí. Y comprendí que algo no iba bien. ¿Qué quería? ¿Secuestrarme? Intenté no pensar en eso ahora, debía liberarme ya. Hasta que el auto que había visto por el rabillo de mi ojo. Paro, y escuché como una puerta se estampaba bruscamente en un auto. De pronto las manos que sostenían fuertemente mi cabello me liberaron, para cuando pude reincorporarme, había un segundo hombre a mis espaldas, sosteniendo al tipo que me había derribado sujeto del cuello, podía escuchar su voz ahogada, mientras que el otro hombre mantenía su agarre firme y parecía estar diciéndole algo muy bajo. Mis rodillas ardían por las heridas y en cuanto bajé mi mirada, vi el armar del primer hombre en el suelo, la tomé rápidamente con los dedos temblando del miedo, hasta que las sostuve firmemente en mis manos. Para cuando pude levantarme noté, como el segundo hombre se deshacía del primero que parecía inconsciente unas graves marcas se reflejaban en su cuello por donde el hombre lo tenía sujeto, pero no eran heridas normales sino más bien largas venas negras mortíferas, y sus ojos se habían vuelto completamente negros e incluso en las zonas blancas. El primer hombre lo arrojó hacia una peña a un lado de nosotros, parecía muerto y eso me aterró. En cuanto el segundo hombre, se dio media vuelta. Mi corazón dio un respingo al reconocerlo. El cabello enmarañado y rizado tan n***o, el rostro pálido y atractivo y esos ojos grises gélidos. Con una sonrisa demoniaca y sardónica una ceja enarcada en forma expectante. Como pude lo apunté rápidamente. Y hablé fuerte y claro caminado lentamente hacia atrás— ¿Esta muerto? No parecía preocupado porque lo estuviera apuntando con un arma, hundió sus manos en los bolsillos, echó una ojeada desinteresada por dónde estaba el cuerpo del chico, y volvió de nuevo su mirada a mis ojos. —Te aseguro que no lo está—Comentó, su tono de voz era muy masculino y grave, como aquel día del supermercado—Por eso de vemos irnos ahora. Dio dos pasos hacía a mí. Rápidamente apunté mi arma a su cabeza, nunca había usado un arma, pero el miedo me estaba consumiendo y mis nervios estaban a flor de piel. —Aléjate, ¡llamaré a la policía!—Exclamé con cierto tono de nerviosismo que me hizo parecer menos seguro, y el muy baboso lo notó. Y sonrió sugerente, haciendo que un hoyuelo se marcara en su mejilla. —No lo harás—Dijo como si no tuviera ni una pizca de duda en ello. Hundí mis cejas confundidas. Y dio otro paso hacia a mí. Y yo di otro atrás. — ¿Cómo estás tan seguro? —Inquirí desconfiada, no sé qué hago hablando con un psicópata cuando debería estar echando a correr lejos de él. —Porque quieres saber quien soy Circe.
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