La sombra tiene rostro: es el Guardián. Su mirada cargada de tristeza me anuncia que es hora del martirio. El miedo me hormiguea en la piel, casi saliendo por mis poros, de solo imaginar el castigo cruel, humillante y doloroso que estoy a punto de vivir. Sus pasos cadentes y descoordinados, su voz ronca y chocante, su aliento que apesta a licor y su piel que transpira ríos de sudor lo vuelve un espectro asqueroso, que en segundos me aferrara a su carne para mortificarme indecorosamente… Despierto bañada en un charco de sudor. El pasado rememorado en la conversación de anoche me había traído de nuevo las pesadillas. Sacudo la cabeza apretándome las sienes con ambas manos para alejar la imagen de mi cerebro y me hago una bolita con la sabana abrazando mi almohada. Siento el cuerpo pesado d

