Para cuando escuché la voz de Alan a mis espaldas, mi mente ya era presa del desconcierto. ― ¡¿Lis qué haces aquí?! ―la cólera en su voz era un rasgo inédito en Alan. Yo no atiné a responderle, desorientada ante aquel entresijo. Los papeles y fotografías eran muchas y de temas variados, y mucho de todo aquello no lo entendía, pero habían fotografías e informes que si podía reconocer en el acto: múltiples fotos donde se retrataba al Guardián, y documentos donde se describía su itinerario diario, lo que hacía y la hora en la que lo hacía. Las fotos parecían haber sido tomadas sin su consentimiento, como tomadas por un espía, además habían varias fotos de la fachada de una casa que al principio no reconocí, porque solo la llegue a ver desde el frente en una sola ocasión en toda mi vida, por

