El monstruo detrás de la puerta.

1434 Words
…La sombra gigantesca cae al suelo convirtiéndolo con el impacto en un mar de sangre que brota a borbotones de la herida que aun puedo ver abierta en su pecho. Mis pies chapotean en el viscoso charco, viendo con terror al monstr… Un sonido retumba en la habitación. Con los ojos pesados y la cabeza aturdida salgo del sueño que me tenía inmersa entre las sabanas de una cama ajena. Alguien llama a la puerta, y por más que lo desee no puedo ignorarlo. Un horror indescriptible impregna cada átomo de mi ser. Solo de imaginar lo que aquel repiqueteo sobre la puerta desencadenara en este ínfimo microcosmos de calma en que se habían convertido para mí las cuatro paredes de esta habitación me quita las ganas de vivir. Toda ilusión de bonanza se desparramara a partir de este momento Ojala nunca hubiesen llamado a la puerta, ni hoy ni nunca, ojala simplemente fuera tan sencillo borrar mi conciencia y listo. Cuanto desearía solo quedarme aquí recostada por el resto de mis días arremolinada entre las sabanas de una cama limpia, que aunque no es mía, por lo menos no me causa desagrado ni fobia como si lo hacia la colchoneta sucia y mohosas que me sirvió de lecho en mis dieciocho años de monstruosa existencia, pero no, el golpeteo que arranca el grito ahogado de la madera me recuerda que no puedo hacerlo, que mi tortura no se termina por haberme liberado y que estoy condenada a abrirle eternamente la puerta al monstruo. Por lo menos hoy, abrir esa puerta, significa que quiero enfrentarlo. El monstruo no puede seguir oculto. Necesito respuestas. Con los pies pesados como monolíticos bloques de concreto recorro los escasos metros de aquella habitación. El piso esta helado. Mi piel se eriza. Puede que sea miedo, aunque tal vez solo sea el frio. ¿Cómo debo reaccionar? ¿Qué debo decirle? ¿Cuáles son sus intenciones? Mi mente me juega la mala pasada, se distrae en estos pensamientos en un intento por postergar el terrible encuentro. Me decido por fin, y aunque la mano me tiembla sin control, logró girar la perilla. En un instante que dura una eternidad la puerta entreabierta me deja frente a la visión que tanto temí. Simplemente no lo soporto. Su mirada pesa sobre mí. De un golpe lanzo la puerta contra el marco. Atemorizada y con el cuerpo invadido por espasmos incontenibles me dejo caer con la espalda recostada contra la madera de la puerta, pero es demasiado tarde, la visión se ha quedado grabada en mi memoria. No estaba equivocada, tenía razón: él no le teme al monstruo. No lo entiendo ¿Cómo es posible? Sus hermosos ojos dorados, de mirada cálida y amable, no me desprecian ni me temen ¿Por qué no me teme? Soy un monstruo desde que tengo memoria, así me lo hizo saber mi guardián durante toda mi vida. Mi existencia solo ha conocido el odio y el desprecio ¿Por qué él es diferente? ― No te preocupes… tomate tú tiempo. Solo vine a traerte ropa para que te cambies. Su voz, sonora y alegre, me resulta un bálsamo que me cura desde adentro. No puedo explicar lo que siento, pero un par de lágrimas comienzan a surcar mi rostro. Entonces la idea surge en mi cabeza como un pequeño destello arrancando a la fuerza una idea que en un recóndito rincón de mi sórdido interior se mantenía aferrada: Las personas buenas tal vez si existen. ― ¿Por qué no me temes? ― le pregunto cuando apenas logró calmarme. No me responde de inmediato. Me doy cuenta que él ha imitado mi posición recostando su espalda a la madera de la puerta hasta dejarse caer, sentado en el piso. Tal vez solo haya sido mi imaginación, pero por un instante me pareció percibir su calor en mi piel. ― ¿Quieres que te tema? ―con un dejo de jocosidad en su voz me respondió con una pregunta. ― La verdad no lo sé... creo que no… no sé. ― ¿Por qué tendría que temerte? ―su voz me resulta irremediablemente sanadora, aunque su pregunta me irrita en demasía. ― Anoche te lo dije: Soy un monstruo… que mi apariencia no te engañe, puedo parecer una simple muchacha pero el monstruo está adentro, aguardando la oportunidad para salir y hacer de las suyas. Entonces escucho su risa, un sonido sublime, nasal, casi un silbido, pero que me transmite una paz interior, como si la conociera de toda la vida, que por poco me contagia de unirme a él en su trance de jocosidad desenfadada, pero no puedo permitirle tal falta de respeto. Con un codazo golpeo tan fuerte la madera que me hago daño a mí misma, solo para darle mayor ímpetu a mi reclamo. ― ¡No te burles de mí! ―sin miedo a ser una huésped maleducada le grité con todas mis fuerzas― Lo que te digo es verdad, tal vez tu no me crees porque nunca lo has visto, pero créeme, el monstruo es real. ― Lo siento ―me respondió sin dejar entrever de forma alguna que mi altanería le hubiese ocasionado malestar― pero no puedo entender tal cosa. ― No lo entiendes por qué no me conoces… porque no has conocido al monstruo… te lo dije ya, te agradezco que me hayas permitido pasar la noche aquí, pero no quiero causarte más problemas. Él no me responde de inmediato. Su silencio me duele en el alma, tal vez he sido muy dura con quien solo me ha tratado con bondad desde que me encontró vagando en la calle a plena noche. ― ¿Quieres irte? ―me pregunta con un rastro de tristeza en su voz. ― Si… si, bueno no. No lo sé ―no encuentro que responderle, ni yo misma tengo claro lo que quiero. ― ¿Tienes a dónde ir? Su genuina preocupación me hace descubrir rincones de mi ser que nunca antes había conocido. Me encuentro vulnerable ante el caudal de sensaciones que comienzo a experimentar. ― A la calle… tal vez encuentre algún refugio donde esconderme. ― No es necesario ―a través de la puerta escucho como se coloca de pie mientras habla―. Te propongo algo, y no puedes decir que no: quédate una noche más por lo menos. Aclara tus ideas y cuando estés lista hablaremos mejor. Te prometo que escuchare con atención todo lo que estés dispuesta a contarme… solo quiero entender porque huyes… acepta por favor. ― No estoy segura. ― No acepto un no por respuesta… dejare junto a la puerta la ropa que conseguí para ti ―sin perder la dulzura en su tono de voz, concluyó la conversación ­sin darme chance a replicar―. Siéntete en tu casa. Sin moverme de mi sitio, pegada a la puerta, escucho como sus pasos se alejan por el pasillo, aun así no me atrevo a hacer nada hasta no estar completamente segura de que me encuentro sola. Dejo pasar los segundos que se me hacen horas. Sin permitir que nada de aquella conversación se asiente en mi cabeza. Abro la puerta y recojo la ropa para dejarla sobre la mesa de noche. Me doy cuenta de mi deplorable estado pero no reparo en ello. En el mismo estado de automatismo me encamino al baño para tomar una ducha rápida. El efecto del agua tibia sobre mi cuerpo es increíble. Mi piel se revitaliza mientras mi vista se deleita con el placer de apreciar un baño limpio y agradable con paredes cubiertas por losas de colores claros y adornos brillantes y metálicos. Nunca en mi vida había gozado la experiencia del baño, durante toda mi existencia me había tocado bañarme en un parapeto formado con algunas latas viejas que en el patio de la casa hacía las veces de baño, que por añadidura siempre se encontraba lleno de sapos y arañas, además de que siempre debía bañarme bajo la estricta vigilancia de mi guardián. Salgo de la ducha luego de secarme con una suave toalla que acaricia mi piel y sin vestirme aun me lanzo sobre la cama, solo entonces comienzo a procesar todo aquello. De un solo golpe las lágrimas me ahogan y el dolor se hace profundo y desolador. Casi me desgarro por dentro pero de lo más hondo de mi memoria surge el recuerdo de su sonrisa y sus palabras dulces que me devuelven un poco de paz. Logro dormir pero sigo sin poder olvidar que soy un monstruo que debe huir.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD