Rachel llegó cuando el sol empezaba su curva descendente. No estaba nada bien que rechazara su ayuda, después de todo, tener una opinión femenina, era justo lo que necesitaba. Y aunque la odiaba por la forma en como trataba a Alan, no me sentía del todo incomoda compartiendo con ella. Llegó directo a mi habitación. Era tal su entusiasmo que decidí poner de mi parte para no verla con ojos de odio y así no tratarla tan mal como me provocaba. Cuando abrí la puerta la encontré tan deslumbrante como la noche anterior aunque con un estilo de vestimenta mucho más informal y desenfadada, que no hacía sino acrecentar sus dotes de belleza. Me abrazó en medio de un saludo muy efusivo. ― ¡Hola mi bella! ―tal como la noche anterior, el abrazo fundió mi rostro contra sus pechos abultados. ― Hola R

