12. No opines, canario POV Magnus —Ya los tenemos —dice Enzo desde la penumbra de mi habitación. No necesita adornar las palabras. Yo solo asiento. —¿Cuántos? —Tres. Uno habla. Los otros... están pensando en hacerlo. Lo miro en silencio. Me pongo de pie con lentitud. Ya no me duele el pecho como antes, y la herida de la pierna dejó de punzar. La sangre se ha calmado, pero lo que arde ahora es otra cosa. Humillación. Traición. Odio. —Esta noche —digo. —Nos encargamos nosotros. Nadie más. Enzo asiente con esa seriedad que solo muestra cuando entiende que la línea ya fue cruzada. —¿Quieres que prepare a alguien más? —No —respondo. —Quiero verlos a los ojos. Camino hacia el vestidor. Aún traigo puesta la camisa del traje de bodas. Me la quito y la dejo caer sobre el sillón de c

