bc

SOY EL "CANARIO" DEL MAFIOSO

book_age18+
696
FOLLOW
8.6K
READ
billionaire
dark
contract marriage
family
HE
second chance
friends to lovers
arrogant
badboy
kickass heroine
mafia
single mother
gangster
drama
sweet
bxg
kicking
city
office/work place
like
intro-logo
Blurb

Stella Harrington, la hija menor de una familia acostumbrada a vivir por encima de sus posibilidades, ve su mundo derrumbarse cuando su padre pierde una suma devastadora de dinero. Para evitar la ruina —y, sobre todo, para que él pueda seguir disfrutando del lujo— Stella es entregada como moneda de cambio: un matrimonio forzado con Magnus Alberti, el mafioso conocido como “Il Signore".

Magnus no solo busca una esposa. Busca un símbolo. Necesita limpiar su imagen, legitimar su apellido ante los círculos que lo toleran pero nunca lo aceptan… y, al mismo tiempo, cobrar una vieja deuda emocional. Porque antes de Stella existió Aneliz, la hermana mayor: la mujer que lo despreció, lo humilló con su rechazo y eligió casarse con otro, como si Magnus no fuera más que una sombra indigna.

La familia Harrington firma un contrato: tres años. Tres años en los que Stella renuncia a su vida, a su vocación, a su práctica como doctora. Tres años convertida en un adorno fino, encerrado en una mansión que brilla por fuera y asfixia por dentro. Un canario en una jaula de oro.

Pero Stella no nació para cantar por obediencia. Bajo la seda y los protocolos, hay una mujer que aprende a sobrevivir, a mirar entre grietas, a reconocer las verdaderas cadenas: las que no se ven. Y mientras Magnus cree que la ha domesticado —que la ha comprado—, ella comienza a entender que incluso los monstruos tienen puntos ciegos… y que la libertad se fabrica, paso a paso, en silencio.

Cuando el contrato se acerca a su final, Stella está lista para irse. Lo que no sabe es que su última noche con Il Signore la marcará para siempre: se irá llevando algo dentro, un secreto imposible de negociar… y esa huida desatará el infierno.

Porque Magnus Alberti puede tolerar la guerra, la traición, la sangre. Pero no la pérdida. Y cuando descubra que su “canario” escapó con algo que le pertenece, no saldrá a buscarla como un esposo: saldrá como lo que siempre ha sido.

Un hombre capaz de arrasar el mundo a sangre y fuego… con tal de recuperarla.

chap-preview
Free preview
1.La noche en que fui vendida
1.La noche en que fui vendida POV Stella —Firmas… o tu padre muere. La frase no se eleva. No necesita hacerlo. Cae en la sala como una sentencia ya cumplida. Y entonces lo veo. Ahí está él. Sentado en la sala de la casa de mis padres como si la hubiera comprado con solo cruzar la puerta. Traje italiano a medida, oscuro, impecable. Zapatos de cuero n***o que brillan con una pulcritud insolente sobre el mismo piso donde yo solía correr descalza de niña. Un puro encendido entre los dedos —no por placer, sino por dominio— y una mirada turbia que no busca agradar… Busca pesar. Busca decidir. Busca destruir. Un escalofrío me recorre. Es como si el infierno, en lugar de arder, fuera hielo. Como si algo helado me subiera por la columna y me congelara la sangre. Porque sí…Ese hombre no es un ángel. Es un demonio. ***** —¡Stella! ¿Por qué tardaste tanto? —la voz de mi padre rompe el aire. Lo miro. Está sentado junto a mi madre, ambos vestidos con una elegancia fuera de lugar. Como si esto fuera una cena de beneficencia… y no una ejecución cuidadosamente preparada. Como si yo hubiera llegado tarde a un evento social, y no a mi propia condena. Bajo la mirada. Traigo aún el traje de cirugía. Verde. Arrugado. El olor a antiséptico sigue pegado a mi piel. Mis manos están marcadas por el lavado constante. Mi cabello recogido con prisa. No parezco una Harrington. Parezco lo que soy: Una mujer que vino corriendo a salvar una vida. Y llegó… demasiado tarde. Porque aquí nadie se está muriendo. Todavía. —No entiendo… —mi voz suena lejana, como si no fuera mía. —¿Cuál es la urgencia? Mi padre no responde. Se pone de pie de golpe y me toma del brazo. No es un gesto cariñoso. Es una orden. Me arrastra hacia el centro de la sala… y en ese instante lo comprendo todo: No me llamaron por emergencia. Me llamaron porque soy parte del trato. —Señor Alberti… —dice mi padre, tragando saliva. —Esta es mi hija menor, Stella. Espero que sea de su agrado. La frase me golpea. No como palabras. Como una transacción. Como si yo fuera un objeto que se presenta para ser aprobado. —Bella ragazza —responde él. El italiano no suena romántico en su boca. Suena como una sentencia envuelta en terciopelo. Me examina con calma. Sin prisa. Como quien evalúa mercancía antes de cerrar un trato. Siento la piel arder. —Creo que no estoy entendiendo —digo, esta vez más firme. Él se inclina apenas. No mucho. Solo lo suficiente para recordarme que puede moverse cuando quiera… y que no necesita levantarse para dominar la habitación. —La doctora Harrington —dice, con una voz baja, elegante, peligrosa. —Me dijeron que eres la única que todavía cree en el trabajo honesto en esta casa. El golpe es preciso. Caliente. Humillante. La rabia me sube al rostro. —¿Quién es usted? Mi padre responde antes de que él tenga que hacerlo. Y en su voz no hay incomodidad. Hay miedo. Miedo real. —Stella… él es Magnus Alberti. El nombre cae como una piedra. Magnus Alberti. Lo conozco. No personalmente. Por rumores. Por susurros. Por esas conversaciones que bajan de tono cuando alguien importante pasa cerca. Un empresario. Un benefactor. Un nombre limpio en revistas. Un monstruo en boca cerrada. Il Signore. No sé quién lo dice dentro de mi cabeza, pero lo escucho igual. Él sostiene mi mirada. Sin pestañear. El humo del puro sube lentamente, como si el aire mismo le perteneciera. —No he venido a pedir —dice. Mi pulso se acelera. —He venido a cobrar. Trago saliva. Miro a mi padre. —¿Qué hiciste? Él parpadea. Y en ese pequeño gesto veo al hombre que nunca quise ver. Uno que no controla nada. Uno que perdió. —Es… complicado —murmura. No. No lo es. —Papá —mi voz se vuelve fría, quirúrgica. —¿Qué hiciste? Un hombre sale de la sombra. Abre una carpeta. Papeles. Sellos. Firmas. Esto no es una conversación. Es una ejecución legal. —El señor Harrington acumuló una deuda considerable con el señor Alberti —explica el asistente con voz neutra. —Intereses, penalizaciones, incumplimientos. Claro. Las apuestas. El maldito vicio de mi padre. —¿De cuánto? —pregunto. Silencio. —Díganme la cifra. La dicen. Y el mundo no se rompe. Se hunde. Porque eso no es un número. Es un abismo. Me quedo inmóvil. En el hospital, los números te dicen qué hacer. Aquí… Solo te dicen que ya no hay salida. —¿Y qué quieren? —pregunto. Magnus inclina la cabeza. —Una solución. Mi padre da un paso hacia mí. —Stella, escúchame, yo… —No —lo corto. —Solo dime qué parte de esto… me involucra. El silencio responde. Mi madre baja la mirada. Y lo entiendo. Me negociaron. Sin mí. El asistente desliza un documento hacia la mesa. —Es un acuerdo de tres años. No necesito leerlo para saber. Pero lo hago. Y cada línea es una cadena. Matrimonio legal. Tres años. Residencia en Italia, al menos seis meses durante el matrimonio.. Cláusulas de conducta. Confidencialidad. Renuncia al ejercicio profesional. —No. La palabra sale automática. Instinto puro. Supervivencia. Magnus no reacciona. La rabia me quema. —Soy doctora. No soy propiedad. Él se levanta. Y la habitación se encoge. —Los Harrington creen eso —dice. —Pero el mundo cobra. —¡Basta! —grita mi padre. Magnus lo mira. —Entonces págame. Silencio. Eso es una respuesta. —¿Por qué yo? —pregunto. —Tu hermana ya dijo que no. Me quedo helada. —¿Aneliz? —La busqué primero —dice. —No quiso. Claro. Perfecta como siempre. Intocable como siempre. Yo soy el reemplazo. —Vengo por ti —añade— porque tu padre no tiene nada más que ofrecer. La humillación me atraviesa. Miro a mi padre. —Dime que no vas a permitir esto. Pero ya lo sé. —Si no aceptamos… lo perdemos todo. . —¿Todo qué? —mi voz tiembla. —¿La casa? ¿Tu orgullo? —Tu madre no sobreviviría al escándalo. Y me estarías condenando a morir… Lo miro. Y por primera vez lo veo como es. Un hombre que eligió perderme. El asistente habla: —La doctora suspenderá su práctica. —¿Qué? —me falta el aire. Magnus responde: —No necesito una esposa en hospitales. La necesito conmigo. —¿Como qué? ¿Un adorno? Él se acerca. Y su voz baja como una sombra. —Como un símbolo. Hace una pausa. —Te daré una jaula hermosa… y tú vas a cantar. Serás mi canario. Las palabras se me clavan. —No soy un canario. —Todavía no. El silencio pesa. Respiro. Pienso. Mi madre. Mi vida. Mi vocación. Todo… contra todo. —Si firmo —digo al fin—, ellos quedan fuera. —Mientras cumplan. Cierro los ojos un segundo. Y entonces lo hago. —Firmo. El sonido es casi inexistente. Pero todo cambia. —Pero con condiciones. Eso sí lo sorprende. —Habla. —Quiero acceso médico. Contacto libre con mi madre. Aviso público previo. Libertad total al terminar. Sin trampas. Respiro hondo. —Y no quiero que me toques. El silencio se vuelve denso. Magnus me observa. Mide. Calcula. —Te concedo lo necesario —dice finalmente. —Lo demás… ya veremos. No es un sí. Pero es lo único que voy a tener. Tomo la pluma. La siento pesada. Como un bisturí. Firmo. La tinta no mancha el papel. Me marca a mí. Magnus firma después. Sin dudar. Como si esto fuera rutina. Como si yo fuera una más. —Bienvenida a mi mundo, mi querida doctora Harrington. —No soy tuya. Se acerca. Demasiado. —Con o sin amor… ya entraste. El asistente abre una caja. Un anillo. Frío. Perfecto. Vacío. Magnus me lo entrega. No se arrodilla. No finge. Solo impone. —Úsalo. Lo tomo. El metal se cierra sobre mi dedo como una mordida. Y en ese instante lo entiendo. El hospital no fue lo más duro de mi día. La cirugía no fue lo más difícil. Esto lo es. Esta sala. Este hombre. Esta decisión. La jaula. Acaba de cerrarse. Y lo peor…es que todos aquí, excepto yo, respiran aliviados. Ellos están salvados, pero yo, solo me quedo de pie como un deshauciado en espera de su ejecución.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Domando al Amor

read
6.4K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
59.6K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
13.1K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
222.7K
bc

el amor lo cura todo

read
1.5K
bc

Bajo acuerdo

read
49.8K
bc

Tras Mi Divorcio

read
576.8K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook