Damien sabía que estaba actuando ridículamente, pero no podía evitarlo. Sus ojitos brillantes y esa mirada tan inocente lo intrigaban y lo transformaban. En estas horas desde que la había conocido sintió más emociones que nunca antes y no comprendía el porqué, no entendía de donde provenía esa necesidad de molestarla enfatizando que era una niña, aunque él sabía muy bien que lo hacía porque de esa forma se recordaría que, más allá de que era prohibida porque es básicamente su alumna y su empleada, también era bastante menor que él.
— ¡Diablos! ¿Por qué me está pasando esto? — se dijo mirando su reflejo en el espejo.
Había salido corriendo de su oficina y subido hasta el quinto piso para poder escapar lo más lejos de su interna y se había refugiado en uno de los baños de un cuarto desocupado buscando privacidad. Se lavó la cara con agua fría buscando calmarse un poco y poder pensar en las cosas.
Se tomó la cabeza entre las manos y se sentó en el suelo ya que no podía creer que después de haber escapado de su antigua vida en Los Ángeles prometiéndose que no volvería a enamorarse nunca más de ninguna mujer e incluso no pudiendo siquiera sentirse atraído por ninguna otra, ahora en una nueva ciudad comenzando de cero se había encontrado con esta niña de mirada inocente que lo volvía loco.
— Debo comportarme como un hombre adulto, pero ¡Ya! — se dijo una última vez poniéndose de pie y tratando de olvidarse de todos esos recuerdos malos de su vida pasada y sabiendo que pasaría unas cuantas horas frente a frente con la dueña de su locura.
Antes de salir de la habitación su celular sonó, cuando lo revisó era una notificación de un nuevo mensaje. Su madre. Volvía a insistir en hablar con ella y con su familia nuevamente con la intención de restaurar la relación con ellos luego de lo ocurrido con su hermano, pero las cosas no eran así de fáciles y las traiciones no se olvidan tan rápidamente. Decidió que luego le contestaría porque ahora no estaba de ánimos para pensar en un mensaje que rechazara la invitación de su madre sin lastimarla tanto.
Apenas guardó su celular en su bolsillo su localizador sonó, Anna lo estaba buscando. Cuando llegó hasta el puesto principal de enfermería ella se encontraba de espaldas a él hablando con otra chica que ya había visto en la sala de reuniones esa mañana, era otra interna que había sido asignada a Michael Eaton. Por lo que podía ver se conocían muy bien porque su rostro se veía iluminado y muy feliz hablando con ella, reía con total libertad que verla de esa forma tan relajada le gustaba.
— Bueno, pero piensa en que tendrás tu primera cirugía el primer día de nuestro internado. La verdad te envidio bastante.
— ¿Qué dices? Tú estás en traumatología, me imagino que abundan los traumas.
Damien sonrió al ver como la otra interna achinaba los ojos no muy convencida de lo que ella decía, ya que él sabía muy bien que muchas veces las cosas estaban muy calmadas.
— Eso me gustaría, es decir, no que las personas se anden lastimando, pero puedo asegurarte que en lo que va del día no hubo ni siquiera un dedo quebrado. No voy a negar que el doctor Eaton es un hombre muy atractivo con quien me mantengo entretenida viéndolo pero necesito hacer algo más que solo clasificar expedientes.
— Tranquila Genesis ya tendrás un gran caso.
Damien se estaba divirtiendo escuchando la conversación de ambas, pero debía intervenir porque ellos tenían un paciente esperando. Aunque no iba negar quería escuchar lo que Anna tenía para decir sobre él ya que era cuestión de tiempo que su amiga preguntara por él porque ella ya le había comentado lo que pensaba del titular que le había tocado.
— Buenas señoritas. — saludó Damien.
— Doctor Karp, buenas tardes. Yo ya me iba, nos vemos luego Anna. — saludó y sonriéndole a su amiga se marchó.
— Veo que tienes una amiga aquí, ¿Has estudiado con ella o se conocieron aquí?
Anna se sorprendió que se fijara en eso pero no queriendo que se molestara nuevamente con ella por no contestar a su pregunta decidió hacerlo.
— La conozco desde hace muchos años, es mi mejor amiga. Hemos crecido juntas y hemos decidido estudiar juntas la misma carrera. No lo podíamos creer cuando vimos en la lista que habíamos conseguido el mismo hospital para hacer nuestro internado.
— Es bueno no estar sola aquí, se necesita de personas conocidas o de gente que pueda apoyarte para soportar las largas horas de trabajo y más cuando tenemos que ver muchas cosas horribles y tristes.
— Creo que en eso tiene razón. Bueno lo llamé porque las enfermeras me avisaron que ya tenemos los resultados de los estudios del senador.
— Genial, si todo está bien podremos continuar y prepararlo para operarlo dentro de una hora o dos horas aproximadamente.
Tomó el expediente con los resultados y lo leyó, asintiendo sonrió y la miró.
— Al parecer serás una afortunada ya que asistirás a tu primera cirugía. No será la gran cosa porque es un procedimiento no tan invasivo pero bueno esto es mejor que nada ¿No lo crees?
Anna lo miró muy sonriente y feliz porque ciertamente era una gran oportunidad, más teniendo en cuenta que todavía ningún interno ha asistido en lo que va del día a ninguna cirugía, ella será la primera. Había creído que sería un día fatal porque creyó que este hombre sería insoportable, pero a pesar de tener un carácter un tanto especial, la prestaba atención y había conseguido gracias a eso pisar ese mismo día un quirófano.
— Bueno, iré a decirle que haremos la operación, mientras quiero que vayas y leas el procedimiento que haremos porque te haré preguntas y tienes que estar preparada. Además antes de entrar a quirófano quiero que supervises que todo el instrumental esté sin falta, entiendo que eso lo hace la jefa de enfermeras a cargo de ese quirófano pero como cirujanos debemos de saber hacer correctamente nuestro trabajo y no poner en riesgo la vida de nuestros pacientes. ¿Entendido?
— Si doctor. Iré a reservar un quirófano, ¿Cuál quiere?
— El que esté disponible.
Anna fue rápidamente para apartar uno, cuando entró al sistema a corroborar cual de todas se liberaría pronto encontró una para dentro de una hora. Lo apartó y colocó el nombre de Damien Karp y junto a él quien la asistía es decir, su nombre. La felicidad que sentía en ese momento era increíble, se sentía plena finalmente como si en serio su vida estaba cambiando, aunque la verdad es que si lo estaba haciendo.
Esa mañana había creído que se encontraba en un lugar distinto pero con el mismo tipo de persona que era su familia, donde la tratarían nuevamente como si fuera basura. Al principio fue una cosa así pero supo comprender que era porque en la cadena alimenticia del hospital ser interno era el nivel más bajo que podía tener, y si quería respeto de sus superiores debía de ganárselo cumpliendo con su trabajo y soportando cualquier cosa que le dijeran. Total, ya no le dolería más de lo que le duele escuchar lo que sus padres tenían para decirle.
Y recordando a sus padres Anna estaba sorprendida que llevaba toda la mañana y un poco más de la tarde en el hospital y ninguno de sus padres le habían escrito para saber dónde estaba o cuándo volvería. No había avisado en casa que debía cumplir un turno de 72 horas tan solo había dejado una nota esa mañana avisando que comenzaba ese mismo día su internado. Pero fue un aviso de puro compromiso no porque realmente se preocuparían por ella, aunque supuso que en cualquier momento la llamarían porque no tendrían a quien les cocine o les limpie para la cena.
Obedeciendo lo que su titular le dijo que hiciera, a pesar de que el procedimiento que harían lo sabía de memoria, fue hasta la cafetería y con una gran taza de café y la revista científica en mano fue hasta el techo del hospital donde sabía que nadie estaría para poder leerlo con calma. Antes de desaparecer le mandó un mensaje a Karp avisándole que el quirófano estaría disponible para dentro de una hora.
Cuando llegó arriba pudo respirar aire fresco y percatarse de que muy pronto atardecería. Era increíble lo rápido que había pasado el día y según ella no ha hecho nada aún, esperando que viniera el paciente y que luego estuvieran los resultados el día se le había pasado volando. Se sentó en el suelo y comenzó su lectura la cual había durado nada, leía muy rápido además de que ya se lo sabía de comienzo a fin a ese procedimiento. Decidió que descansar recostándose un poco en el suelo y mirando el cielo la ayudaría para resistir la presión de estar por primera vez frente a una mesa en un quirófano y eso sin mencionar que varios doctores la estarían observando desde la salita donde estarían muy pendientes de ver como soportaba su primera vez.
— Veo que mi lugar secreto ya no es tan secreto.
La voz de aquel hombre logró sorprenderla y sentarse rápidamente muy rígida ya que no esperaba encontrarse con nadie allí. Cuando se giró para verlo lo reconoció de esa mañana cuando estaban nombrando a los internos con sus titulares, pero no recordaba quien era ni tampoco su especialidad.
Era un hombre joven en sus treinta pero que ya vestía con uniforme de titular. Debía de ser muy bueno en su trabajo para poder conseguir un puesto permanente en el hospital. Pensando en eso de repente se sintió avergonzada ya que básicamente ella era la subordinada de todos los cirujanos titulares del hospital y en teoría sería su jefe también por lo que verla muy cómoda recostada en el suelo no hablaba muy bien de ella.
— Lo lo siento. — dijo buscando la forma de ponerse en pie sin ser un verdadero desastre.
— Descuida — dijo el hombre sorprendiéndola a ella sentándose en el suelo antes de que ella siquiera pudiera lograr pararse — Siéntate, no suelo tener compañía aquí supongo que a nadie le resulta divertido pasar su poco tiempo libre al aire libre y prefieren dormir. Por cierto soy Curtis Grant neurocirujano.
— Anna Rhodes, interna de cirugías.
— Un placer Anna, ¿Tú eres la que está bajo el servicio del nuevo jefe? ¿Cómo era su nombre? ¿Karp?
— Así es. — contesta ella acomodándose nuevamente en su lugar. — Lamento haber usurpado tu espacio seguro, no sabía que ya estaba reclamado. Vine aquí porque necesitaba respirar un poco y tranquilizarme antes de ingresar a cirugía por primera vez.
— ¿Tendrás tu primera cirugía? Vaya, felicidades. Veo que el jefe no es un tirano después de todo.
— Es un tanto especial — dijo sin darse cuenta a tiempo que estaba hablando con un titular y no con un interno como ella. Se arrepintió en ese mismo momento y mirándolo con los ojos muy abiertos le dijo — No debí decir eso.
— Descuida no le diré nada, te entiendo.
— Tú eres un titular no debería decirte esas cosas, yo creo que debo irme.
— No te vayas, el que sea titular no impide que no podamos hablar. Hagamos un trato, compartiré mi lugar seguro contigo y cuando estemos aquí nos olvidaremos que somos titular e interna y tan solo seremos dos personas conversando ¿Qué dices? Puedes hablar conmigo tranquilamente, hasta el año pasado yo era un residente así que entiendo por todo lo que estás pasando.
— Gracias — dijo Anna sonriendo bastante más tranquila, miró a los ojos del hombre que estaba a su lado y que también la estaba observando con una gran sonrisa — Y con respecto a tu trato, acepto.
Anna no sabía porqué pero Grant a pesar de tratarse de un titular le brindaba confianza y sabía que podía desinhibirse con él porque no la juzgaría, al contrario la entendía. El que le dijera que tan solo el año anterior, es decir meses atrás, era un residente y que había logrado ser un titular hace exactamente nada, le dijo que era un hombre que sabía lo que ella estaba pasando, pero también conocía el esfuerzo necesario para llegar donde él estaba. Tenerlo de amigo sería una gran ventaja y tal como le había dicho Karp hace tan solo unos cuantos minutos, tener a personas que te acompañen en el trabajo como compañeros o amigos es bueno para poder olvidarse de las cosas malas y poder sobrevivir a las largas horas guardia.