Caminar por las nubes nunca se había sentido tan real para Anna como ese día, no se había percatado de que ya había llegado a casa y que ya estaba dentro. No se había tomado su tiempo para entrar a la casa simplemente lo hizo. Ese beso la había descolocado por completo, la había dejado tan sumergida en una pequeña burbuja donde solo ella estaba dentro soñando despierta. ¿Por qué la había besado? Tenía tantas preguntas en su mente que no podía darles una respuesta a todas al mismo tiempo. — Haz llegado, finalmente. La casa está hecho un desastre, necesito tu ayuda porque yo estoy exhausta. Anna se encontraba aún tan ensimismada que no escuchó las palabras de su madre que se encontraba muy ceñuda porque no había contestado a su supuesto saludo. La señora Rhodes, Marion. Era una mujer d

