Capitulo 2

3383 Words
Martín. Llego al trabajo pensando en que no me he podido sacar de la cabeza a Brisa, mierda, no puedo creer que estaba sola en el centro de la ciudad que queda lejísimos de donde vive y sin decir que era tarde para que este sola y más caminando, pero pienso y pienso en que eso me pone en un estado de alerta con ella, porque verla así se me pasaron millones de cosas por la cabeza, como que le podían robar o hacerle algo y ella no iba a poder hacer nada para defenderse, me corre un escalofrío por la espalda imaginandomela en peligro, firmo mi entrada al trabajo viendo de reojo a Mariana que viene hacia mi, voy a mi oficina sin nada que decir porque mis pensamientos no me dejan estar en el presente del todo, desde mi asiento la miro sin creérme el teatro que me esta dando como si fuera mi novia que tiene derecho a reclamarme algo, grita y mueve los brazos hacia todos lados muy exagerada, levanto las cejas cuando hace algún gesto que me causa gracia y sé que no puedo reirme o más se va a enojar, y lo que menos quiero es aún más escándalo del que ya esta haciendo, seguramente todo el piso debe estar escuchando lo que me dice y que yo no estoy prestando atención y ya en unos minutos todo el edificio va a saber que estuvo gritando en mi oficina como loca, van a estar diciendo que somos pareja y que me estaba reclamando alguna cosa. —Eres un maldito. —Mira Mariana. —alzo una mano negando como pidiendo pido así deja de hablar un poco—. No tengo ni idea de lo que hablas. —Pero que hijo de puta que... —levanto un hombro restándole importancia. —Es lo que soy y no voy a cambiar a esta altura del partido mi amor. —empiezo a trabajar otra vez ignorandola—. Cuando te vayas cierra la puerta por favor así trabajo en paz. —Me dejaste ahí. —por ahí venia la cosa y como no me importa no me di cuenta—. Sin explicaciónes te fuiste. —¿Querías que te llevé a un Motel y te dejara ahí mejor?. —Al menos no me iba a quedar con las ganas. —Porque no hacemos esto. —me paro y camino hacia ella sonriendo—. Vamos al baño... —engancho mi dedo en su camisa creyendo que va a correrme la mano pero no lo hace—. ¿Y te saco las ganas?. —¿Qué?. —Es tu decisión. De golpe la tengo colgada de mi cuello, sus labios pegados a los míos y haciendo el intento de poner sus piernas es mis caderas pero no puede de lo tan apretada que es la pollera que tiene puesta, cuando logro reaccionar la alzo del culo y voy al baño. La verdad es que si estaba necesitada, le tuve que tapar la boca cuando empezó a gritar como si tuviera un megáfono que me hacia zumbar el oido, cuando acabamos salgo sin decir nada mas porque esto es lo que ella queria y le di, ya nada mas me importa y nada mas quiero de ella. —Al menos valió la pena. —Lo mismo digo. —Martin. —la miro como se acomoda la pollera. —Tengo trabajo. —me siento en mi escritorio leyendo para recordar en donde me quedé—. En serio que no tengo tiempo para nada y ya perdí mucho tiempo. —¿Nos vamos a volver a ver?. —lo pienso una milésima de segundo diciéndome que estuvo aceptable. —Esta bien... Fue buen sexo. —Cuando quieras me llamas y voy a estar lista. —Bien. —se va sonriendo y acomodándose el pelo, suena el telefono y es Berta. —¿Señor?. —Si Berta. —El señor Weishler lo solicita en su oficina. —Voy. —subo al ultimo piso que es en donde esta Julián—. Hola linda. —Señor Rochlan. —me cargo en el mostrador sonriendo. —¿Tu jefe me mandó a llamar?. —Eeh. —aprieta sus labios poniéndose roja mientras se acomoda el pelo detrás de la oreja—. Si señor. —¿Puedo entrar entonces?. —Adelante. —me giro asustandome ya que esta parado atrás mío con cara amargada. —Wouuu. —digo riendo porque da miedo de muerte, si no lo conoces lo primero que te imaginas es que te va a matar. —Sigueme. —cuando entro a su oficina cierra la puerta de un golpe—. ¿Cuándo vas a dejar de joder con mis secretarias?. —Son lindas. —No jodas mas... Después les cuesta volver al trabajo, ya te lo dije muchas veces. —Mi encanto. —bufa sentándose y yo lo imito—. ¿Lili y los nenes?. —Bien. —se le iluminan los ojos ahora y una sonrisa sincera aparece—. ¿Cuándo vas a ir? Tenemos que hacer alguna comida. —Si que te pegó la niñera. —la sonrisa se le borra—. Antes eran salidas a tomar ahora es a comer. —Deja de referirte a Lili como la "niñera". —No lo hago de forma despectiva. —No lo hagas y punto... Tiene nombre. —Esta bien perdón. —lo digo levantando las manos cuando veo que esta enojado de verdad por como la nombré—. ¿Para qué me llamabas?. —Necesito que me hagas un favor... Hay una chica que necesita cumplir horas de pasantías y ninguna empresa la toma porque no creen que sea apta. —¿Cómo apta? Si esta en las pasantías es porque estudia y tiene todo aprobado. —Terminó un año antes la carrera... Bueno, todavía no termina porque no puede cumplir horas y yo le quiero dar la oportunidad. —achino los ojos por lo que dice. —¿Desde cuando eres tan conciderado?. —Es Brisa y Lili me contó la situación en la que esta. —¡Brisa eh!. —sonrío imaginándome un montón de cosas con ella. —No te las mandes. —me apunta furioso pero solo me hace reir ese gesto—. O Lili nos cuelga a los dos. —¿Porqué me la mandas si sabes como me pone?. —Nadie la quiere... Hablé con Antoniana y me dice que su imagen no es la que a él le agrada respecto a su cuerpo y esas mierdas que me sacan de quicio... Catalogando su capacidad todo por la imagen. —Yo la acepto... Pero ella no tiene nada que ver con lo que hago. —Lo sé... Pero le va a servir de mucho cuando empiece a trabajar... Solo ayúdala y no seas muy duro con ella porque es nueva en esto. —Ya sabes mi forma de trabajar Julián. —Por eso mismo... Trátala bien y ten paciencia, es una chica joven que quiere aprender y si le gusta va a hacer bien su trabajo en el futuro. —Y estoy dispuesto a ser su maestro e instruirla en todo lo que no sepa. —Que idiota. —se ríe mientras me larga una lapicera. —¿Cuándo viene?. —Mañana... Hoy le mandé un mensaje para que mañana se presente. —Esta bien... Entonces me voy a seguir trabajando. —Nos vemos. —antes de abrir la puerta me para—. ¿Martin?. —¿Qué?. —No solo Lili te va a colgar. —me giro para mirarlo—. Yo te voy a cortar los huevos si le haces algo. —¿Perdón? ¿Me habla quien le hizo de todo a la mujer que tiene al lado?. —Yo siempre quise a Lili... No hay comparación. —Tranquilo... Si llega a pasar algo va a ser porque ella lo quiera. Prácticamente no puedo dormir en la noche, doy vueltas sin parar en la cama pensando en Brisa, carajo, como me pone esa mujercita, no tengo otro nombre que ponerle ya que le debo llevar como ocho años, la verdad es que me aterra que tenga la misma edad que Lili porque ahí los años de diferencia serian más, Julián parece no tener problemas con eso pero es que Lili es muy madura para la edad que tiene, no es que esta con una nena, esta con una mujer, pero me siento un idiota por pensar en algo que no tiene una base de nada porque las veces que nos hemos visto me ignora a mas no poder y me siento un pervertido de primera donde es mas joven que yo. En la mañana me levanto nervioso ya que la voy a tener solo para mi, pero a la vez extasiado de solo pensar en esa posibilidad, posibilidad que debo aprovechar para hacernos mas cercanos y ahi conocerla más, y saber si vale la pena querer algo con ella o solo es calentura. —Muy buenos días señor. —Hola Berta. ¿Todo bien?. —firmo los papeles de ingreso enseguida. —Hay una señorita que dice venir a verlo pero no la tengo registrada. —¿Cuál es su nombre?. —Brisa Gonzáles. —Hazla pasar por favor. —De inmediato. —¿Me traes un café primero?. —Claro. —medio nervioso entro a mi oficina, a los minutos entra Berta con mi café y se retira, mi celular suena y es Julián. J—. ¿Ya fue Brisa?. M—. Ahora la van a hacer pasar. J—. Bien... Avísame para ver en que quedaron. M—. Dale. —entra Berta y le hago seña de que espere unos segundos. M—. Te tengo que dejar... Después te escribo. —¿Hago pasar a la chica?. —Si. —abre la puerta todo lo que da y la veo entrar muy nerviosa y la entiendo, es su primer trabajo de lo que estudió. —Hola. —le señalo el asiento. —Toma asiento por favor. —Gracias. —pone su bolso en las piernas y se nota que tiembla—. ¿Interrumpí en algo?. —No... Estaba esperándote. —Bien. —mientras me recargo en la silla la veo que se muerde los labios mirando todo—. Julián me pidió venir para cumplir las pasantías pero no tengo muy en claro que es lo que voy hacer porque eres abogado. —Vas a trabajar para mi. —¿Y qué tengo que hacer?. —Todo lo que te pida... Sin quejas ni lamentos. ***** Brisa. No puedo creer que halla dicho eso, ¿o es que estoy alucinando? ¿O estoy distorcionadolo? Sonríe con superioridad y la verdad que le sienta muy bien y eso me hace dar cuenta que lo que oi es lo que dijo. —¿Pero quiero saber bien específicamente que es lo que tengo qué hacer?. —La verdad que no tengo idea ya que ayer me lo dijo Julián. —mueve las manos como que esta encadenado—. Mas bien me lo exigió. —Perdón. —siento un estremecimiento en todo el cuerpo. —¿Porqué tengo que perdonarte?. —Por hacer algo que no quieres hacer y que te obligaron. —¿Quién dijo que no quiero?. —pone los codos en la mesa mirándome mas de cerca y suspira—. Mira Brisa... Te voy a ir dando trabajo a medida que salga y lo necesite, ¿Ahora estas disponible?. —Si... Ya no voy mas a la facultad hasta que rinda el final. —¿Cuándo es?. —En tres meses, bueno, si es que cumplo con las horas. —Bien. —da un golpe con las manos como si le hubieran dando un regalo que quería—. ¿Entonces eres toda mía por tres meses?. —Si. —sonríe y me incomodo porque sonó mal—. Se podría decir que si. —No se podría nada. —En el ambito laboral. —lo digo en susurro y mas para mi que para él, se para y me hace seña que lo acompañe. —Te voy a dar el primer trabajo. ¿Estas lista?. —De hecho no, pero me adapto enseguida. Salimos de la oficina y camina por un pasillo corto, hay una mujer que esta sentada en un escritorio con media tonelada de papeles que creo esta intentando de acomodar, la mujer cuando nota nuestra presencia nos mira sin decir palabra. —Marta ella es Brisa. —Hola mucho gusto. —digo dándole la mano. —Igualmente. —sonríe pero sin entender del porque de mi presencia. —Ella te va a ayudar a archivar el nuevo papeleo. —¡Aayyyy gracias! —suspira mientras pone las manos en su pecho—. No termino mas. —Bien señoritas... Las dejo para que se diviertan un poco. —sin mirarlo cuelgo la cartera en la silla que hay libre. —Hace tres días que estoy con esto y no puedo mas. —¿Tanto papeleo se archiva?. —dudo porque en realidad es una barbaridad. —No siempre... En casos específicos. —Bien. —me sueno los dedos mirándola—. ¿Por dónde empiezo?. —Por donde quieras... El estante esta bien señalizado para cada cosa, es casi imposible que te confundas en algo pero si lo haces pregúntame sin problema. —Dale... Gracias por decirme. —Yo también fui nueva una vez y no es nada lindo como te tratan las mas antiguas. —levanta un hombro leyendo un papel—. Se olvidan que ellas una vez también lo fueron. —Eres la primera con la que me choco. —Después si quieres comemos juntas y te digo cuales son las mas sanguijuelas. —Me harías un honor. Cerca del mediodía me empiezo a descomponer, mierda, de los nervios no pude desayunar y ahora me estoy muriendo, parece que mi mundo gira y no ayuda en nada que las letras y números se me crucen pero creo que es de la misma descompostura que me hace ese efecto horrible que me esta matando. Cuando creo no dar mas, Marta me dice que ya es hora del almuerzo, mas que feliz agarro mi bolso y salimos, en el ascensor reviso todos los bolsillos en busca de plata, pero solo tengo lo del pasaje de colectivo para volverme a mi casa, ¿Y ahora qué como?. —No te preocupes. —la miro que me sonríe con amabilidad—. Yo te presto, es tu primer día y no creo que tengas para pagarte la comida. —No hace falta. —le muestro el billete sonriendo—. Tengo algo. —La comida no es cara, no es problema para mi así que si algún día necesitas sin vergüenza me dices, yo pasé por lo mismo y entiendo. —Si no me alcanza ahí si te acepto. —Bien. —cuando se abre el ascensor en la planta baja es un caos todo, un mundo de gente por todos lados y el bullicio te ensordece—. Ven... Vamos rápido o no vamos a alcánzar mesa. —Espera. —literalmente corro atrás de ella hasta la fila. —Dale. —llegamos y de verdad que la comida es barata pero aún así no me quedó ni un centavo así que voy a tener que caminar de vuelta a mi casa—. Viste que es barato y comes re bien. —Tenías razón, medio que no te creía. —veo con fascinación el sándwich de pollo, ensalada de lechuga y tomate, un mofin y una gaseosa—. Me moría de hambre. —Buenas. —vienen dos chicos y una chica delgada a sentarse con nosotras—. Eres la nueva. —¿Eh?. —levanto una ceja porque me esperaba un hola al menos y ellos se ríen. —Soy Tomas. —alza la mano presentándose. —Alejandro. —Verónica. —Brisa. —le sonrío a todos con la mano alzada igual que ellos—. La nueva. —Que va. —dice Alejandro—. Ya no... Eres de nuestro grupo ahora. —Si... Y mas te vale sernos fiel. —dice Verónica apuntandome, miro a Marta sin entender a que se refiere. —Esto es igual que en la secundaria... Todos nos dividimos en grupos. —sonrio porque en mi secundaria eramos cuatro en mi curso y yo la unica mujer así que no sé de que grupos habla, sin descaro alguno apunta hacia un grupo de mujeres rubias—. Esas son las barbies... Lo único que saben hacer es atender los teléfonos. —Aunque muy eficientes. —habla Tomas apuntandola divertido. —Si, en subirse las polleras en los baños. —Pero eficientes al fin y al cabo. —levanta un hombro mientras mastica. —Sigamos... los de allá son los Ken. —estira todo el brazo apuntandolos dándome la sensación de que van a venir a preguntar cuál es su problema en apuntarlos—. Esas ahí son las chicas pesadas. —¿Porqué le dicen así?. —¿Viste la película?. —Mmm no. —¿En que mundo vives?. —niego haciéndola reir—. Bueno, me refiero a que si te metes con una te metes con todas... Allá los sofisticados... Los plásticos... Lo hippies... Los gay... Los nerd... Yyyy nosotros. —¿Qué vendríamos siendo?. —Los marginados. —todos asienten muy eufóricos dando su aprobación—. Cuando llegamos pertenecíamos a esos grupos. —Yo era un Ken. —dice Tomas. —Yo una hippie. —Yo un sofisticado. —Y yo nada... Nunca pegué en ninguno de esos grupos. —¿Y porque terminaron juntos? Osea, ¿Cómo? si eran muy diferentes. —Nos dimos cuenta que era para puros problemas los grupos... Ya venir a trabajar era tedioso y siempre habían peleas. —A mi me aburrió... Hablé un día con Marta en el baño y acá estoy... Una marginada pero feliz y tranquila. De golpe todo el comedor queda casi en silencio, solo se escuchan algunas conversaciones pero el bullicio ya no esta, miro hacia donde todas miran y veo el motivo, Julián y Martín van saliendo del ascensor y se dirigen hacia acá, van a las góndolas y eligen comida sin dejar de hablar entre ellos ignorando a todo mundo que los miran y cuchichean, ni siquiera se molestan en mirar hacia ningún lado, actúan como si estuvieran solos y la verdad que lo hacen re bien porque hasta a mi me generan la sensación de que no existo. —El de traje azul es el jefe de los jefes. —alza la mano en alto. —¿Jefe de los jefes?. —me hago la tonta mirándolos. —Es el dueño de la empresa... Era de su papá antes y se la pasó a él hace unos años así que es el dueño de todo esto. —¿Una preciosidad no?. —Tiene mujer. —dice Ale negando. —No me importa. —la miro sin decir nada—. ¿Acaso vieron a la mujer? Es un asco. —¿Y acaso eres una top model?. —Tomas habla burlón mientras la mira con asco. —Al menos no lo voy aplastar en la cama. —lo apunta con el tenedor enfatizando sus palabras—. Van a ver que lo voy a tener rendido a mis pies... Ya no va a ver ninguna gorda en su camino. —Por muy gorda que sea es la mujer mas linda que he visto... Con razón el jefe la tiene para él. —Es verdad. —dice Marta mirandolos—. Yo la vi de frente y es hermosa... A parte es simpática y educada, yo creo que él ni siquiera sabe de tu existencia... O la ignora completamente. —lo último lo dice riendo. —Ya va a saber de mi van a ver y van a quedar shokeados y rendidos a mis pies. —Si lo que digas. ¿Vamos Brisa? Ya es la hora. —Si vamos. . .
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