Allan estaba bajo la lluvia fuera del auto, con el capó levantado y una señal triangular para que los demás autos no lo golpearan. El chico perdió por completo la noción del tiempo. Estaba apretando el volante con fuerza cuando el auto comenzó a fallar y se apagó. Allan volvió a girar la llave y hundir el pie en el pedal, pero nada sucedió. Allan lo hizo de nuevo y el auto intentó encender, pero volvió a apagarse. Allan golpeó el volante y más sangre corrió de sus heridas. El muchacho respiró agitado y abrió la puerta de un empujón. Allan se empapó en segundos y alzó el capó. No sabía ni qué debería ver, y cuando lo alzó miró todo normal. No había humo saliendo de ninguna pieza y el auto estaba funcionando bien hasta que se detuvo. Allan se tocó los brazos cortados y la lluvia manó la san

