Richard se removió en la cama y sintió un puntazo de dolor en la cabeza. Dolía muchísimo, tanto que apenas podía abrir los ojos. No recordaba mucho, solo que estaba ahorcando a Allan y alguien lo golpeó. No sabía quien fue, ni con qué lo hizo, pero estaba en la habitación de su hijo, acostado en su cama, rodeado de sus cosas, entre ellas ese maldito oso azul que no lo dejaba en paz. —¿Qué sucedió? —se preguntó entre dientes. —Se cayó, ¿no lo recuerda? Richard miró a un lado de la cama a Nana. Lucía flamante, con las mejillas sonrojadas como siempre y los lentes con su colgadero de perlas. La mujer estaba a su lado tranquila, con las manos entrelazadas sobre su pequeño estómago abultado y la mirada en él. La mujer le dijo que había caído por las escaleras y que por eso estaba en la cam

