Menos de cuatro días después de esa separación entre Randall y Katherine, ella continuó con su trabajo como todos los días. Continuó cuidando de su hija, y finalmente hizo una tregua con su mamá. De todas las personas que podían quitarle el habla o imponerle la ley del hielo, Rachell James era la que más le dolía. Fueron días oscuros para Katherine, pero como su madre siempre decía, el agua encontraba su cauce y todo se asentaba al final. Katherine solo quería estar con su familia. Ser mujer le costó caro y le cobró muchas facturas dolorosas, por lo que quedó en el pasado. Katherine se cansó de sufrir, y solo debía decir no. —¿Katherine James? —preguntó un repartidor esa mañana. Katherine miró al hombre y el enorme ramo de rosas rojas. —Sí —dijo dudosa. El repartidor le entregó un ram

