Capítulo 11: Suerte

2681 Words
Baptiste Por supuesto que me sentía el tipo con más suerte del mundo ¿Quién no? Iba a uno de esos eventos insufribles, horribles, aburridos, llenos de peces gordos de industrias que no podrían estar más alejados de lo que yo era y hacía, pero que, sin embargo, estaban interesados en mis obras. Y aún con todo eso, esperaba esta noche con emoción y anticipación, como nunca lo hice en mi vida. Cuando la vi esperándome en la puerta del edificio donde vivo, casi me caigo para atrás, lucía radiante y hermosa. El vestido le quedaba tan perfecto con el anterior, pero ahora cuidaba cada detalle para hacer una composición maravillosa. Hacía detener mi corazón solo con aparecer. ¿Qué tiene esta mujer? Me encontré preguntándome varias veces en la noche, sin respuesta. Por supuesto que vino hasta mi casa, seguía sin querer darme ni un solo dato de sí misma, ni su nombre, ni su dirección, ni nada que me diera idea de quién demonios era mi musa. Solo sabia que era inteligente, hermosa y misteriosa. Y que tenía un plan, claro está… y parecía que pensaba en ese plan solamente. “Luces despampanante” - es lo que logro medio gesticular cuando la veo. Ella me da una mirada sencilla, como si no fuera gran cosa… ella es mucho más que eso. “Tú luces muy bien también” - dice arreglando mi corbatín y alisando un poco mi traje. Yo me le quedo viendo, absorto en ella, esos ojos oscuros esa sonrisa simple, su cabello en un moño, los pequeños mechones de cabello que enmarcan su rostro, su collar de piedras, sus aretes pequeños… se ve exquisita. Disfruto de sus manos en mí así sea un movimiento breve. “Míranos… parecemos realmente como una pareja. Yo viéndote como un tonto, tú acomodando mi ropa…” - le digo, pero ella no comenta nada más solo levanta una arqueada ceja y yo disfruto con cada uno de sus movimientos y gestos. “Solo por esta velada” - dice de forma tranquila. Yo tomo su mano y se la beso, justo encima de ese tatuaje de mariposa que tanto me encanta. “Entonces… no hay tiempo que perder” - digo encantado. La reunión es tan aburrida como pensé y yo solo me concentro en las pequeñas atenciones y acciones que me concede ella por ser mi novia de mentira. Como coloca su mano en mi pecho, como me observa y sonríe, como toma mi mano, como puedo colocar mi mano en su cintura y espalda. Por breves, pero preciosos momentos, somos solo una pareja conversando, riéndose, susurrándose cosas al oído. Veo como otros hombres la observan y como me ven a mí, tan encariñado con ella. Algunos empresarios se acercan a saludarme y yo la presento como mi novia, de alguna u otra manera logramos sobrellevar el hecho de no decir su nombre, digo mi novia, mon coeur, mi musa. Con eso es suficiente. Más temprano de lo que yo quisiera ella se ve envuelta con Phil Heller, él le susurra al oído cosas, le presenta personas, hablan y están en pequeñas reuniones de tipos importantes. Todos esos empresarios son como dinosaurios, millonarios y que gente que no le gusta compartir su dinero, a lo mucho gastándolo en tonterías. Y yo me veo envuelto en otros que me preguntan por mis obras, quieren hacer encargos, quieren saber de mí y de nuevo, cuando sale mi nueva exposición. Usualmente, ese tipo de cosas me entretenía, ahora… respondo de forma ausente solo siguiéndola con la mirada como un tonto, revisando que esté bien, observando cada movimiento de ella y constatando que no esté con dificultades. Obvio que Phil está con sus manos que deben picarle por querer tocarla, sus ojos se pierden en cada curva de ella. Hombre detestable, pienso mientras lo miro amargamente. Cuando ya no puedo más, los veo conversando muy juntos, él casi se acerca más y más a ella. Mon coeur no parece del todo incómoda, pero por algo quiere que yo haga de su novio falso ¿no? Es decir, si ella tuviera algún interés en Heller… ¿Para qué me necesitaría? Se iría con él desde el primer momento, tendría seguridad, dinero, las mejores comidas, bebidas, viajes excéntricos, ropas de marca. Pero ya sabemos que mi musa es una mujer peculiar, así que me agarro de ese hecho, de esa idea como si fuera mi salvavidas de por vida en un mar extraño: si ella me necesita es porque no tiene interés en Heller. Cuando veo que él ya está por tocarla, aparezco de nuevo, como su salvador, espero. “¡Mon coeur! Te estuve buscando… pensé que te habia perdido” - digo como si nada con una sonrisa. Ella se voltea a verme con una sonrisa que parece real, me gustaría que fuera tan real. Da unos pasos hacia mí y yo la tomo en mis brazos. Inclusive me da un beso en mi mejilla, y se sienta fantástico. “Perdóname Cherie… te he dejado abandonado” - dice y Phil esconde su expresión de disgusto detrás de su copa de vino. “Parece que estoy de más… te dejo querida y nos vemos próximamente. Ahhh… por cierto, mucha suerte con lo que te pedí” - dice él y obviamente que no sé de qué me está hablando pero él sí. Y lo hace a propósito, inclusive nos guiña el ojo cuando se va. Lo peor es que no puedo preguntarle a ella de qué se refiere, prometí no meterme en sus cosas. Pero me muero por saber qué le pidió él y cuando se volverán a ver ¿Por qué él le pediría cosas? No me gusta nada esto. Lo odio cada vez más, es claro para cualquiera que tiene interés en ella ¿No ve que tiene novio? No creo que piense que esta relación es falsa… ¿Para qué busca a una mujer que está con alguien? ¿Es que acaso no hay mujeres por ahí que estarían interesadas en él? Seguro con sus millones y su gran cargo y sus aires de importancia, no necesita hacer mucho para conseguir las mujeres que quiere. Para empeorar creo que realmente se está tomando en serio la alianza con ella, no puedo dejar de olvidar de que estamos aquí por él, por su invitación. Como quisiera que no fuera así. Así que simplemente la llevo del brazo al extremo del salón, cerca del balcón. Tomo en el camino un poco de champaña y le ofrezco, la toma con agradecimiento. “Te ves cansada mon coeur…” - le digo y ella asiente - “Tus reuniones supongo que no fueron muy agradables” “En lo absoluto” - dice ella con un suspiro - “Son necesarias, pero sí, son aburridas. Estos hombres hablan solo de lo mismo: dinero y poder. No les importa nada más, no saben a quienes perjudican, a quienes pueden llegar a pisar para obtener lo que quieran. Todos aquí son exactamente iguales” - dice y yo la miro extrañado. “Yo no soy así” - digo arrugando mi entrecejo. “Claro que si… ¿Acaso no te importa el dinero, vender tus obras, hacer nuevos contactos, ver a quién puedes influenciar?” - dice ella confiada de que tiene la razón. “Pues si, me importa vender para mantenerme y que mis obras llegan a varios lugares. Si también me gusta ser famoso, pero te equivocas si crees que disfruto viendo a la gente desde una posición superior o pensando que soy mejor que ellos. Al contrario, me encanta ayudar a otros artistas, más jóvenes los que están comenzando. Tengo una buena vida, pero soy solo un pintor, un artista. Que tuvo la suerte de tener éxito, pero… yo creo que sería igual de feliz pintando en un pequeño, oscuro y feo departamento en París, siempre que hiciera lo que amo” - le confieso. “Me parece muy difícil de creer” - responde ella con expresión desconfiada. Pienso en como convencerla, como explicarle que no somos tan diferentes. Pasa un mesero con unos aperitivos y al verlos se me ocurre una idea. “Ven…” - le digo tomándole de la mano. “¿A dónde vamos?” “Te voy a enseñar donde suelo refugiarme en este tipo de eventos, cuando quiero alejarme de estos ricos superficiales” - le digo y ella se deja llevar. Tomo su cálida mano y la llevo por pasillos, dejando la gente y el bullicio detrás. Entramos a un área con otro tipo de ruidos, máquinas, platos, cubiertos, agua de un lavadero, otro tipo de personas, olores, movimiento y sonidos. El lugar es amplio, una mesa en el medio donde varias personas están picando ingredientes, moviendo bandejas de un lado a otro. Suena un pitido de un horno, el calentar de una olla, el crepitar de la comida en un sartén, el agua cayendo a platos, vasos y demás. Veo su cara y parece sorprendida. Y a la vez no parece ajena de este mundo ¿En qué trabajará? Algunos nos miran y nos prestan atención, otros nos ven como invasores. “¡Baptiste!” - me dice uno de los cocineros, que me reconoce. Vengo a tantos eventos que en algún momento alguien me tenía que reconocer ¡Menos mal! Tambien Zoe suele contratar a muchas personas de caterings para que estén en nuestras exposiciones. “¡Rob! Qué placer encontrarte por aquí” - digo contento saludándolo, sus manos aun concentradas en varios aperitivos que coloca en una bandeja, “¿De nuevo por acá huyendo del evento?” - dice y se ríe, yo también e incluso ella parece contenta. “Así es… Rob, ella es mi musa que me está ayudado en mi nueva colección, mon coeur él es Rob, prepara algunos platos exquisitos y trabaja con todo este gran equipo. Suele estar en alguna de nuestras exposiciones” “¿Rob Viella? Especialista en mariscos y pecados… soy una gran admiradora” - dice ella sonriente y vaya que si me sorprende. “Así es señorita, pues me siento muy honrado de ser reconocido” - dice él feliz - “Bien ya que quieren huir, pueden pasar por aquella sala, siempre tenemos algunas cosas extras y si quieren pueden ayudarnos a probar algunas salsas” “Te tomo la palabra Rob, mejor que estar afuera seguro” - le digo y se ríe. La tomo de nuevo de la mano y encontramos mesas con frutas, siropes de fresas, chocolate y otras delicias. Ella se ve como paralizada de repente como si quisiera irse y a la vez con un brillo en los ojos que me dice que una parte de ella ama estar aquí, que preferiría estar aqui que en otra parte. “¿Sucede algo mon coeur?” - le pregunto y ella reacciona de repente. “No no… no es anda” - dice y se sienta conmigo. Por minutos vemos todo lo que hay y vamos probando, todo fresco y delicioso. Yo hago un sándwich con galletas, pedazos de fresas y chocolate y se lo doy a probar y ella se ríe. Ella prepara uno con fresas, kiwi, le echa trocitos de maní y un poco de miel y es la gloria, me veo a mi mismo chupándome los dedos. Parecemos dos niños a los que han dejado de pronto solos en una tienda de caramelos. Pasamos tanto tiempo ahí, riéndonos, probando cosas y hablando de sabores que no tengo idea de qué hora será. “Debo decir que sin duda tienen un talento para combinar sabores” - digo luego de probar una combinación de ella con frutas y algo de queso, lo ha acercado a mi boca y fue un acto tan íntimo, tan exquisito, sus dedos cerca de mis labios y la mirada tan intensa que compartimos. Sin embargo, ella me mira con algo de tristeza por mi comentario. Quizás realmente sepa de esto… ¿Por qué no explotarlo? ¿Por qué no dedicarse a esto? No sé si hacerle la pregunta o ir averiguando de ella. Veo una fresa y la sumerjo en chocolate oscuro y se la acerco a su boca. La combinación de la fresa roja con sus labios es una visión que seguramente me perseguirá de por vida. Ella la muerde con delicadeza y se relame el chocolate en sus labios. Nos quedamos un rato así, viéndonos, yo a sus labios, ella a mi rostro. “¿Ves? Te dije que yo no era un hombre como esos de afuera” - le digo sin romper el contacto visual. “Debo reconocer que… podrías tener razón” - dice bajando su mirada. “Podría tener razón… bueno me conformo con eso. La gente de la cocina es mejor que los de afuera sin duda, siempre están dispuestos a compartir conmigo y el ambiente es sobrecogedor. Zoe suele venir a buscarme aquí y regañarme porque la dejé sola lidiando con posibles clientes” - le digo y ella ríe, ríe de veras, echando la cabeza para atrás y tapándose la boca con una mano y yo me río con ella. Es una risa gloriosa que hace que se arrugue su pequeña nariz y su cara brilla. Amo este momento más que los que he tenido en muchos años. Solo ella y yo aquí, en una cocina de un evento fastuoso, comiendo frutas, dulces y galletas. Una vida normal, pequeños momentos de felicidad con una mujer que aún no sé su nombre. Cuando dejamos de reírnos veo que ella tiene una mancha de chocolate en la cara. Se ve adorable y me debato en sí le digo o no, finalmente pienso que no debería dejar que una belleza como ella camine con un poco de chocolate en su cara, no importa cuan delicioso sea ese chocolate. “Tienes un poco de chocolate aquí”- le digo señalando mi propia cara” “¿Dónde?” - pregunta ella de repente apenada. “Aquí cerca de tu boca… no no ahí, más a la derecha…casi” - le indico, pero finalmente me acerco, a pocos centímetros de ella y con mis dedos le retiro el chocolate y lo llevo a mi boca, saboreándolo, y saboreándola a ella. Mi musa se me queda viendo, mis labios, mi lengua, mi boca saboreando, aún muy cerca de ella. De repente, es como si el mundo se detuviera o anduviera rápido, realmente no lo sé. Solo tengo conocimiento de que algo extraordinario pasa: sus ojos contienen una emoción indescifrable, yo siento que su piel brilla, mi respiración se detiene por segundos y me inclino a su boca mientras ella cierra los ojos, veo sus párpados con un maquillaje oscuro, sus dulces labios muy cerca de mí. Coloco mis labios en los suyos suavemente, casi tanteando la situación. Atrapó su labio inferior entre los míos y siento que no respiro. Espero a que ella me rechace a que me dé una bofetada incluso, pero nada de eso pasa mientras muevo mis labios suavemente contra los de ella. Mi mano va a su mejilla tersa como un durazno y siento que ella responde, casi se me sale el corazón solo con la idea de que ella acepta y responda a mi beso. ¡Mon dieu! Nada más quería en la vida Siento levemente como su pecho se apoya en el mío y como mi corazón late salvajemente. Su mano va a mi cuello para sostenerse cuando se inclina apara acercarse más a mí. El movimiento de sus labios es suave, acompasado y de tierno va pasando a ser más urgente. Su nariz roza la mía levemente y puedo sentir mechones de su cabello acariciando mi frente. Su boca sabe a chocolate y vainilla y creo que no hay nada más delicioso en el mundo, ni la comida francesa, ni las frutas exóticas, ni los chocolates más especiales… nada comparable a que ella me esté besando.
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