Capítulo 7: Decisiones

3097 Words
Monique Algunos dicen que nuestro paso en la tierra está definido por nuestras decisiones. Todo lo que hacemos, en qué trabajamos, nuestro tiempo libre, dónde vivimos, con quién nos relacionamos, está atado a nuestras decisiones. Pero yo creía que eso se quedaba corto, no explicaba todo… en toda situación, lucha o desafío había ese último impulso, ese respiro antes de llegar a la meta, esa chispa que nos impulsa más allá y nos hace dar el ciento diez por ciento que ni imaginábamos que teníamos. Yo creía fervientemente que que no solo son nuestras decisiones, sino lo realmente comprometidas que estamos con ellas. Para mi, el compromiso con tu meta es como la fé, una devoción intangible, un ideal. Algo tan difícil de explicar cómo el amor, el odio, la intuición. No se vé, no tiene olor, ni sonido, pero está ahí, puedes jurar por lo que más quieras que está ahí. Empeñaría mi nombre por eso. Es ese paso más que lleva al éxito. El componente crucial para lograr lo que te propongas. Y nadie estaba más comprometido que yo con la venganza. Algunos días dudaba si la iba a poder llevar a cabo en su totalidad, si iba a poder realmente hacerlo, si tendría la fuerza y la mente clara para ello. Hace un año o más, alguien se acercó y me dió lo que necesitaba. A veces no se necesita un milagro, ni dones, ni poderes, sino la certeza, la clave para entender qué era lo que tenía que hacer. Y creanme que iba a hacerlo así tuviera que sufrir por ello. Como casi siempre Caro tenía razón, a la mañana siguiente tenía un simple mensaje de un número desconocido con la dirección de un restaurante que frecuentaba Phil Heller y pedía vernos a la hora de la cena. Lo conocía muy bien, es un espacio íntimo, pero que a la vez me hacía sentir segura. Con ese señor nunca se está cien por ciento segura, sin duda me tenía que jugar la carta del novio falso para alejar sus manos de mi. Y aunque se lo había prometido a Caro, no me gustaba la idea de tener que apoyarme en el francés. No es que no confiara en él, simplemente prefería hacer esto sola. Obvio que caro era otra cosa, era mi amiga. El francés no era nada. Pero sé porque ella lo sugería, ella como todas mis amigas tenían miedo de que me embarcara en esto sola. Conociamos los peligros. Pero prefería estar así. Sin embargo, Phil mostró ser una fuerza qué temer. Si el francés no aparecía, no se que pasaba. Ceder ante los impulsos bajos de un ricachón engreído y manipulador… ahí no estaba dispuesta a llegar. No si había siempre otra opción. Y siempre, siempre hay otra opción. Jamás lo duden. En toda casa hay puertas y ventanas. Si una no sirve, prueben otra. Poco sabía Phi Heller que yo ya había trabajado en ese restaurante e incluso conocía al dueño, era un lugar tranquilo de comida casera y deliciosa. Una amiga de Rita me había recomendado y me conocían bien. Hacia mi trabajo bien, de forma minuciosa, no causaba problemas e incluso me quedaba un rato más. Jack, el dueño tenía especial cariño por sus meseras y empleadas, casi como un padre. Una de las oficinas de Heller quedaba cerca, no la principal que estaba en un lado lujoso de la ciudad con toda la pompa, vidrios brillantes y muebles caros, sino su primera oficina cuando no era nadie, la que utilizaba para otras cosas menos formales. Supongo que le guardaba especial cariño a esos comienzos. Yo sabía todo eso y más. A qué hora salía a comer, sus investigadores flojos, incluso que pedía para el almuerzo, como el filete que más le gustaba tenía que estar cocinado en tres cuartos, casi crudo y, cómo, a veces los viernes se aventuraban y se decidía por la lasaña. Y eso que no iba muchas veces, con todo y eso sabía esto y más. El conocimiento es poder. Y Phil era un animal de costumbres. Me tocaba turno en otro restaurante y pedí un cambio para la mañana solo por hoy. Luego de mi día, fui a casa y me vestí con un look unicolor de ropa cien por ciento negra. Insisto, no se si este color me lucía, pero ¿qué importaba? mientras menos atractiva mejor. Me dejé el cabello en una larga trenza y salí, con un pequeño morral, botas y tomé el transporte público. “Jack… ¿como estas?” - saludo al dueño al llegar. “¡Señorita encantadora!. La chef que prefiere quedarse lavando los platos de mi humilde cocina ¿Por fin vas a cocinar una delicia? o ¿Tienes turno hoy y vienes ayudarme voluntariamente? Porque sabes que soy el mejor jefe del mundo - me hace sonreír inevitablemente. “Estoy bien solo con los platos, gracias. Y si eres el mejor jefe del mundo. Pero no, hoy vengo por otro tema… vengo a ver a uno de tus clientes habituales. Me citó aquí” - le digo y coloca una cara de sorpresa. “Pues bienvenida Moni. Quizás podrías probar uno de mis platos preferidos, por cuenta de la casa” - sugiere. “No es necesario, pero gracias. Quizás en otra oportunidad, una más placentera” - le digo y sonríe, pero tengo que agregar algo importante - “Si no te importa Jack… estoy un poco en incógnita, ¿podrías evitar mi nombre? Solo por protección y tampoco decir que trabajo aquí. solo enviarme un café a la mesa y actuar como que nadie me conoce” “Pedido raro, pero eres muy misteriosa, así que está bien. Enviaré a una de las chicas y que actúe como si nada” - dice y hace un gesto de cerrar la boca y tirar la llave. Yo le agradezco y voy a buscar a, espero, mi nuevo aliado. Lo diviso rápidamente. Su cabello bien peinado y su traje lujoso llama la atención aunque él crea que no. Está tan sumido en la riqueza y lo natural que es para él las prendas caras que lo que él piensa que es accesible y algo que no resaltará, es algo imposible de comprar para el resto. Un sueldo básicamente por una camisa. Es verdad lo que dicen, lo caro o barato depende del bolsillo de cada quien. Cuando tomo mi asiento frente a él noto una leve sonrisa. Phil Heller es un hombre realmente atractivo, peligroso sin duda, pero atractivo. Sus rasgos agradables, finos y fuertes lo hacen un hombre que llamaría la atención de cualquiera. Debe haber mujeres por montones, en fila. Si a eso le sumamos su porte de cuando se para, se sienta y camina como si fuera el emperador del mundo, pues estamos frente a un buen candidato para cualquier mujer. Sin contar el dinero que tiene. Claro que una mirada más fina, denotaría que es un hombre que no es confiable, que es creído, egoista, desenfrenado y francamente calculador. Sin embargo, no puede contener su sonrisa cuando me ve. “Pensé que no vendrías… Moni” - indica diciendo mi nombre como veneno y como dulce. Indicando que por más escurridiza que soy tiene mi nombre. Claro que no sabe más de mí, de eso estoy segura. Caro borró cualquier huella de mi en internet, y si hay algo por ahí aún, por lo menos le costará bastante encontrarlo. “Yo hice el primer acercamiento, soy una persona confiable y que cumple lo que promete. Así que heme aquí” - digo sencillamente. “¿Quieres comer algo? Hay un excelente filete aquí” - dice e inmediatamente me traen mi café. Él se queda extrañado. “No gracias… “ - digo simplemente y la mesera toma su orden. Hoy se quedó con el filete. Un hombre de costumbres. “Bien… no voy a negar que estoy sorprendido. No me gusta jugar, así que voy directo al grano” - excelente pienso yo y asiento - “Si.. lo que dijiste de Dubai era cierto, Warleggan está involucrado ahí desde hace mucho tiempo… y si alguno de mis investigadores me lo hubiese dicho con tiempo… me hubiese evitado muchos problemas. De seguro no me enredaría con él, ni invirtiera. En todo lo que él se metió antes salió mal, uno tras otro. Aún no sé como tiene un pequeño negocio de inversiones, o mejor, por qué no está en la cárcel. Así que si, la información que me diste es buena. Supongo que tendrás más de donde vienes” “Así es, como te dije tengo un plan, el cual no puedo explicar ahora en detalle… pero si los próximos pasos” “Necesitaré un poco más que eso querida. Entiendo que no me digas tu plan completo… ya llegaremos a eso, pero… ¿Cual es tu plan a medio plazo?”- me pregunta. Esto me lo esperaba así que respirando calmadamente asiento. “Creo que si atrapamos a Warleggan, realmente entre la espalda y la pared, con la policía, junto con varias víctimas de sus malas inversiones, podría ir tras las rejas. Hace un tiempo era imposible, tenía apoyo, era un hombre de dinero, era un hombre poderoso como tu. Pero ya no, es uno más. Peor, uno caído en desgracia. Creo que es posible” - él levanta una ceja con duda, sus labios gruesos se curvan. “¿Llevarlo a la cárcel? ¿Solo eso quieres?” - yo sonrío. “Louis Warleggan es un miedoso, no tiene nada. Él amaba el reconocimiento de su padre, su dinero, su trayectoria, su poder, todo lo ha perdido. Pero solo le queda su orgullo, el cual lo ciega, no le permite ver bien. Creo que si lo amenazamos con la cárcel… él puede delatar a Robson, la persona clave en todo esto. Warleggan fue solo una pieza” - digo apoyando mis brazos en la mesa. Él se ve satisfecho. Supongo que se preguntará como lo conozco bien, pero no sabe que una de mis amigas fue su empleada y lo conoce de buena mano. Inclusive sufrió consecuencias de su locura y egocentrismo. “Soy todo oídos” “Necesito juntar pruebas de que Louis sabía claramente que esa inversión era un fraude e igual lo hizo. Hasta ahora tengo algunas pruebas, pero hay una crucial que se perdió hace poco en una explosión de un depósito. Es un estudio de un grupo de geógrafos” “Quieres acceso a ellos, entiendo. Enviame la dirección y que necesitas y estoy segura de que alguien puede encontrarlo” “No creo que sea tan fácil, tengo que ir a su oficina. Quizás si alguien de su empresa va conmigo, para hacer un pedido de un informe, yo me puedo colar…” - digo y él se ve asombrado. “¿Así tan fácil? - pregunta divertida. Siempre parece estar probandome, y a la vez, dudando de mí. Como si yo fuera un juego. Quizás para él esto es una tontería y su colaboración es más diversión y curiosidad. Pero verá que esto es serio. “Soy una mujer de muchos recursos” - digo firme. Él me mira de arriba a abajo y se muerde su labio inferior. “Ya lo creo” - luego de una pausa incómoda, saca un papel de su bolsillo y agrega - “ Bien, enviame las coordenadas. Aquí, es la dirección de mi asistente personal, él llevará todo con discreción y le diré que lo estarás contactando” - yo asiento y tomo la tarjeta que me ofrece. “¿Supongo que hay algo más? Este pedido era muy sencillo” - en efecto, este pedido fue uno que surgió debido a lo que me mostró Caro. Mi necesidad inicial era otra. “Así es. Para que Warleggan hable, como he dicho, necesitamos que otros inversores hablen, unos de peso. Hasta ahora Warleggan ha salido relativamente ileso. Usted tiene el poder de influir en los demás. Hablar para que otros nos apoyen cuando sea el momento” - él asiente y ambos nos quedamos callados cuando traen su plato. En cuanto la mesera se va él me vuelve a hablar. “Puedo hacerlo, quizás necesite algunas de tus pruebas. Pero claro que sí, soy el empresario más influyente e importante de la ciudad” - dice con una sonrisa de auto suficiente. No es ninguna de las cosas pero no lo voy a discutir. Yo sonrio levemente. “Se las enviaré a tu asistente. Espero que sea discreto. Necesitamos obtener todas las pruebas juntas para poder presentarlas y armar un caso” - aclaro, él asiente y me levanto. “¿Tan pronto? ¿Ya te vas?” - dice sin mirarme, sigue enfocado en su plato- “¿ Por qué no me cuentas algo de ti?” - obvio que no. “¿Cómo qué? No es necesario para nuestra asociación.” - Me siento de nuevo. Tengo que calmarlo, hacer que confíe. No me conviene tenerlo de enemigo. “Ummm por ejemplo…¿Cómo está tu noviecito?” - pregunta mientras corta su filete. “¿Noviecito?” “Si… el pintor bohemio que dice ser tu novio. El que siempre anda sonriendo” - dice él con evidente disgusto. Realmente este hombre no soporta tener competencia, no importa cual sea el premio. “Baptiste… pues… bien” - digo simplemente. “Pensé que era mentira lo de que sea tu novio, pero después los vi muy unidos bailando… él parece muy enganchado” - dice y no puedo evitar sonrojarme. Ni siquiera lo conozco. “Es extraño porque jamás te he visto con él, es un hombre que suele estar solo, va a los eventos solos. A veces se aparecía con alguna chica, otras veces con sus socios. Pero suele ser solitario. De repente llega y tiene a una hermosura de la cual no se puede despegar” - menciona mirándome muy serio. “Tal como dijo él… es relativamente reciente” - indicó. “Sabes…. podrías hacerlo mucho mejor” - dice y yo me quedo callada. Él sigue comiendo. “Quizás podrías convencerlo a que venga a una de las reuniones que se organizan en la ciudad y que él insiste en evitar. Además… podrías aprovechar de ver a alguno de los empresarios que tanto quieres influenciar. Sin duda, al menos te servirá para ver con quienes estás tratando. Incluso… puede que se aparezca Warleggan” - yo reflexiono. Esos eventos de la ciudad son solo para grandes empresarios y con una súper exclusiva invitación. El francés debe ser más importante de lo que pensé. “Ahhh y si logras que saque otra colección. Tiene años sin mostrar algo nuevo… el mercado está aburrido” “Lo intentaré” - digo levantándome. Lamento de repente no haber investigado al susodicho pintor un poco más. Estaba negado a volverlo a ver. “No lo dudo… tal como dijiste, eres una mujer de muchos recursos” - dice volviendo a darme una mirada a toda mi figura, señalándome con el dedo” - yo hago un gesto de saludo con la cabeza y me voy. Demonios, es una buena oportunidad y permitiría acercarme a otras víctimas. Hasta ahora he contactado a pequeños dueños de negocios, empresarios clase media que perdieron mucho dinero. Me convendría tener a un par de hombres importantes ubicados, al menos saber a quiénes me enfrento como dice Phil. Pero eso conllevaría si… a aceptar la propuesta de francés. Lo que menos quería. Bueno, tal como dice Caro… al menos ver qué ofrece. No parecía ser peligroso. Ahí mismo voy a la dirección que me indicó Caro. Es un edificio moderno y de un par de pisos, no es nada común, las plantas aparecen como cubos sobresaliendo de la estructura del edificio. Tiene ventanales amplios de pared a pared que lo hacen muy lujoso. Peligroso pero lujoso. Supongo que la razón es que permite ver desde afuera fácilmente las obras expuestas. Las observo y son totalmente diferentes unas de otras, en estilos, materiales, colores. Parecería que es una galería que expone varios artistas ¿Cuáles serán obras de él? me pregunto. Veo que el acceso trasero, justo donde está el contenedor de basura, como imagino es el menos vigilado. Con un pequeño ganchito que traigo abro la puerta. Alguien justamente debe haber salido hace un instante y no cerró nada bien la puerta. Mi suerte, supongo. Después de un año de entrar a lugares que no debo y de que Caro me enseñara, supongo que he mejorado considerablemente. Claro, sin estar a su nivel. Entro por los pasillos y escucho un poco de ruido. Un acento francés a lo lejos, algunas risas, aun hay gente a esta hora, supongo que varias. No veo más seguridad que alguna cámara que evito. En el piso de arriba voy de forma sigilosa, veo una luz encendida y encuentro una oficina. Abierta por supuesto ¿Nadie aquí cuida nada? Caro se infartaría pensando en la pobre seguridad del lugar. Veo y efectivamente su oficina. Reviso alrededor… catalogos de obras, premios, varias pinturas colgadas, algunas fotos en blanco y n***o. Ninguna foto de personas, solo de paisajes, otras medio experimentales, pero hay muchas especialmente de Francia. Tomo uno con una foto del barrio de Montmartre… siento una punzada de dolor. Me perdí de ir por culpa del infeliz gusano de mi novio. Ex novio, a veces se me olvida que hasta me abandono. Ni me mostró la cara para caerle a golpes. Me imaginé tantas veces caminar por París, conocer el campo, aprender nuevas recetas, probar nuevos sabores. Hasta tomé clases de francés ¿Para qué? ¿Para nada? No me sirve para mi venganza. Debe haber una caja de seguridad detrás de algún cuadro, pero más que eso, libros, una laptop, un teléfono, veo llaves de un auto. Sí definitivamente va a subir antes de irse. Y se encontrará con una sorpresa. Me siento tranquila en la silla y colocó mis pies en el escritorio. Reviso mi celular por si tengo algún mensaje y aprovecho de tomar fotos de la oficina. Uno nunca sabe cuando puede servir. Cuando la puerta se abre entre un Baptiste muy relajado que cuando me ve de casualidad no da un brinco. Se sujeta el pecho con una expresión exagerada y de casualidad no suelta un grito. “Hola francesito ¿Me extrañaste?… Me dijiste que tenías una propuesta y… aquí me tienes”
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