Baptiste
Definitivamente estos eventos no son lo que eran, o yo no soy lo que era antes… si eso puede ser. Recuerdo haber venido de joven, un artista casi amateur, emocionado de poder estar con la clase glamorosa, poder conseguir nuevos clientes, codearme con la créme de la créme de esta ciudad. Al fin y al cabo había venido desde el viejo continente a tratar de ganarme la vida haciendo lo que más amaba hacer: pintar. Y vaya que sí lo había logrado, después de unos años y con un buen conocimiento de marketing de mi parte, era uno de los artistas mejores pagados en el país. Mis cuadros colgaban tanto en paredes de museos, como de organizaciones, oficinas, departamentos lujosos, galerías… todo lo que un artista pueda querer. Estaría tentado a decir que lo que pintara se iba a vender en cuantiosas cantidades de dinero. Casi groseras. Claro que no lo haría, soy un artista de corazón. Siempre iba a tener una idea detrás de lo que hago, un concepto y obviamente un objetivo y técnica.
Yo creo que amar lo que haces, ser bueno en ello, es vital para el éxito. Pero más que todo, entender cómo funciona el mundo, asociarse con quien debes, seguir las señales del destino. Creo que esa es la clave fundamental. Seguir ese grito interno que te dice qué hacer. Y por supuesto, hacer las cosas bien. Ese ha sido el secreto de mi éxito si me lo preguntan.
El punto es que, ya sentía que había perdido ese grito, ese llamado, y me estaba afectando. Es difícil de explicar. Quizás estaba en un punto de mi vida, joven, libre y feliz y ya tenía todo lo que quise. Tenía los mejores grados en una importante universidad de Europa, tenía miles de fans, muchos de ellos bastante adinerados, había ganado premios y honores, departamentos en varias ciudades, había recorrido el mundo ya un par de veces, probado delicias, bebido los mejores vinos y champañas, tenía una buena familia, amigos. Incluso había creado un estudio donde daba clases, compartía ideas con otros artistas y daba de mi conocimiento y asesoría a otros artistas, me atrevo a decir que tenía el mejor equipo que se pudiera pedir, alumnos y aprendices brillantes. Había salido con varias mujeres, muy hermosas todas y a las cuales quise y respeté. Una en particular… se me había escapado pero nada pude hacer. La vi casarse, ser feliz. Una muy buena chica, hermosa, sencilla, adorable, con talento artístico.
No sé si fue haberla perdido o qué, pero empecé a darme cuenta de las cosas de la vida. La vida no suele funcionar como queremos, si lo se, suena irónico de mi parte. Yo, el tipo que lo tiene todo. Yo realmente pensé que era un buen candidato para ella, pero ella pensaba diferente. O quizás siguió su corazón. Sin duda eligió bien, su esposo la adora y doy fe de que hizo y seguirá haciendo lo imposible para hacerla feliz. Ese hombre quemaría el mundo solo por darle lo que ella necesite. Y yo… no sé. Cambié.
No es que lamentara mi vida o creyera estar solo. No es eso. Un artista jamás lamentaría estar solo, es probable que nuestra vida sea la más solitaria, todo suma en la experiencia. Pero si… algo perdí, ya no entendía o siquiera escuchaba las señales del destino. Y eso si que me preocupaba. Todo parecía igual, un día tras otro. Hasta que lo descubrí. Necesitaba hacer algo nuevo, necesitaba algo que me inspirara. Demonios, eso sí que era difícil. Buscar la inspiración no es como ir a cazar mariposas o ir al supermercado a comprar algo. La inspiración tenía que venir a ti. Si quiere, suele ser quisquillosa y temperamental y particularmente muy esquiva cuando la buscas.
Por más que yo quisiera hacerme el ciego, la realidad es que tenía ya tres años sin una colección nueva. Me aboqué a mis estudiantes, a mis asesorías, viajé a apoyar a otros compañeros artistas, aprendí de fotografía, de cine, de otras técnicas. Pero ya era hora de salir con algo nuevo, pero demonios ¿Qué? Dicen que los cambios son oportunidades. Las crisis también, así que yo debería tener una gran oportunidad entre manos porque tres años es mucho tiempo. No he puesto el pincel en pintura en ese tiempo. No sé por dónde comenzar, por primera vez en mi vida artística. Poco a poco todos empiezan a preguntar cuando viene algo nuevo. No solo porque crea que tenga que mantenerse en el medio artístico, o porque deba vender algo, Dios sabe que tengo dinero suficiente para mantenerme a mí por años a todo lujo y a varias generaciones. La necesidad venía de mi, yo…. quería algo nuevo.
Así que si, estos eventos no son lo que eran antes o yo cambié. Pasaba por este gran salón lleno de caras conocidas, empresarios, filántropos, políticos, modelos, artistas, entre otros. Todos saludándome, todos preguntándome por mi nueva colección ¿Cuándo sale? ¿Qué opinas de tal artista? ¿Cuándo sacarás algo nuevo? ¿Vendrás a nuestro evento? Y así y así y así. Yo ya estaba totalmente acostumbrado a esto así que sabía seguir la corriente, que decir, que no decir, como sonreír. Todo más de lo mismo. Ni yo tenía algo nuevo.
Quizás por eso en ese preciso instante decidí salir a la recepción, una parte de mi quería salir de aquí. Me sentía sofocado, esa sensación de que no avanzas, tan desagradable. Un artista no puede quedarse estancado. Sin avanzar, no son nadie. Si no me renuevo, no soy nada más que una historia y un recuerdo bonito. Es imposible mi vida así, necesito crear y crear como si tuviera una energía que si no es usada, me enferma. Y les confieso que estaba a punto si, de irme, de ir a un bar cualquiera y tomar algo, o correr por las calles de la ciudad o sentarme a ver las estrellas, pensando en viajar a Europa, devolverme a Francia. No parecía mala idea, es algo que vengo sopesando desde hace tiempo, de repente comprar algo pequeño, en la ciudad, en el campo, en la costa. Armar un pequeño taller, volver a la sencillez de las cosas. Después de tenerlo todo ¿Qué más puedes querer? Quizás así vendría mi amada inspiración, quizás así podría volver a pintar, tener una nueva colección.
Se me acababan las opciones y yo era un espíritu libre, dispuesto a crear, a dejarme llevar. No alguien para estar, o sentirme, encerrado, hacer lo que otros quieran, sin posibilidad de hacer lo que quiero. Otros días pensaba en quizás ir a otro continente, meterme en un retiro espiritual o cualquier otra cosa… cuando la vi.
Y me quedé quieto. Como quien ve una ave hermosa que no quieres molestar, con terror que se vaya volando y no la vuelves a ver.
Era una mujer preciosa y delicada y a la vez, algo me decía que era fuerte como un árbol. De tronco firme, ramas dispuestas a elevarse a buscar el sol, y a la vez dando flores preciosas y frutos deliciosos para todos. Sin que ella me viera me le quedé mirando mientras esperaba que la aceptaran. Piel dorada como de miel, cabellera negra, lustrosa que casi irradia brillo por sí sola, como bañada de estrellas, era pequeña pero con un cuerpo fuerte, delicado, curvilíneo o todo a la vez. El vestido era de un gusto exquisito, clásico y a la vez dando detalles de una personalidad arrasadora.
La textura de terciopelo me hacía querer pasar mis manos y ondularlas por sus curvas. Cuando me acerqué un poco a ver su cara era de rasgos finos, cejas pequeñas y oscuras, unos ojos castaños brillantes, unos labios seductores pintados de oscuro. Parecía no querer llamar la atención, y a la vez ¿Cómo no llamarla? Si ella era una composición delicada, fuerte y glamorosa. Esta chica es una contradicción andante y… me fascina. Ninguna criatura me había fascinado tanto en tan pocos segundos y aún no había hablado con ella. Ella lucía algo incómoda, no sé si por el vestido o la situación o que. Hasta que escucho… “Señora Greta Green”. ¿Greta Green? Definitivamente no. Interesante.
Quizás no todos lo sepan aquí pero Greta es una mujer preciosa tal como está belleza que observo, pero rubia de cabello corto y piel de porcelana. Yo conozco bien a los Green. Es más, si estuviera aquí estaría de manos con el galán de su esposo, y si mal no recuerdo hace poco tuvieron un bebé. Me genera ahora más interés esta sirena maravillosa. Greta Green… ¿Por qué se haría pasar por ella?
Me propongo seguirla y averiguarlo, ¿Qué más tengo que hacer? Ya hablé con todos al fin y al cabo las artes son un comercio y tiene que continuar el show, el cual ya hice. Ya estuve horas hablando con los organizadores del evento quien detalló todas las obras mías que tenía en su casa y cuantos millones costaron. No, no, no me parece mejor seguir a esta sirena y ver dónde me lleva la marea. Ella entra con sigilo al salón y se ve aún más nerviosa, se restriega sus pequeñas manos unas con otras y se ve perdida.
¿Qué le sucede? ¿Temerá que alguien la reconozca? Veo que mira a todas partes pero aún no ha reparado en mí. Al parecer decide tomar otro camino, salir al balcón. Cuando llego la veo ahí, contra la luz de la luna parece una obra de arte… me quita el aliento. Por unos minutos la veo abanicarse, necesitaba aire. El balcón es amplio, grande con plantas y una gran vista. Si tuviera un vestido más brillante y un arreglo al fondo sería digna de una ópera o una actriz. Es imponente, sin saber que lo es. Lo cual es mejor. Aprovecho para hacer aparición y presentarme, y de paso verla más de cerca.
“¿Con que es la señora Greta Green? Bienvenida a la gala” - le digo con tono de broma y veo que ella se asusta. Yo le sonrío y aprovecho que estoy cerca para observar. Ella se ve temerosa pero en segundos recupera la compostura, casi como por arte de magia.
“¿Y usted es…?” - contesta de forma fría. Sus ojos son desafiantes, brillantes casi refulgen en la noche. Cada vez me va pareciendo hermosa. Un hermoso enigma.
“Baptiste Katz. Para servirle” - digo haciendo una pequeña reverencia. Ella no dice nada sino que sonríe de forma falsa y camina hacia el otro lado del balcón, huyendo. Pensará que aquí terminó toda nuestra interacción. Obvio que no es así. Sigo estando a medio metro de distancia. Ella ve el paisaje y yo a ella. Observo que tiene un lindo tatuaje en la mano, una mariposa muy detallada, sus alas, sus antenas, los pliegues, parece tan real.
“Hermoso tatuaje ¿Qué significa?” - le pregunto y veo que voltea los ojos, molesta por mi presencia.
“¿Qué quiere de mí?” - pregunta de forma seca. Sus labios se presionan en una línea, me observa de arriba a abajo, tratando de sopesar quién soy. No sé a cual conclusión llegó.
“Tu nombre” - digo solamente y sonrío. No sé qué tiene ella que me hace sonreír, no es porque se moleste o no caiga en mi juego, es algo más. Solo de verla quiero sonreír.
“Pensé que ya lo sabías” - dice ella mirándome de forma desafiante.
“Mmm la verdad que no” - digo mirándola fijamente. Me acerco un paso más y le susurro muy cerca. Ella tiene un dulce olor a chocolate y vainilla ¿Qué clase de brujería es esta? ¿Cómo alguien puede oler tan bien?
“Resulta que conozco perfectamente bien a Greta, su esposo e inclusive su hermano… y tu no eres ella” - le digo y puedo ver algo de sorpresa en sus ojos oscuros. Parece que viera dos noches infinitas en cada uno, llenos de estrellas. Respira Baptiste, usualmente no estás tan encantado con una mujer, lo tuyo suele ser poco a poco - “Así que… ¿Quién eres? ¿Y por qué has tomado la invitación de Greta?”
“No es su problema” - me dice puntualizando cada palabra en tono bajo y se da media vuelta los tacones de sus zapatos sonando con furia por el piso de mármol.
“¡Greta!” - le digo en voz alta y varias personas se voltean a ver qué sucede. Ella se queda como congelada en su lugar y se voltea viéndome con odio. Yo acorto la distancia hasta ella. El frío de la noche entra y veo su piel erizarse, el pecho en su vestido sin tirantes subir y bajar. La estoy llevando al límite y me debe odiar. Pero la curiosidad me mata.
“Solo quería saber ¿Cómo están Matt y el pequeño Gustav?” - pregunto en voz alta y todos se quedaron viendo nuestra interacción, que es la reacción que quería. Llamar la atención, ya que es claro que ella quiere pasar desapercibida, por obvias razones. Ella me da una sonrisa sin mostrar sus dientes, es lo más educada y cordial y veo en ella ironía, preocupación, y a la vez un poco de lo que podría ser su dulzura.
“Ellos están muy bien, gracias por preguntar. Matty está de viaje por un cliente importante que está interesado en nuestra empresa de seguridad informática y el pequeño Gustav está diciendo sus primeras palabras” - dice con calma. Esto se vuelve aún más interesante, ella realmente conoce a Greta. ¿Quién es esta mujer?
Cuando ella empieza a hablar el resto de las personas nos toman como por un encuentro casual y pierden el interés en nosotros. En el momento en que ella lo nota me toma del brazo con fuerza y me arrastra al otro extremo del lugar, cerca de la recepción, abre una puerta que ni sabía que estaba aquí. Cualquiera que nos vería creería que solo vamos a tomar aire, una pareja normal. Pero no, ella me arrastraba con fuerza y con bastante rabia.
Entramos en lo que parece ser un pequeño cuarto de ¿limpieza? Pienso mientras, ella enciende la luz y veo una escoba y productos de, en efecto, limpieza. Para ser una mujer que se veía perdida en el lugar, parece conocer bastante este edificio en particular. Yo jamás conocí este cuarto… claro que para qué querría saber donde queda un depósito de limpieza. Ella mira para todos lados y cierra la puerta me quedo en un espacio reducido con una mujer extraña, sumamente molesta y que me genera una atracción desconcertante.
“Ummm debo decir que me gusta bastante este cambio” - digo sonriendo y mirándola con gracia. Ella ni se inmuta con mi comentario, me mira fríamente y sus ojos oscuros se clavaron en mi.
“¿Qué quieres de mi?” - dice tajante. Waooo pregunta difícil. La realidad es que quiero todo de ella, especialmente en este espacio minúsculo… El olor a chocolate y vainilla es abrasador.
“Ya te lo dije… tu nombre…”
“¿Vas a delatarme?” - me interrumpe ella, acercándose a mí, parece que intenta intimidarme, cuando sucede totalmente lo opuesto. Su rostro está más cerca y casi puedo imaginar cómo se sentiría su cabello en mis manos… sus labios oscuros contrastan con sus dientes blancos y se ven… delectables. Me quedo como en un trance y ella sigue hablando.
“¿Qué quieres? ¿Dinero? ¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz y no me delates?” - dice. Parece molesta como un animal atrapado, dispuesto a echar garras, morder, valerse de lo que sea. En cambio yo, estoy viéndola como un completo bobo.
“Baila conmigo” - es lo único que se me ocurre decir. Ella me mira como si le hablara en otro idioma, un olvidado. Su cara es de molestia, sorpresa y casi desesperación. Es como si ella estuviera en un plan muy importante y yo le vengo con tonterías y bailes. Parece molesta de haber sido atrapada en su engaño.
“¿Bailar? ¿Contigo?” - pregunta mirándome como si yo hubiese perdido la razón. Quizás la perdí, lo único que quiero, o que puedo pensar es en tenerla en mis brazos un par de minutos, mis manos tocar su vestido, su espalda descubierta, acariciar su cabello, oler su perfume y poder hablar con ella tranquila. Esta última parte no sé si es posible pero estoy dispuesto a intentarlo. Ella mira para todos lados, veo como respira aceleradamente, y como pareciera morderse el interior de sus mejillas. Cierra los ojos un momento y me mira fijamente luego.
“De acuerdo”
“¿Dé verdad?” - pregunto sorprendido. No pensé que iba a aceptar tan rápidamente, imaginé que iba a discutir un poco más, abofetearme quizás. Parece desesperada, yo me estoy interponiendo en algo.
“Un solo baile” - dice indicándome con su dedo índice.
“Es un trato” - digo sonriendo. Ella se me queda observando, reparando en mi ropa, mi look.
“¿Por qué haces esto?” - pregunta inclinando su cabeza a un lado como si intentara evaluarme, ver quién demonios soy. Es obvio que no conoce mi nombre. Sin duda no es asidua a estos eventos. Bueno, tuvo que entrar con una invitación prestada o robada, yo que sé.
“¿Qué cosa?” - pregunto. Me encanta escucharla hablar. Su voz es suave, baja pero firme.
“Dejarme ir. Es obvio que sabes que tomé una invitación que no es mía”
“Pues no pareces alguien peligroso… al menos creo” - le digo pero no le explico el por qué. Sería entrar en detalles que no creo que le agraden. Yo sin duda no aparezco atraerla como ella a mi, aunque si se ve un poco nerviosa, pero se lo atribuyo a la situación - “Al menos que tengas un arma debajo de ese hermoso vestido” - agrego mientras la observo de arriba abajo, reparando en todos esos lugares magníficos en que se ajusta su vestido - “No lo creo” - completo y ella sin duda fue testigo de como me la acabo de comer con los ojos. Pero no menciona nada, solo se ve algo sonrojada.
“Un baile y no dices nada. O si no… atente a las consecuencias” - dice muy firme levantando una ceja.
“¿Me estás amenazando?” - pregunto más divertido que asustado.
“Te estoy informando” - finaliza cruzando los brazos sobre su torso. Yo sonrío, se ve más tentadora que nunca. Tomó su preciosa mano y acaricio el dorso de su mano. Su mano tiembla un poco y su piel es suave como la seda y me pregunto cómo sería el resto de su cuerpo. Me estoy adelantando demasiado, especialmente para una mujer a quien no le gusto. Tengo que controlar mis expectativas. Veo en su mano donde está el tatuaje de mariposa y planto un beso ahí, sin dejar de mirarla. Reconozco que mis labios se quedan ahí más de lo estrictamente necesario. Claro que las necesidades son relativas ¿no?
“Te lo prometo…” - le susurro y por primera vez ella aparece bajar la guardia. Y lo más importante, no retira su mano, sino que la deja entre las mías mientras yo la acaricio con mis dedos. Veo que su mano tiene pequeñas heridas, sus uñas están al natural, no tiene pintura ni anillos, nada. Es tan refrescante. Parece alguien que trabaja mucho. Las mías también son así y suelen estar manchadas de pintura. Parecemos dos personas que les gusta hacer lo que amamos, así nos duela, así sea poco glamoroso. Dos personas que no tienen miedo de ensuciarse las manos.
“¿Qué significa la mariposa?” - me atrevo a preguntar de nuevo, pero se rompe el hechizo, vuelven a formarse sus paredes, un muro gigante e imaginario que la cubre. Sus ojos se oscurecen de nuevo, ella tiene su expresión de furia de nuevo, retirando su mano de un tirón, dejando la mía vacía, deseando más.
“Acordamos que solo un baile, no más preguntas” - dice abriendo la puerta de un solo golpe y me deja ahí en ese mini cuarto de limpieza, suspirando por ella.
¿Qué demonios acaba de pasar?