Monique
Realmente esta noche no ha sido para nada lo que pensaba. Lo menos que iba a imaginar es que alguien me iba a identificar, siempre pensé que entre tantas personas nadie se iba a dar cuenta de que yo no era realmente una invitada. No es que anduviera con un cartel que dijera Greta Green en la frente como para que alguien la conociera dijera “ohhh no esta no es Greta”. Según mi propia amiga, este tipo de eventos era solo blah blah blah y tomar vino y champaña y que todos estaban en sus propios asuntos. Pues finalmente no resultó así. Nada, en lo absoluto.
Sin duda, entre todas las cosas, jamás pasó por mi cabeza que este hombre me siguiera, prácticamente me obligara a hablar con él ya que me seguía como un perrito y, sin pedirme explicaciones de porque usaba otra identidad, parecía estar sumamente interesado en mi. Yo le echo la culpa a que en estos eventos solo viene gente millonaria, aburrida que ya todos conocen, así que yo debo parecer una novedad
¡Yo que no quería resaltar! Pero francamente no sé qué hice para que este hombre, primero me escuchara decir el nombre de Greta, me siguiera y segundo no me dejara en paz. Yo con tantos planes, tantos problemas en mi cabeza y se acerca este ser jovial, despreocupado y casi divertido. Oh si él se veía que la estaba pasando super bien, con su traje costoso aunque se veía un poco más simple que el resto, pero seguro era hecho a mano con hilos de seda. Su look era diferente, su peinado relajado, la sonrisa que no abandonaba su cara y su encanto.
Porque era muy encantador, así como desesperante. ¿Cómo terminé accediendo a bailar con él? Aún no lo sé, realmente escapa a mi comprensión, y si bien algo dentro de mi me decía que él era inofensivo… no me podía arriesgar. Tardé mucho tiempo en armar este plan, este primer paso como para arruinarlo al primer momento que puse un pie aquí. Era ridículo. Sin embargo, su intromisión parecía casi un juego para él ¡Si supiera lo que está en juego! Él con sus ojos brillantes, su cara amable, su imponente porte, una pequeña barba de pocos días, su actitud juguetona, y lo peor… su estúpido ¡Estúpidamente enloquecedor acento francés! Es como si el mundo supiera que yo tengo una debilidad y me la aplicó.
Siempre soñé con ir a Francia, pues toma Moni, toma un francés bien molesto en la primera oportunidad, justo cuando no necesito distracciones. Quizás pueda evitarlo, quizás cuando termine de hacer lo que tenga que hacer pueda huir y salvarme de bailar con él. Un baile me pidió ¿En qué época estamos? ¿La era victoriana? Es solo un hombre, pienso, y los hombres solo engañan… no si yo los engaño primero.
Francamente su nombre no me suena ni su cara, ¿Pero qué voy a saber yo de ricos y famosos? Estuve años detrás de una cocina y un horno, a mi háblenme de recetas, de frutos, de esencias y aderezos, nada más. Nada sabía yo de quienes frecuentaban estos lugares, solo de una persona, la razón por la que vine. Me vine al baño simplemente para huir del encantador francés y de sus preguntas curiosas. Veo en mi mano el tatuaje de la mariposa, yo pedí ayuda mariposa, por el momento no la estoy obteniendo, pero confío en ti, pienso. Me coloco un poco de agua fría en la cara, me arreglo el vestido y echo una última mirada a mi look para constatar que estoy presentable. “Vamos Moni, tú puedes, a la carga” susurro a mi reflejo en el espejo y con la cabeza en alto me dispongo a salir.
Al fondo veo el grupo donde está mi objetivo, es un grupo completo y exclusivamente formado por hombres, todos con ropas negras, camisas blancas y corbatines, parece copiar y pegar, uno igual al otro. Casi todos son mayores y con seguridad entre todos son más ricos que toda la población de la ciudad junta. Estoy segura que no están aquí para donar dinero, sino para hacer parecer que son buenos y caritativos frente a los demás, cuando explotan a su gente y quizás hasta roban. Pero son hombres de bien para el mundo, hombres de sociedad, pilares de la ciudad. Necesito hablar con uno en particular pero tengo que separarlo del resto. No es que pueda llegar y decir “Buenas noches ¿ustedes me permitirían hablar con él a solas?” en lo absoluto, soy solo una chica, una además que está infiltrada, de polizón en la alta sociedad.
Pero tengo un plan, se los hábitos de estos señores los he estudiado y ahora es momento de que mi tiempo de investigación rinda sus frutos. Los hombres están en una esquina y unos fuman cigarros, otros tabaco, pero uno de ellos particularmente está fumando un tabaco en especial, debe ser increíblemente costoso, hecho a mano y sin duda importado. Si, mi objetivo, el hombre más joven del grupo es un absurdo amante de este vicio. Lo sé porque he trabajado para él aunque no me ha visto. He hecho de mesera en varios eventos donde él ha estado cerrando negocios, riéndose con los otros o plenamente aburrido.
Conozco todo lo que tengo que saber de él. Y si algo sé es que fuma en estos eventos y siempre de forma casual. El olor de sus ropas lo delata y algo me dice que no iba a poder fanfarronear con sus amigotes el hecho de tener un puro exclusivo… así como también no podía dejar de intentar romper las reglas. Pues en este espacio cerrado no está permitido fumar, es profundamente sancionado, no que a él le importe, claro está. Es el tipo de hombres que cree que está por encima de todos. Así que aquí está mi ventaja y mi forma de alejarlo.
“Disculpe señor” - me acerco con voz baja y actitud penosa al organizador del evento, un hombre mayor, él me ve de arriba a abajo pero me observa esperando que hable.
“Yo soy parte del equipo administrativo de la alcaldesa de la ciudad la Señora Garrett” - digo señalando a la mujer en cuestión. Obviamente la tenía ubicada y segurísima de que iba a venir. El organizador del evento parece tomarme más en serio. Claro que nadie va a confirmar si soy o no parte de su grupo y cuento con eso.
“Verá, la señora es asmática y ha notado que hay un fuerte olor a… humo. Me parece que alguno de los invitados ¿podría estar fumando? Entiendo que es un espacio libre de humo. Puede ser que se haya confundido de lugar o no se haya dado cuenta de ello. Sin embargo entenderá que afecta a… otros invitados” - señalo yo con delicadeza, no acusando, siempre colocando todo en duda. El hombre obviamente que sabe que alguien fuma, sabe exactamente quiénes son pero no había hecho nada, justamente por las personas en cuestión.
“Entiendo señorita, por favor dígale a la Señora Garret que lo solucionaremos de inmediato y que disculpen las molestias” - dice y yo le agradezco profusamente.
Para mantener mi pantomima, me acerco a la alcaldesa y aunque habla con otros, les digo simplemente que una de las subastas están por comenzar y les doy la bienvenida. Sin duda desde lejos parecerá que hablo con ella o formó parte de su grupo. Me coloco en una esquina y veo como el pobre organizador tiene que ir a dar las malas noticias al grupo. Por supuesto que estos se molestan y muchos apagan sus cigarrillos o sus tabaco. Pero mi objetivo se queda discutiendo. Imagino que hará uso de su nombre, amenazará o lo tratará con soberbia. El organizador insiste con vergüenza y casi sumisión. En pocos minutos el hombre joven es llevado a un balcón para que termine de fumar en paz… pues como imaginarán no iba a dejar de hacerlo por una pequeñez como la salud del resto y las leyes.
Hasta ahora, todo va como planificado y yo casi no lo puedo creer, me siento casi en las nubes. Pero ahora viene la parte más fuerte, la más impredecible, porque puedo quizás predecir una acción, un hecho, una circunstancia… pero prever lo que va a suceder en una conversación, es casi imposible. Más como hombres como estos. Sin embargo, tengo que intentarlo, haciendo uso de toda mi capacidad de pasar desapercibida me asomo a uno de los balcones. Es más pequeño que el que yo estaba donde me encontré con el francés, y así es mejor porque no seremos interrumpidos.
En la pequeña abertura del balcón lo observo. Phil Heller tiene el cabello castaño, suave y peinado hacia atrás. Su traje es seguramente de diseñador, perfecto, sus zapatos lustrados. Saborea el tabaco como que es lo mejor del mundo y ve a las estrellas. Quizás parece feliz de estar solo.
“Señor Heller” - digo con voz segura, aún en el umbral del balcón. Él se voltea a mirarme inmediatamente, quizás lo saqué de sus pensamientos, quizás porque es una voz femenina quien lo llama. Él me mira de arriba a abajo y una sonrisa se dibuja en sus labios, parece un depredador, pero no como un felino o un animal salvaje, sino como de esos insectos que se disfrazan, te confunden, te duermen y te capturan.
“¿Eres del evento? ¿Hay algo interesante qué suceda en esta aburrida gala? Lo único emocionante era mi tabaco y me han pedido que lo apague… por el bien del resto” - me dice mientras se recuesta de la baranda y me ve plenamente, yo doy unos pasos hacia él, y hacia los halos de luz. Sin duda ahora me ve completamente y observo como su mirada va a mi a mi pierna que sobresale del vestido, mi cintura, mi escote y por último mis ojos.
“No, sin duda no eres del evento… eres muy exquisita para ello. ¿De dónde vienes preciosa? ¿Vienes con alguien en particular?” - pregunta con voz seductora.
“Quizás señor” - contesto con una sonrisa misteriosa. Mejor no decir que estoy sola.
“Ummm ya veo… “ - dice y cruza los brazos en su pecho - “Y dime ¿Quién eres? Siempre es bueno saber el nombre de una linda dama. Especialmente en una noche tan agradable como esta” - agrega.
“Una aliada” - digo simplemente. Mientras más información tenga sobre mi, en más problemas estaré. El que habla más erra más.
“Una aliada… ¿en qué? ¿Para qué? La realidad es que no necesito aliados, no tengo problemas” - dice soberbio.
“Un hombre importante como usted siempre tendrá enemigos… y personas que le han hecho daño” - digo y obviamente que se siente importante y si una mujer se lo dice, mejor.
“Digamos que podría ser. Veo que vienes con un plan, ¿Qué deseas? Prometo que si puedo complacerte… Lo haré con mucho gusto” - dice con una voz aterciopelada, cargada de intenciones, malas intenciones. Por la forma en que me observa y sonríe, puedo adivinarlas. Phil Heller es un conocido mujeriego. También uno de los empresarios más jóvenes y exitosos del país. Su método es casi aplastar a sus oponentes y quebrar a las empresas que no le agradan. Le dicen “El destructor” y sin embargo, él es el aliado que necesito.
“Sé que hace un año se vio afectado por unos inversionistas fraudulentos… unos que le insistieron que sería buen negocio invertir en el Puerto South Kant pero que finalmente resultó ser un fiasco. Fue alertado, pero no hubo forma de poder recuperar el dinero” - le digo y él me ve ahora de forma más seria, una sombra aparece en sus ojos. Sin duda no es lo que esperaba. De hecho el detalle de que fue alertado es muy poco conocido. Si no fuera porque mi amiga Dafne fue quién lo hizo, yo no tendría forma de saberlo.
“Vaya vaya… y yo que pensaba que eras solo una cara… y cuerpo bonito” - dice subestimándome, hablándome de forma condescendiente.
“Yo también estuve afectada. Y sé quiénes están implicados. Sé que usted también, los busca pero les falta información” - digo acercándome, se que quizás no es una buena idea, pero tengo que darle a entender que no le tengo miedo. - “Sé también que la justicia no va a hacer nada por ellos, pues son escurridizos, tienen contactos, poder y dinero. Mi intención es tomar la justicia con mis propias manos” - le digo y él sonríe de forma juguetona.
“¿Ah sí? ¿Y qué vas a hacer? ¿Tienes un arma escondida en ese… precioso y ajustado vestido y vas a dispararles?” - dice burlándose.
“No, tengo una lista con ubicaciones, debilidades y rutinas de cada uno. Así como dónde está cada centavo que nos fue robado” - digo de forma lenta y adorable. Él no me puede ver ni nerviosa ni amenazadora, para él soy simplemente una pobre chica. Él no va a ceder tan fácil lo sé, quiere seguir probándome.
“Cuéntame ¿Qué te robaron? ¿Joyas? ¿Un collar de diamantes? ¿La herencia de tu papá?” - dice a modo de broma. Así que piensa que soy millonaria, interesante. Claro que estoy en un evento de millonarios.
“Perdí algo muy preciado… algo que va más allá del dinero”
“Ummm ¿entonces que buscas?”
“Venganza” - digo simple y llanamente. Él parece mirarme en serio, realmente en serio, por primera vez. Se que da un tiempo pensando sin quitarme la mirada.
“Debo decir que estoy intrigado, señorita…”
“Moni”
“Moni. ¿Cómo se realmente es una aliada? Supongo que quiere dar mano a mis recursos ¿Me equivoco?”
“No se equivoca. Creo que ambos podemos ayudarnos mutuamente, yo obtengo mi venganza, usted el dinero que perdió. Aunque se lo que me va a decir… tiene demasiado dinero. Sin embargo… sé que a usted le mueve lo mismo que a mi, un sentimiento que compartimos y que es difícil de entender”
“Y…¿Cuál es ese sentimiento?” - pregunta, puedo decir que está cada vez más intrigado. Sus pupilas se ven dilatadas en sus ojos claros.
“Que no nos gusta que se aprovechen de nosotros” - digo inclinando mi cabeza, mi cabello cae suavemente para un lado y veo que él observa ese movimiento. Lo tengo donde exactamente lo quiero. El problema de los hombres mujeriegos es que… justamente su debilidad son las mujeres y sin darse cuenta, caen en su juego.
“Debo decir que me ha dejado con curiosidad. Has hecho bien tu trabajo, te lo reconozco” - dice acercándose más a mi. Estamos separados a un par de pasos.
“Me preguntó cómo saber si soy su aliada. Tengo una prueba. Le voy a dar un pedazo de información; Louis Warleggan trabajaba para Robson hace muchos meses atrás, mucho antes de las inversiones del puerto”
“Eso ya lo sé querida” - dice con actitud extra confiada, acercándose un paso más a mi. Ya puedo oler el tabaco más tangiblemente y ver como los mechones de su cabello se rebelan y caen en su frente.
“Si, pero no sabe cuáles son esos negocios, la mayoría dudosos... fueron negociados por Warleggan en Dubái, de forma que las pruebas no están aquí, en el país” - le digo y tomo con mis dedos su corbatín, jugando con él de forma distraída mientras siento su mirada sobre mí, susurrando le digo - “Dígale a sus investigadores privados… no al flaco alto, sino al bajito con cara de amargado que revise las incursiones de Warleggan a Dubái” - él asiente y me sigue mirando, puedo decir que está sorprendido pero lo esconde muy bien. Por supuesto que sé de sus tontos investigadores. Una mano de él sube a tomar un mechón de mi cabello, deslizándose entre sus dedos.
“Si está a gusto con mi información, puede contactarme a este número” - digo sacando una tarjeta simplemente con un número anotado. Se la coloco con cuidado en el bolsillo del pantalón, un movimiento arriesgado y tentador, pero que implica que yo me atrevo a traspasar las líneas imaginarias del propio espacio. De su espacio, de un hombre importante. Yo, una simple chica.
“¿Y qué pasa si quiero aliarme contigo?”
“Podremos ver los próximos pasos, trabajar juntos. Prometo que no exigiré nada que usted no tenga, al fin al cabo es un hombre poderoso con infinidad de recursos, yo soy simplemente una colaboradora” - le digo fingiendo modestia, que obvio él cree. Se acerca tanto a mi que ahora estamos casi casi juntos, él está inclinado para verme mejor.
“¿Y qué sucede si quiero más? Es decir, esta alianza puede ser muy muy productiva, beneficiosa y… placentera, si hacemos algo más que vengarnos” - dice y coloca una mano en mi cadera, paseando hasta mi cintura con la palma de su mano abierta, presionando en mi cuerpo con la punta de sus dedos. Yo coloco mi mano en su muñeca e intentó apartar su mano de mi. Esta es la parte que previa, y que me preocupa.
“Lo siento señor, su propuesta es atractiva pero yo estoy interesada solo en la venganza” - le digo de forma firme. Es un rechazo, pero delicado. Los hombres como él no están acostumbrados a perder.
“Pero yo creo que estarás más dispuesta a aceptar si probaras un poco de lo que voy a ofrecer…” - dice inclinándose a mi cara y yo volteo mi rostro.
“No estoy interesada señor” - repito.
“¿Por qué? Yo creo que viniste sola, no tienes un anillo de casada ¿Por qué una hermosa mujer como tu no querría estar con un hombre poderoso? Te puedo ayudar más de lo que imaginas” - pregunta en voz alta e intenta colocar su mano nuevamente en mi cintura.
Entramos en un forcejeo ridículo, rayando entre la cortesía y la imposición y ahora, no se que hacer, no quiero caer en esto, ni siquiera por la venganza. Había imaginado que sería persistente pero no tanto. Quizás haya tomado, o simplemente es un hombre que no sabe escuchar una negativa.
“No puedo porque porque…” - empiezo a decir y escuchamos una voz que nos sobresalta a ambos y nos separamos.
“¡Mon coeur!” - (Mi corazón) escucho decir a la voz con un profundo acento francés - “Te estaba buscando ¿Dónde te habías metido?” - dice con tono jovial y siento una mano cálida que se coloca en mi hombro mientras él me rodea con su brazo.