Capítulo 24: Usa tus ilusiones

3202 Words
Monique Una vez leí algo que decía como que el mundo es como creamos que sea. No lo entendía, no creía que fuera realmente verdad. Para mí el mundo es como era, o al menos eso pensaba yo: el cielo azul lleno o no de nubes, la gente iba caminando por la calle rápido o lento, los sonidos eran reales tal como los escuchábamos, las frutas al mezclarlas con azúcar iban soltando su sabor, acciones buenas o acciones malas se llevaban a cabo en el mundo. Luego me di cuenta de que eso no era del todo cierto. Yo viví muchos años en una ilusión. Pensaba que mi vida iba bien, que estaba en una relación, que tenía un novio… con defectos, pero que éramos un equipo. Lo involucraba en mis trabajos, en mis proyectos, en mi sueño. Nunca hablé de él con el futuro, y quizás eso fue un error. Yo supuse, una y otra vez. Supuse que íbamos a estar juntos por años, quizás toda nuestra vida. Si queremos podemos vivir en un mundo de ilusiones. Yo decidí vivir en uno así, puedo argumentar que era inconsciente o que lo hice sin saber, pero la realidad es que creo que sabía… algo en mi cabeza me decía que no estaba bien. Demonios… ¡Mis amigas me decían una y otra vez que no estaba nada nada nada bien! Pero yo en vez de afrontar los problemas, en vez de encarar y buscar los inconvenientes, la piedra en el zapato, la molestia ahí persistente… yo decidí esconder todo bajo la alfombra, como si nada. Caminaba por mi vida sabiendo que había basura bajo la alfombra, sin ninguna intención de limpiar esa mugre y suciedad. Esa molesta suciedad empezó a treparse, multiplicarse y atraer de todo tipo de alimañas. Y yo seguía ciega, ahí, esperando que mi vida continuara, haciendo caso omiso de las señales. Yo creo que mis amigas no pudieron hacer más para ayudarme, no si yo no quería ayudarme yo misma, no si yo no quería salir de una situación que ya empezaba a oler mal, muy mal. Ellas lo intentaron, y las amo por eso. Si… si uno quiere, puede vivir en un mundo de ilusiones. Podemos dejarnos llevar por realidades falsas. O podemos usarlas para ocultar nuestras verdaderas intenciones. En la venganza, como en la vida cada acción provoca una reacción igual o en sentido contrario. Realmente no se puede saber a ciencia cierta como será. Pero quiero pensar que los malos, los culpables, lo perverso… caerán. O al menos eso espero que no sea una cruel ilusión. Yo era una propia ilusión andante. Caminaba al depósito como si yo una simple cliente usual. Tenía una peluca de cabello corto y canoso. Aquí debe de haber cientos de depósitos con igualmente cientos de propietarios. Uno más uno menos. Phil me reservó un depósito solo para que me reconocieran y me dejaran pasar, con una identificación falsa, por supuesto. Caro no podía alterar las cámaras de vigilancia de los pasillos entre depósitos porque, uno no debería meterse en problemas, y dos, Phil llevaba esta empresa de seguridad… no podía quedar constancia de un mal trabajo, aunque él sabia que había un muy mal trabajo. Pero llevaba ropas anchas y luego de un poco de maquillaje, lentes para ver con un gran vidrio y un caminar lento, parecía una mujer mayor. Estoy casi segura que nadie le prestaría atención a una mujer mayor ¡Menos tener sospechas! Cuando entro, como imaginé el hombre que me atiende está muy pendiente de ver su celular. Así que entré como si nada, con mi disfraz y mi ilusión. Casi con el corazón revoloteando en mi pecho y mi respiración entrecortada llegué al número del depósito de ella. Había una especie de depósitos uno al lado del otro con un número y una puerta, anda más. Con manos temblorosas busqué la llave, mientras uno de los vigilantes pasaba detrás de mí y yo seguía haciendo como que buscaba la llave y tosía. Tranquila Moni, tranquila… si se puede. El depósito estaba totalmente silencioso mientras yo giraba la llave en la cerradura, se escuchaban unos pasos aquí otros allá, un poco del viento pero nada más. Un espacio casi herméticamente cerrado, sin acceso, o al menos así parecía ser. Al abrir la puerta está oscuro, doy un paso dudoso y cierro rápidamente. Dios mío que no haya aquí un cuerpo, o algo escabroso… no veo a Charlotte como una asesina en serie… pero ¿quién sabe? A tientas, busco el interruptor de la luz y cuando enciendo… parece una mini oficina. El espacio es pobre, hay un par de estantes, una escritorio, un estante con cajas muy organizado. Todo pulcro y cuidado. No sé si alegrarme o asustarme. Saco mi celular y le escribo a Caro. Ya adentro del depósito - escribo y mando fotos. Genial… parece un psiquiátrico antiguo pero limpio. La rubia estúpida está en un spa tomando margaritas. Ve rápido y ve mandando fotos - me responde y yo suelto un suspiro. No sé si hay cámaras, pero creo que mi disfraz es bueno; sin embargo, si hay alguna alarma que ella tiene… simplemente tengo que salir lo más rápido posible de aquí.¡Sin presiones! ¡Pura adrenalina! Me coloco unos guantes y empiezo a revisar, lo más rápido que puedo. Bajo cada caja y empiezo a sacar los papeles que tiene adentro, uno por uno y a tomar fotos. Hay montones de documentos y pruebas, y no dejo ni uno sin que le tome fotos. Veo que el nombre Warleggan se repite mucho, también hay cosas de los Maledetti, el esposo de mi amiga Dafne y empiezo a sudar. Voy caja por caja en lo que aparecen minutos. Por encima reviso y pareciera que con esto Warleggan está acabado, inclusive hay más pruebas del periodista y del abogado. Hay fotos del abogado y su amante, también con la esposa y fotos del periodista con unas chicas muy jóvenes… que asco de hombre. Sudo y mis manos tiemblan mientras sigo viendo archivos tras archivos, papeles tras papeles, en tanto ojeo de vez en cuando el celular que dejé en el escritorio, atenta a si obtengo un mensaje de Caro y tenga que salir corriendo, más o menos desaparecerme de aquí y salir como alma que lleva el diablo. Siento que la estúpida peluca me pica y los lentes se resbalan del puente de mi nariz una y otra vez. Los guantes me incomodan y siento que tengo horas aquí y debe haber estado solo como treinta minutos. Me he metido en lugares de todo tipo desde que inicié mi venganza, pero siempre llenos de gente, lugares en donde me puedo escabullir. No es que yo sea una militar preparada o una guerrera atlética y con un as bajo la manga ¡soy una simple cocinera! Si algo pasa solo hay una puerta para salir, mi única arma es mi celular…y esa sensación de sentirme atrapada es angustiante. Pero sigo revisando una y otra vez, de forma rápida. Facturas, informes falsos e inclusive fotos, sin duda de cámaras de vigilancia. Hay tantas cosas que no puedo detenerme a ver nada en detalle, rezo porque todo vaya llegando rápidamente. Reviso el celular y no hay mensajes de caro así que supongo que va todo bien. Empiezo a subir todas las fotos a la nube de Caro y ella me confirma que está llegando todo bien. Excelente. De repente veo que el escritorio tiene unos cajones. Hay una cerradura, pero quizás si… pienso y coloco la misma llave del depósito y ¡Voila! Abre, el sonido que hace es casi la gloria. Cuando jalo para terminar de abrir veo que hay más cosas, pero no son papeles, solo documentos o tonterías… sino cosas de apariencia más personal. Hay dinero en efectivo, tarjetas de crédito de varios países. Yo procedo a tomar fotos como loca. De repente mis manos dan con un sobre de papel y cuando lo tengo en mis manos y lo abro empiezo a ver fotos. Algunas son viejas, realmente viejas y están amarillentas, como de hace veinte años o más. En una está un hombre que parece ser… Robson de joven cargando a una niña, ella está de espaldas, pero tiene un pantalón y encima una falda rosa como un tutú, el cabello es oscuro y corto ¿Robson tiene una hija? Poco sabemos de él, pero no lo relacionamos con familia. ¿Qué hace Charlotte con este tipo de fotos? También al lado de él hay un hombre que me parece conocido, pero no logro identificar quién es. Atrás hay una fecha y una dirección. Tomo fotos. Pero más asombroso es que atrás de esa… encuentro fotos de Felipe, varias fotos, puedo ver que algunas son de hace años…por la ropa y el corte de cabello, aún no tenía las pocas canas que le empezaron a salir… eso quiere decir que la conoce desde hace mucho tiempo. En este preciso momento no puedo ni creer que alguien todavía imprima fotos ¡Menos de Felipe! En las fotos están abrazados, selfies y sonriendo. Reviso más fotos y hay varias de cuando estudiaban ¿Felipe estudió algo? Supongo que debe ser la época en que dijo que iba a conseguir un trabajo en el extranjero. Todo mentiras ¡Mentiras y más mentiras! Siento tanta rabia ¿Desde cuándo he estado jugando el papel de tonta? Sin duda se deben conocer desde esa época. Volteo una de ellas y dice Seattle ¿Seattle? No recuerdo que el haya ido a Seattle, mejor dicho, nunca conmigo. Felipe fue la peor y más falsas de las ilusiones. Es verdad que Felipe se desaparecía por épocas, siempre con un trabajo fantástico que luego resultaba ser un fracaso, pero esto es insólito. Además, se ve tremendamente vestido, arreglado con cosas caras, mientras siempre decía que no tenía dinero y yo tenía que poner mi sueldo tan arduamente ganado. ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio tanto! Pensé que no podía odiarlo más, pero realmente lo detesto. Dejo todo tal cual como está después de tomar varias fotos y estar maldiciendo en voz baja cada cinco minutos. Abro el otro cajón con la misma llave y aquí es aún más sorprendente…hay joyas, más dinero, varias identificaciones falsas de varios países. Foto, foto y foto a todo. Y veo varias llaves, algunas son sin duda de autos, otras parecieran que son de cajas fuertes. Demonios, sabia que esto iba a suceder así que me traje varios moldes. Empiezo a tomarlas con cuidado, presionando las llaves en el molde y tomándole fotos. No tengo la menor idea de a qué abrieran. Pero hay una que tiene un llavero que en letras redondeadas dice “Seattle” sin duda es de ahí. Sigo buscando y buscando como loca alguna información de esta llaves y las otras, que me indiquen que rayos y demonios abren. Sé que estoy relativamente segura, nadie debería tocar la puerta ni encontrarme infraganti, pero aun así me siento temblar. Estos no es un juego de niños me digo, mirando la mariposa ¿Para qué me metí en esto? Debería estar horneando galletas, peleando con las fresas porque no están limpias o la crema lo suficientemente esponjosa. Pero no, estoy aquí sudando tanto que los guantes se me pegan de forma incómoda en mis dedos. Finalmente, mi búsqueda rinde fotos y encuentro un papel con una dirección, parece escrito a las apuradas… dice Seattle. Observo la llave con el llavero…parece ser muy particular ¿Qué demonios? Tomo una decisión apresurada y la coloco en mi cartera. Es un riesgo que tomar, pero Felipe, Seattle, ella… no parece coincidencias. Necesito saber más, necesito saber que tengo una ventaja sobre ese infeliz gusano. Sin duda me toca un viaje a esa ciudad, quiera o no. Como cambian las cosas, nunca pensé que mi venganza me llevará a otras partes. Quizás conseguí algo genial al traerme la llave… quizás metí la pata. Temblando de nuevo salgo del depósito y con la calma del mundo cuál señora cansada salgo del depósito como si nada. Siento como si mis pulmones no habían podido respirar ni expandirse lo suficiente hasta que salgo. Inclusive me detengo en un auto cerca y me dispongo a respirar sintiendo como el corazón me late como loco, boqueando como una desquiciada. Insisto, no sé si estoy preparada para esto. Cuando entro a mi auto y enciendo el motor y salgo dele estacionamiento… me siento como si fuera una presa que acaba de huir de la prisión ¡Por la diosa! Qué feliz soy pienso y hasta doy unos gritos en el auto. ¡Salí ilesa! ¡Con muchas pruebas! Los otros conductores en la autopista se me quedan viendo y yo me quito los lentes y la peluca. De repente siento que puedo con todo, correr un maratón, enfrentar a Robson con mis propias manos y hasta atacar con un meteorito. Estoy tan exaltada y feliz que me dispongo ir a uno de los lugares que más me hace feliz en el mundo. Llego al estudio galería y veo que hay luz todavía en su oficina y abajo también. Debe estar por cerrar su taller. Me cuelo como siempre por la puerta trasera, este hombre no aprende… ¡Realmente lo van a robar un día de estos! Qué hombre irresponsable. Lo encuentro en el estudio como tal, está sentado de espaldas muy concentrado en una pintura, parece ser un paisaje. Me rio de lo silenciosa que soy y de la capacidad de abstracción de este ser. Hoy tiene una camiseta con mangas cortas y que se las ha arremangado hasta bien arriba, puedo ver sus brazos bien definidos… una vista nada despreciable. Sus brazos y manos están manchadas… y el olor de la pintura me encanta. Me asomo más para verlo y tiene los ojos cerrados, concentrado o cansado, no lo sé. Yo me acerco a ese banco que siempre tiene en el medio para sus modelos. Me siento de forma sexy, o al menos lo creo yo, con un pie en la silla arqueando mi espalda, mi cabello cae hacia atrás. Agradezco haberme colocado ropa cómoda, unos leggins holgados y una blusa negra larga que parece un vestido. Me veo hasta cool para ser ropa “de señora”. De repente él abre los ojos y su expresión vale mil millones de dólares. “¡¡Pour l'amour de Dieu!!” - (Por el amor a dios) dice en voz alta con susto y yo me echo a reír como loca. Baptiste se tapa la cara con las manos, visiblemente afectado y yo aún sigo riéndome. “Mon pauvre cœur, veux-tu me tuer ?” - (Mi pobre corazón, ¿me quieres matar?) - dice y veo que su cara está roja y yo solo le sonrío y me acerco a él. Coloco una mano en su corazón y late de forma rápida como si se fuera a salir. Me inclino y le doy un beso en su pecho. Él coloca una mano en mi cabello y cuando me levanto los mechones corren entre sus dedos. “Pobre corazón… realmente le di un gran susto” - digo inclinando la cabeza a verlo, mientras acaricio su rostro. Él sigue sonrojado, pero me da una mirada tierna. “Mi pobre corazón late así cada vez que te ve… Monique” - susurra y hace que me derrita. Yo me acerco y lo beso. Siento que tengo lo que quiero, avance en mi venganza y… él. Más precioso que el oro y los sueños. “¿Cuándo vas a aparecer como la gente?” - pregunta un poco desesperado. “Cuando arregles la seguridad de tu estudio, Chérie es realmente mala. Muy mala” - (Cariño) él se levanta de su asiento y me besa. Me toma en los brazos y me trae hacia él. Se ve ahora más tranquilo “Necesito alguna compensación por las molestias y daños ocasionados” - dice y yo levanto una ceja. “¿Molestias, daños?” - él señala su corazón y yo me rio. “Está bien… ¿Qué quieres francesito?” - le digo lo mejor que puedo acercándome a su oído y susurrando bajito” - lo siento temblar un poco cuando me escucha y luego lo veo con una mirada inocente. No, no soy nada inocente. Él se ve que lo piensa muy profundamente, pero algo me dice que ya tiene algo en mente, desde hace rato. “Quieres que poses para mí” “Siempre poso para ti… “ “Sí, pero esta es especial” - aclara él y yo lo miro extrañada. “Quedamos en que no iba a posar desnuda” - digo y él se ve avergonzado de repente. “¿Qué? ¡Como si yo quisiera que alguien más te vea desnuda! ¡En una galería! ¡A la vista de todos! No no no no no… quiero pintarte tal como te conocí. Ese vestido… todo - dice y yo sonrío. Echo mis brazos a su cuello y le doy un suave beso, corto, solo un dulce roce. “Me gusta como piensas” - él sonríe encantado - “Está bien… es lo menos que puedo hacer por ese lindo corazón” - digo dándole otro beso a su pecho y su corazón está más calmado. Él ahora si parece contento de que lo haya asustado. “Y tengo otra idea que te podría gustar… una invitación” - me dice y soy toda oídos. “Quisiera que me acompañaras en mi mini gira que me armó Zoe… vamos a visitar varias ciudades del país. Sería algo rápido o podríamos quedarnos… días. Como tú quieras, mon coeur” - dice viéndome a los ojos. No puedo negar que esa idea me gusta. Viajar con él, conocer ciudades. Asiento feliz y él me lleva a una mesa donde hay unos planos. Veo un mapa con listas, fotos, información de galerías. Mientras yo observo, una de sus manos está en mi cadera, la otra abraza mi cintura, Baptiste aparta mi cabello a un lado y apoya su barbilla en mi hombro dando suaves besos a mi cuello. Yo suspiro de las delicias que hace en mi piel y coloco una mano en su brazo que me sostiene, apretando hacia él. Es tan tierno e intenso, escucho como huele mi cabello y siento como sus labios succionan mi piel con sutileza. Parece que Zoe ha armado un gran viaje y temo que él esté mucho tiempo alejado de mí. Por la diosa esa idea hace un hueco en mi estómago. Me doy cuenta cuanto lo necesito cerca, así al alcance de mi mano. Acaricio su brazo, su piel maravillosa bajo la palma de mi mano. Baptiste sigue besando mi cuello y ahora besa mi hombro, moviendo la blusa. Y de tanto en tanto me susurra palabras dulces en francés. Odio que sepa tan bien lo que me gusta. Mentira, me encanta. Mentira, lo odio. Hasta que mis ojos se posan en una palabra en específico del tour. “Seattle”
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