Monique
¡Estúpida, estúpida, estúpida!
Es lo único que puedo pensar. ¡Y estúpido francés! Después de esa fiesta y ese electrizante beso ¡Ahora no podía pensar en otra cosa! ¡Literalmente! ¡Demonios! Baptiste se había metido bajo mi piel incluso cuando me había prometido mantener las distancias, cuando pensaba que podía balancear mi venganza con su deliciosa presencia… pero estaba demostrado que era una misión casi imposible.
¿Cómo puedo concentrarme en Charlotte, en hacer seguimiento a mis objetivos, en mis otros trabajos, en mi plan...si solo pensaba en él? Pensaba en sus manos en mi vestido, en como jugaba con el borde para colar sus cálidas manos en mis piernas, en mis manos en su suave piel, sintiendo sus músculos en su espalda y pecho. Por la diosa esa noche si fue desinhibida ¡Como nunca lo había hecho! Sip, debió ser el alcohol sin duda. Ahí tenía razón el francesito, ambos habíamos tomado y yo estaba perdiendo todas mis restricciones y también mi cerebro.
Él me miraba de una forma y sus ojos se oscurecían como si no pudiera dejar de verme, como sin solo posar sus ojos en mí le nublara la mente. Y por la Diosa, esa mirada envía una señal directa a mis piernas y me hace temblar. Se inclinaba y toma mi boca, de una forma tan enloquecedora que me deja sin aire en segundos. Es tan placentero que no quiero que termine, y a la vez, va creciendo el deseo, las ganas y sé que esto es solo el comienzo. Quería mucho más, demonios ¡Mucho más!
Me susurraba deliciosas palabras en francés de forma seductora cuando se separaba y solo daba suaves roces a mis labios con los suyos, de tanto en tanto. Él sabía lo que me provocaba su acento francés ¡El muy descarado lo sabía! La punta de su nariz tocando la mía y es una danza de tentación, un juego, dulce, delicioso, con ganas de mostrar más y más.
Yo le acariciaba el cabello, y él iba a besar mi cuello, besar mi escote y yo trataba de colar mis manos por el cuello de su camisa ¡Qué hombre por la diosa! Él seguía ese camino tortuoso, yo lamentaba no tener mis tacones altos para al menos intentar besarlo de nuevo, tener algo de poder, dominarlo por una vez. Quería tanto besarlo que siento que mis labios me duelen, jamás sentí esto por ningún hombre, menos por el infeliz gusano. Para complementar no importa cuánto tiempo pasemos juntos, no parece ser suficiente, como si no me hubiese besado lo suficiente. Me gustaban sus reacciones cuando le hablaba, cuando lo seducía, cuando le decía lo que siento, lo que necesito, y quería decírselo todo el tiempo.
¿Cómo una pobre mujer puede trabajar así? Una mujer que nunca había conocido ese nivel de pasión, una mujer que no había sido besada así en toda su vida. Baptiste me tenía en la palma de su mano, esas grandes y maravillosas manos ¡Demonios! Realmente no podía concentrarme, porque ahora lo único que pienso en las puntas de sus dedos, en sus manos grandes recorriendo mi piel, en su cuerpo detrás de mí bailando, acercándose, tentándome. Soñaba con los suspiros que salían de su boca, con su cabello deslizándose de mis manos, con su sonrisa, con su gesto de relamerse sus labios cuando me besaba.
Cada detalle de él es un sueño, el nacimiento de su barba, una pequeña arruga al rededor de los ojos, esa mirada vibrante, sus manos a veces manchadas de pintura, Sus brazos cargándome, la forma en que mueve sus labios cuando pronuncia mi nombre con ese acento francés que me derrite. Pensé que él iba a ser una alegría en mi vida, pero se ha convertido en una tormenta, un tornado que arrasa con todo lo que tengo sobre la mesa: mis objetivos, mis esperanzas, mi cuidado, mi miedo… se lleva todo y no deja vacío… sino todo lo contrario. Me siento increíblemente satisfecha solo con saber que él está pensando en mí. Por si fuera poco, él me dejaba los mensajes más dulces del mundo, para que supiera que estoy en su mente.
Como quisiera volver a estar en ese jardín ma muse… no sé si pudiera controlarme de nuevo.
Necesito verte de nuevo y darte todos los besos que no te di… siempre creo que fueron insuficientes.
¡Si vieras como están mis obras ahora! En todo estas tu mon coeur, y es lo único que necesito.
Mon bonheur porte un prénom et désormais il portera le tien… Monique. (Mi felicidad tiene un nombre y ese nombre es el tuyo… Monique)
Y cosas así que me hacían dar suspiros en voz alta como si tuviera trece años y viera a mi grupo de música favorito. Él estaba de viaje, Zoe había organizado una gira por la costa para ir hablando con galerías, museos y exposiciones. Era “El retorno del gran Baptiste Katz” como a ella le gustaba decir de forma pomposa. Él iba renuente, quería estar pegado a mí como un chicle. La parte fría de mi cabeza lo veía como una gran oportunidad para alejarme y tomar un tiempo para pensar en mi plan, tenía varias cosas sobre la mesa en qué pensar.
¡Ahhhh pero no! La señorita se encontraba de cuando en cuando suspirando como demente, pensando en sus besos, en su toque, en su sonrisa, en sus caricias ¡Nada de trabajo, sino fantasear! Quizás es porque nunca me había pasado ¿Fantasear con Felipe? Ughhhhh nooo. Ahora no solo me arrepentida de haber estado con él tanto tiempo, y de todos los terribles desenlaces que eso conllevó. Si no que me preguntaba… ¿Cómo estuve tanto tiempo con un hombre al que realmente no amaba? Quizás lo ame en menos medida, algo de cariño había. Pero más costumbre que otra cosa. Mis bellas amigas siempre me decía que podría tener una mejor relación, que merecía más, mucho más. Tenían razón, tuve que entender esto muy tarde, lamentablemente.
Estaba tan embobada pensando en Baptiste y en arrepentirme de mi tiempo pasado mal usado que Caro me había armado un escándalo cuál madre molesta de que tenía que enfocarme. Creo que estuvo a punto de lanzarme algo, cualquier cosa que tenía a la mano, y siempre tiene cosas electrónicas, así que me dio miedo. Ella es chiquita, pero da miedo, se los digo que sí. Me dispuse a hacer lo que tenía que hacer.
Charlotte. Era mi próxima víctima. Ya no estaba con juegos, ni tonterías, ni periodistas, ni abogados ni personajes segundones en esta historia. Iba al tope del tope, ya no era un juego de niños… aquí tenía que ser muy cuidadosa. Tenía que ser ella porque Phil me había dado un buen regalo, un muy buen dato. Caro y yo habíamos averiguado sobre el depósito, bueno más ella que yo que seguía pensando en como se sentía el cuerpo de Baptiste cuando colaba mis manos bajo su camisa. Me muerdo el labio de solo pensarlo. ¡Auxilio!
La dirección de una de esas empresas de depósitos. ¿Qué guardará Charlotte ahí? Tenía una dirección, pero sin llave u otra información, no tenía nada. Caro y yo habíamos planeado entrar a su departamento para ver si encontrábamos la llave, pero era un condominio muy exclusivo y ella salía y venía a su antojo. Tenía que buscar otro plan. Phil me comentó en un mensaje muy críptico que en los depósitos más especializados y VIP, como el de ella, se usaba una llave muy especial, es decir no había forma de forzar ese depósito. Genial, otra cosa más. Phil andaba muy enigmático, creo que aún no superaba haberme visto muy acaramelada con Baptiste… y eso que no me vio en el jardincito. Se hubiese desmayado de la molestia, o infartado. Pero no me preocupa, nuestro acuerdo se mantiene, y si no me equivoco… ese hombre volverá a perseguirme en menos tiempo del que creo.
Conseguir una llave tan importante así que me tocaba aplicar plan B, investigar donde ella podría guardarla, mi lógica decía que tenía que cargarla con ella, dejarla en su departamento parecía poco probable. Caro y yo quedamos en que lo mejor era seguirla por un tiempo, muy al detalle de sus pasos. No era una perspectiva agradable, seguir a la mujer que te había quitado a tu novio, uno inútil, peor igual. Phil nos había mandado una llave de ejemplo, era una llave chiquita, fácil de colocar en un llavero con otras llaves.
Caro casi se fue a mudar al hotel frente a la casa de Charlotte y yo traté de encontrar un trabajo donde ella frecuentaba. Mis mejores opciones eran un restaurantes, esa mujer se paseaba por los mejores para desayunar, tomar un café, comerse una insulsa ensalada, brunchs, cenas, tragos, todo. Con mi experiencia de mesera, seguramente iba a encontrar un buen puesto. Pero tenía miedo de que me reconociera si aparecía a cada momento aparecía en una mesa a servirle… en algún momento se daría cuenta y tenía que aprovechar bien mis oportunidades. Tenía que buscar otra opción, una quizás más rebuscada… entonces empecé a armar mi plan.
Otra vez agradecía a Lolo por prestarme su ropa fabulosa. Lucía un abrigo verde oscuro que me llegaba a la rodilla con muchos bolsillos, elegante y chic, botas altas pero cómodas en caso de tener que salir corriendo. Lentes oscuros de diseñador y el cabello recogido en un pulcro moño. Según nuestras averiguaciones, Charlotte tendría que ir a buscar un pedido exactamente a las tres de la tarde en una de las principales boutiques en la calle más importante de la ciudad. Yo ahí ya la esperaba, adentro, mirando muy entretenida la ropa. Cuando la veo.
Ella parece muy ensimismada caminando rápidamente como si huyera, pero no viene sola, caminando atrás de ella, pisándole los talones nada más y nada menos que Warleggan. Viene gritándole a ella al aparecer pidiéndole ayuda.
“Charlotte, me lo debes y tú lo sabes” - dice entre dientes bajando la voz una vez que entran a la tienda. Es obvio que él no quiere estar aquí
“Yo no te debo nada Louis… hicimos negocios, tú no supiste controlar a tu gente… tu problema. Y cuando digo tu gente… es a tu noviecita, tú sabes esa pequeñita de cabello oscuro que tengo entendido es la nueva CEO de Maledetti Group. ¡Quien iba a pensar que una chica tan simple se iba a quedar con semejante bombón que es Stefan Maledetti!” - dice ella y solo que mencionen a mi amiga Dafne hace que corra un repentino ataque de ira ¡Cómo se atreve! Warleggan parece igual de molesto. Sin embargo, todo este alboroto que tienen, me puede ser útil.
“Tú sabes bien lo que paso ¡Es culpa de ustedes también que ella descubriera todo! ¡Y ni me menciones a Maledetti!... lo detesto cada vez más” - dice echando casi humo por su nariz y orejas. Debería odiarse a él mismo, Stefan y Dafne solo hicieron el bien.
“En fin… Robson… y menos yo, tenemos culpa de tus metidas de pata. Era una buena oportunidad. Si ustedes no lo hubiesen dañado… nada de esto sucedería. ¿Crees que nosotros no perdimos?” - dice con voz molesta. Esta mujer se ve delicada, fina y débil… pero algo me dice que no lo es. Es una gran oponente.
“¿Perder? Ustedes perdieron millones de los miles de millones que tienen ¡Yo perdí mi empresa!“- dice ofuscado y a veces levanta la voz para luego bajarla cuando alguien los ve mal. Yo ojeo unas pulseras mientras estoy a espaldas de ellos, quieta como si nada - “Además… ¿De verdad creen que está todo bien? Mark está preso e imagino que va a empezar a cantar todo lo que sabe, James también está acabado. Todos van a terminar en la cárcel… ¿Ustedes creen que no?” - pregunta de forma amarga. Veo a Charlotte a través de un espejo y parece inmutada, segura y serena. Yo me muevo al lado de ella mientras habla, más bien, suelta una risita.
“Louis Louis Louis… no seas tonto, nosotros jamás perderemos. Es decir si, se abrirá la investigación, y si tienen pruebas, solo reforzará tu culpabilidad. En cambio…. no hay pruebas contra nosotros. Más bien ¿por qué no te quedas en una esquina llorando por tu ex noviecita? O mejor… continuas con el plan de hacerle creer a sus clientes que ellos están malversando los fondos de su…¿escuela? ¿Biblioteca? Lo que sea que tenga ella y el muñecote Maledetti, no sé… esas cosas de ayudas a la gente pobre” - dice con un gesto de lástima, también tiene una cara de imaginarse a Stefan ¡Descarada!. Esta mujer es lo peor, y ¡Warleggan ni se diga!
Tengo que alertar a Dafne, pero estoy segura de que tienen todo bajo control, estas deben ser patadas de ahogado de Warleggan.
“Eres una estúpida Charlotte… te juro que que…” - dice él con cara de rabia y ella se le voltea rápidamente… yo aprovecho de colocar, muy disimuladamente, un par de pulseras en el bolsillo de su abrigo, y un anillo en un bolsillito de su cartera. Siempre me preguntaba para qué servían esos mini bolsillo… bueno sirvieron para implantar cosas.
“Louis… debo reconocer que tenía una debilidad por ti… eras un chico lindo y atractivo y pasamos unas buenas noches, juntos… pero no te la des de inteligente porque no lo eres. Si Robson y yo caemos créeme que tú te vas más abajo ¿Acaso quieres que le diga a tu querido padre como has perdido la herencia familiar? Tu empresa está extinta, pero ¿Y la casa familiar? ¿Sabrán que la están a punto de perder gracias a ti?” - le dice ella colocándole un blanco dedo en su cara - “Tú hablas corazoncito… y yo digo todo eso y más… tengo montones de pruebas en tu contra” - dice y vuelve a ver cosas en la tienda como si no acabara de amenazar a un tipo.
“¡Me la pagarás! ¡Lo juro!” - dice en voz alta, lleno de furia, rojo y sale trastabillando de la tienda. De verdad, este hombre no se ve en buen estado.
Charlotte se va al mostrador y su pedido no está listo, le piden que vuelve mañana y ella accede, algo nerviosa por el altercado con Warleggan, de algo sirvió ese rubio malagente. Cuando está por salir por la puerta suena el indiscutible y tormentoso pitido de la alarma de seguridad. Todos en la tienda nos damos miradas de ¿Qué rayos? Y Charlotte parece incómoda, hace como si anda ha pasado, pero da dos pasos atrás, como para confirmar que fue un error. Vuelve a pisar y efectivamente vuelve a sonar. Charlotte pone pose de digna, pero tiene a todos nerviosos el sonido que va y viene cada vez que ella coloca un pie en la salida.
La vendedora viene e intenta comprobar que todo esté bien sin acusarla de robar nada. Sabemos que no es nada fácil la situación no hay forma correcta de preguntar Hola, ¿qué tal?… ¿Nos estás robando? Pero la seguridad funciona bien, así que es… la cliente. Charlotte pasa sin su cartera y su cartera y suena, pasan la cartera aparte y vuelve a sonar. La situación está complicada.
No ha pasado ni dos minutos cuando entra una persona por la puerta. Una mujer pequeña de cabello corto oscuro y apariencia de niña, con lentes oscuros, pero con una pose matadora de policía. Es Caro, obviamente. Con voz autoritaria se anuncia, muestra una placa más falsa que las mentiras de mi exnovio, ni nombre tiene en la placa y pasa a la tienda, evaluando la situación.
“No no… creo que la policía no es necesaria” - dice una de las chicas que atiende el local, ya casi sudando de la situación. Charlotte está entre histérica y avergonzada.
“Lo siento señorita, es el procedimiento habitual, su alarma está conectada a la estación” - dice super segura. Al aparecer todos están tan nerviosos con lo que sucede que nadie parece extrañado de una policía tan pequeña y flaquita. Con un traje que sin duda es disfraz, creo que hasta se lo vi en una fiesta. De la nada saca uno de esos aparatos que detectan metales que usan en los aeropuertos que es como una vara, y, otra vez a nadie esto le parece extraño que un oficial de policía ande con algo así. Con obvio placer Caro pasa el aparato cerca de Charlotte que está roja como un tomate. Bip bip bip bip suena el aparato.
“Creo que sería prudente que pasáramos a alguna habitación a revisar a la señorita” - dice Caro como si nada.
“¿Cómo…? ¿Como se atreven? ¿Saben quien soy yo? ¡Los voy a demandar!” - dice entre dientes la rubia acusada de forma amenazadora mientras intenta no llamar más atención que es difícil, a estas alturas todos observamos con la boca abierta. Hay unos a los que solo le falta palomitas.
“Como quiera señorita… vamos a la estación entonces” - dice Caro empezando a sacar sus esposas, falsas imagino… o quiero creer y toda la sangre en la cara de Charlotte se escapa. Es como si le hubiesen dicho a un gato que iba a bañarse. Entre maldiciones acepta irse a un cuartito atrás de la tienda, la oficina o depósito de la tienda con Caro y una de las chicas que atiende, la otra intenta que todo vuelva a la normalidad. Varias personas salimos de la tienda, luego de los emocionantes acontecimientos, yo incluida.
Me voy a un café al frente de la tienda y pido algo de tomar. En estos momentos Caro debe estar revisando a Charlotte, la vendedora quizás encontró el anillo en el bolsillo de su abrigo y Caro, con guantes puestos revisó su cartera, sin querer tomaría la llave del depósito, una particularmente pequeña y mientras nadie ve y hace que llama a una patrulla. Mientras lo que realmente hace es colocar la llave en un molde de cera, presiona y así tenemos el molde para hacer una copia, es solo agregar metal y ya. La cartera, se caería al piso y mientras recoge las cosas metería la llave en el llavero como si nada. Quisiera soñar que Charlotte está esposada… pero no sé, quizás no. Vamos a pensar que si… solo para que se vaya acostumbrando. Le harían pagar a Charlotte por lo que se robo para dejar todo tranquilo.
Mientras tomo mi café, veo salir a Charlotte que grita como una desquiciada, seguro dirá cosas como “¡Los demandaré! ¡Los arruinaré! ¡Tienda de pacotilla! ¡No son nada!” y otras bellezas. La dejarían ir solo porque no se ve como una mujer cualquiera. Todo es cuestión de las impresiones. Caro diría que va a archivar para una demanda e inclusive la veo hablando en la puerta con la vendedora nerviosa. Caro es realmente impresionante. Se va como si nada con su uniforme y hasta otros ciudadanos la saludan con respeto. Insólito.
Diez minutos después entra al café con su look desparramado de siempre, pantalón roto, camiseta de algún juego de video, su cabello corto despeinado. Jamás nadie pensaría que es la respetable policía, oficial sin nombre.
“Excelente como siempre” - le digo sonriendo. Le acercan una merengada de fresa a Caro con una torta de chocolate que yo le había pedido. Siempre se queja de que yo no le hago postres, especialmente tortas. Ella inmediatamente la prueba.
“Una pobre sustituta de tus tortas, pero… gracias de todos modos” - dice con la boca llena de chocolate. Sí, nada más lejos que un oficial de policía.
“¿Cuándo crees que podamos tener la llave?” - pregunto.
“Hoy a la tarde, el molde quedó perfecto y ella jamás imaginará que sucedió. Es más intentará olvidar que algo tan vergonzoso pasó ¿Cuándo irías al depósito?” - pregunta aun atacando la torta.
“Esta semana, tengo que revisar la zona primero” - digo y recuerdo la escena afuera de la tienda - “¿Qué le dijiste a la vendedora?”
“Algo como que su jefa debe estar muy orgullosa de que haya evitado un robo… ahhhh y también le mande una foto de Charlotte… tú sabes para que la tengan como sospechosa en esa y en otras tiendas” - dice tranquilamente - “Es una red grande así que… no será bienvenida en muchos lugares” - yo me río como loca, un toque genial. Aprovecho y le cuento lo de Warleggan, sip fue como matar dos pájaros en un solo tiro, ella le avisará a Dafne. De repente veo que Caro tiene un objeto brillante en su mano ¿Qué demonios?
“¿Es el anillo de la tienda?” - pregunto tomando su manita. Si efectivamente lo es. Ella parece poco afectada, se encoge de hombros y me dice.
“¿Sabías que no me dejan entrar en esa tienda elitista? Solo por mi apariencia, así que… lo tomé, culparán a Charlotte de todos modos” - dice como si nada. Y yo que me sentía mal por la tienda. Ahora un poco menos. Si alguien tiene un prejuicio con mi amiga, se las verá conmigo y bien merecido tienen lo que les pase.
Hablamos de nuestros planes y de como en ese depósito sin duda Charlotte debe tener las pruebas de las que tanto habla. Mañana empezaría la próxima fase de mi plan. Caro seguía analizando la información encontrada en el celular de Mark Parr. Robson y Charlotte no están nerviosos, quizás deberían, pero mejor que se sientan seguros. Así no me ven venir. Y de que les voy a llegar, les voy a llegar.