La oscuridad de la fría noche me indicaba que nada podía estar peor; mi hija murió y es obvio que el destino está retomando su lugar como es debido. Encendí un cigarrillo cuando presentí a mi padre… -Hola Abalam.- dijo Asmodeo. Su esencia era como una sombra borrosa, ya no tenía un cuerpo físico ni mucho menos energía. -Mmmm.- le di una calada a mi cigarro. -¿Cómo estás? - se acercó a mi.- Creo que ha sucedido algo desagradable, tu energía es distinta. -Así es.- sonreí de lado.- La pequeña murió al nacer. -Era de esperarse. -me miro.- No querías que naciera porque sabes que eso cambiaria todo. -Quería que cambiara el maldito destino. -Eso jamás va a pasar y lo sabes. -Es lo que más me preocupa de ello. -¿Te preocupa que tus tres hijos lleguen a la tierra? -Me preocupa perderlos

