Otra cita, otro hombre y tu.

3127 Words
Aquél lunes, mientras esperaba la siguiente clase, Samanta seguía viendo las fotos de la fiesta que el resto de invitados había compartido en sus r************* , sabía que no encontraría ninguna foto suya, “era lo agradable de que la mayoría de personas te detestaran y no te incluyeran” era lo que ella pensaba.  En realidad el único motivo tras esta búsqueda era para ver si podía encontrar al chico de esa noche, por más que quiso dejar aquello en el olvido, no pudo, así que estaba decidida en saber de quién se trataba, sin embargo por más que observo cientos de fotos, en ninguna salía el desconocido, pero pronto sus ojos localizaron a Álvaro, estaba etiquetado en varias fotos, en su mayoría con su novia, entro en su perfil, y se debatió un momento en mandarle una solicitud de amistad. “Después de todo, ya nos conocemos”, pensó. -          ¿Qué estás viendo? – le preguntó Alicia, mientras tomaba asiento frente a ella. -          Las fotos de la fiesta del viernes. -          ¿Y eso? No creo que salgas en ninguna. -          Eso ya lo sé, Alicia – Samanta entornó los ojos y le mostró su celular - ¿conoces a este chico?   Alicia cogió el celular con su mano libre, mientras que con la otra cogía su soda sabor uva y sorbía de ella, pasó el dedo un par de veces por la pantalla de manera desinteresada para ver más fotos. -          Sí, creo que llevamos algunas clases con él, ¿Por qué? ¿estas interesada? – preguntó a Samanta, enarcando una ceja y mirándola extrañamente. -          Por supuesto que no, sabes la regla... -          Si, si, no salir con nadie de la universidad – Alicia suspiró y le entregó el celular – pues menos mal no estas interesada. -          ¿Por? -          La chica que aparece a su lado en todas las fotos, la de grandes ojos grisáceos, es su novia, y por lo que se dice, es demasiado posesiva. -          Ni que lo digas, el viernes marcó territorio frente a mí.   Samanta rio al recordar el cómo había reaccionado su pequeña novia, no le gustaba la sensación de inseguridad de otras mujeres, en realidad era algo que le molestaba mucho, y lo que menos quería era que otras chicas se sintieran de esa forma por su culpa. -          Explícate, eso no me lo contaste. -          Nada importante, solo fueron unos cuantos minutos que mantuve una conversación con él, ellos… – Samanta le relató todos los sucesos de esa noche, incluido el pequeño encuentro de acoso con el desconocido, sin olvidar el detalle que Álvaro tuvo con la toalla y los hielos y el cómo su novia se aventó contra él, besándolo y abrazándolo, todo frente a ella. -          Espera, espera, y ese sujeto solo ¿desapareció? -          Si, en cuanto escuchó el grito de Álvaro, salió por la puerta delantera y bueno, en realidad no tuve muchas ganas de ir tras él. -          Claro, te comprendo… pero, dices que no lo reconociste, ¿verdad? -          ¡Vamos!, sabes lo pésima que soy recordando rostros… No tengo idea de sí el sujeto es de esta universidad o de otra, y siendo sincera espero no volver a encontrármelo. -          Tonta – le dijo Alicia, mientras le daba un puntapié suave en la rodilla con el pie, por debajo de la mesa – la próxima vez que necesites ir al baño, avísame, no vayas tu sola. -          Lo sé, lo sé, no te preocupes… pues bien, gracias a Álvaro, el tipo no pudo hacer más, y sí, su novia es un caso especial. -          ¡Bastante especial! Es famosa por hacerle escenas de celos a su novio, de hecho es por eso que ubico a tu salvador. -          Eso sí que es vergonzoso – comentó Samanta, y su amiga solo asintió – y no le digas salvador, es raro ¿sabes? -          ¿el qué? -          Pues… últimamente me lo encuentro mucho, y parece que fuera simple coincidencia, pero hasta hace la semana pasada que supe de su existencia, y ahora me lo he encontrado dos veces más, realmente empiezo a pensar que me está siguiendo. -          ¿qué? ¿de qué hablas? Estas paranoica, ¿Cómo te va a estar siguiendo? Además, ¿de qué otras veces estás hablando?   Samanta le relató las veces que se había encontrado con Álvaro, la primera vez que lo vio en la terraza mientras esperaba a su cita y luego de eso, en la calle mientras esperaba a que pasaran por ella, luego cuando la salvó el día de la fiesta y finalmente el fin de semana mientras desayunaba con su hermano. -          Es que te lo juro que es muy extraño… -          Para nada, seguramente ya lo habías visto otras veces, pero como nunca le pusiste atención de la manera apropiada, nunca te diste cuenta. – le aseguró Alicia, tratando de que olvidara aquella extraña idea. -          ¿Tú crees? -          Sí, te lo aseguro. Por cierto, ¿encontraste la agenda roja? -          No, y temó ya no encontrarla… creo que en definitivo la perdí – Samanta suspiró y se levantó después de observar la hora en su celular – pero bueno, no es la gran cosa, por el momento usaré la agenda del celular. -          Como debiste hacer desde un inicio.   Samanta le mandó una mirada de advertencia para que dejara de seguir hablando, y ambas caminaron hacia el aula donde se daría la próxima clase. Para Samanta, ciertamente el que su agenda siguiera perdida era algo que le preocupaba, pero trató de ver lo positivo, pronto el mes terminaría y en el siguiente tenía escasas tres citas más, la mayoría apenas serían agendadas, así que prácticamente al finalizar el mes, su preciada agenda roja, ya no tendría información de importancia.   Mientras ella pensaba en eso, también se preguntó sí era lo mejor el mantener a Álvaro cerca, dado que era el único, por lo que ella sabía, que tenía conocimiento de que tenía citas, así que de cierta manera tenía que estar segura de él no revelaría su secreto, determinó que sería algo que tenía que meditar muy bien, pues aunque le daría más tranquilidad el saber que él prometería no decir nada… por otro lado, no quería que se hicieran cercanos, el motivo principal era que no quería que él malinterpretara su reciente fijación, es decir, “Álvaro podría creer que en realidad soy yo quien lo persigue, al estarnos encontrando casualmente por todos lados”, pensó, y otro motivo, tal vez el más fuerte de todos, no quería tener problemas con su novia. Samanta a pesar de toda la imagen que ella pudiera representar o proyectar, era muy respetuosa con las relaciones ajenas, no quería que su acercamiento hacia Álvaro fuera malinterpretado, así que tenía que idear muy bien un plan para acercarse a él.   Un par de días pasaron, y Samanta pronto estuvo lista para agendar una nueva cita, había decidido darle una oportunidad al amigo que Damián le había dado su número, no tenía grandes expectativas hacia él, dado que no lo conocía, pero como no tenía nada mejor que hacer, decidió abrirse un espacio para poder salir con él.   Al ser entre semana, el centro comercial donde habían quedado de verse Samanta con su cita, estaba bastante vació, así que mientras ella esperaba a que el chico en cuestión llegara, se metió en una boutique a ver bolsos de mano, estaba muy entretenida en su labor que no se dio cuenta de que a lo lejos era observada. Álvaro podría acusar a las fuerzas del destino o simple casualidad, pero aunque la cita fue agendada de último momento, fue una suerte para él, quien no tenía ni la más ligera sospecha, el estar en el mismo lugar donde Samanta tendría su siguiente cita, decidió no ir a saludar y en cambio observarla desde lejos, no quería verse demasiado sospechoso encontrándose con ella cantidad de veces.   La cita de Samanta pronto llegó, no era el chico más apuesto, sin embargo se le notaba que hacía deporte, se veía de una excelente condición, con el cuerpo atlético y aunque era un poco más bajo para su gusto, tenía lindo cabello y su rostro tenía cierto toque infantil. -          ¿Samanta? Soy Oscar – el chico se acercó a ella con una sonrisa confiable, ella asintió y se saludaron con un beso en la mejilla – eres mucho más bonita en persona. -          Hola, y gracias – para Samanta ese había sido un cumplido muy típico, pero sonrió y decidió que tendría una excelente conversación con la persona frente a ella - ¿Entonces solo me habías visto en fotos? -          Si y no – contestó Oscar y ella le vio confundida – Te había visto un par de veces en los partidos a lo lejos, siempre vienes acompañando a la novia de Damián, me pareciste muy bonita, después encontré tu perfil en i********: y bueno, eres bastante fotogénica pero en persona debo decir que en serio impresionas. -          ¿te impresiono? – ella se rio, estaba acostumbrada a recibir este tipo de cumplidos todo el tiempo, pero no supo porque esta vez le parecían más cómodos. -          Si, si, eres muy bella… en serio, no entiendo porque todavía no tienes novio, cuando Damián me dijo que eras soltera, no lo podía creer.   Para Samanta toda la felicidad se le fue en un abrir y cerrar de ojos, casi estaba segura de que Damián había hablado de más y que ahora mismo, la persona que caminaba a su lado, sabia la verdad tras su soltería… el recuerdo de aquel “evento desgraciado” volvía a ella y eso hizo que pronto se pusiera incomoda y de mal humor. -          En realidad, no creo en el amor y solo salgo con chicos por diversión ¿lo sabías? – confesó de una manera sumamente gélida. Para ese momento Oscar pronto descubrió que toda la hermosura y dulzura que había percibido en ella en un inicio había desaparecido, sin embargo se lo quiso tomar en broma, y comenzó a reír, aquello solo hizo enojar a Samanta. -          ¿Crees que estoy bromeando? – dijo ella, y se volteó a verle - ¿Qué más te dijo Damián sobre mí? -          Nada, solo dijo que estabas disponible… -          Pues no, no estoy disponible, no soy un lugar en un aparcadero para que te expreses así… -          No lo quise decir así – él se sintió culpable y quiso disculparse, pero Samanta ya había tomado la decisión. -          Como sea, no estoy interesada en seguir con esta cita. -          No estarás hablando en serio… -          Sigues creyendo que estoy bromeando ¿por qué? Gracias por los últimos cinco minutos, permiso.   Oscar pronto olvidó su culpabilidad y lejos de sentirse avergonzado por lo ocurrido, se molestó bastante, así que creyéndose con derecho, la detuvo por el brazo evitando que se fuera. -          Estás siendo demasiado exagerada y grosera ¿no crees? He hecho tiempo para venir a verte, ¿no merezco al menos que te quedes otro rato conmigo? -          No mereces nada, yo no quiero seguir con esta patética cita – contestó Samanta, y le puso una mano sobre su brazo, tratando de zafarse, pero era inútil, él era mucho más fuerte – suéltame de una vez, estamos en un lugar público ¿Qué piensas que vas hacer? -          Pienso obligarte a que te quedes… -          ¿Qué? Deja de decir tonterías, ¡suéltame ya!   A pesar de que Samanta elevó la voz, no resultó en lo que esperaba, dado que prácticamente el lugar estaba vació, sin embargo para su suerte, la persona que desde hace tiempo los llevaba observando, se acercó con rapidez.   Álvaro percibió que de pronto algo iba mal en aquel encuentro, en cuanto notó que ella dejó de sonreír y un momento después el chico agarraba a Samanta por el brazo con rudeza, supo que debía intervenir, se olvidó del plan “no dejarse ver por esta vez”. -          Samanta, por fin te encuentro – dijo Álvaro de manera sumamente casual, observó que ella volteaba a verlo asombrada, y el chico que la mantenía agarrada por el brazo la soltó al momento. -          Álvaro – murmuró ella un tanto desorientada. -          ¡vamos! Tu hermano me mandó por ti, es una emergencia -          ¿emergencia? -          Si, si, al parecer tus padres han olvidado algo y él no puede… la verdad no comprendí, pero me pidió que viniera por ti. -          ¿Mis padres? – preguntó ella totalmente confundida.   Nada de lo que el chico a su lado decía tenía sentido, su hermano no sabía que ella estaba aquí, y sus padres obviamente ya no estaban en este mundo, tardó un segundo en notar que todo era una actuación para poder irse, y cuando lo descubrió se sintió bastante aliviada. -          Bueno, Oscar, mis padres necesitan ayuda… será mejor que lo dejemos aquí por ahora. -          Te llamaré. -          Creo que no entendiste… - el chico la miró confundido, y ella le sonrió triunfante – no habrá segunda vez, lo dejamos aquí por ahora, y por siempre. Adiós.   Samanta comenzó a caminar en dirección contraria, Oscar se la quedó mirando con la boca abierta de la impresión, después volteo a ver a Álvaro y este último solo se encogió de hombros, se despidió con un gracioso movimiento de mano y corrió tras Samanta. -          ¿Aún sigue ahí? – le preguntó Samanta, cuando el chico apareció a su lado -          No, se acaba de ir – le contestó Álvaro mirando sobre su hombro. -          Bien, gracias por eso… la próxima vez dime algo más verídico – soltó ella. -          ¿a qué te refieres?   En realidad, Samanta no sabía porque de pronto no sintió la necesidad de ocultar la muerte de sus padres como muchas veces lo había hecho, no era que fuera un secreto, pero muy pocos sabían de ello, dado que había pasado hacía muchos años atrás, al momento que la gente preguntaba sobre la verdadera situación de sus padres, ella solo decidía no hablar de ello y cambiaba de tema, por un lado era su forma de protegerse porque a pesar de que había pasado mucho tiempo de ello, seguía siendo doloroso de recordar. -          Mis padres murieron hace algunos años, y mi hermano mayor no sabía que me encontraba en este lugar, así que tu pequeña mentira, era muy difícil de creer y la verdad me costó bastante entenderla.   Para Álvaro aquella confesión lo dejó sin aliento, él no tenía ni la más mínima idea de que los padres de Samanta hubieran fallecido, la sola idea lo deprimió y quedó un momento sin poder procesarlo. “Una vez más, me doy cuenta que no te conozco” pensó, mientras la observaba caminar a paso seguro y sin inmutarse. -          ¿Qué haces ahí parado? Camina – Samanta lo volteó a ver, notó como él la veía preocupado y con una consideración enorme, que en vez de reconfortarla se sintió peor. Por un momento deseó no haberle dicho la verdad. -          Lo siento, Sam, no tenía idea de tu perdida… me siento algo tonto en este momento – fue lo único que dijo Álvaro, mientras caminaba hacia ella. -          No te preocupes, fue hace mucho tiempo, realmente ya lo he superado pero casi no hablo de eso, ¿ya sabes? Creo que no es algo que le digas a cualquiera en una conversación normal. -          Claro, solo… siento no haber tenido más tacto con ese tema.   Samanta se encontró con la mirada de Álvaro, y ambos quedaron en silencio por unos segundos, como sí a través de sus miradas, dijeran “lo siento” y “te perdono” sin necesidad de palabras. -          Debo ir a mi casa… - soltó ella. -          ¿Quieres que te lleve? – preguntó él, y ella desconfió, hasta ahora había notado que de nuevo volvían a encontrarse. -          Me gustaría, pero realmente aun no entiendo cómo es que nos seguimos encontrando… Es demasiada casualidad ¿no? -          ¿Y aun crees que quiero salir contigo? -          Ahora que sé que tienes novia, sé que es imposible… así que olvida eso – Samanta lo señaló con un dedo acusador y a él, eso le pareció muy divertido. -          Bueno, la verdad es que no tengo ningún problema en llevarte a tu casa… además, siento que sería más seguro para ti. -          ¿Seguro? -          Sí, siempre te andas metiendo en problemas… -          Siento que tú también serias un problema – le dijo algo divertida. -          Oye, yo solo trato de ayudar. -          Perfecto, entonces tomaré tu ofrecimiento de llevarme a casa, gracias.   Al final, Samanta decidió no pensar más en que podría estarla siguiendo, además aunque no se sentía segura del todo, pero siendo honesta consigo misma, Álvaro no parecía ser una mala persona y con ello, decidió guiarse por la opinión que se había hecho de él.   Una vez dentro del coche, se pusieron en camino, todo fue agradable y ambos encontraban en su conversación motivos para seguir conociéndose, aunque hablaron de cosas triviales, se dieron cuenta que tenían muchas cosas en común, pronto ambos coincidieron en que les parecía increíble el no haberse hablado antes, puesto que realmente congeniaban. -          Ahora que conozco donde vives, ¿no te da temor? – le preguntó Álvaro mientras trataba de mostrarse serio, mientras aparcaba el coche frente a su casa. -          No seas tarado – Samanta le dio un suave golpe en el brazo – voy a sacar una petición de restricción, así tendrás que mantenerte alejado de mi por al menos 10 metros. -          Pero sí me mantengo demasiado alejado ¿Cómo podré salvarte de tus próximos encuentros con tus citas locas? -          No es necesario que me salves, soy fuerte y me sé defender – Samanta sonrió divertida, mientras doblaba el codo y trataba de tensar los músculos de su brazo. -          Siento decirte que… estas completamente perdida. – Álvaro comenzó a reírse. -          ¡Cállate! – le volvió a dar otro golpe en el brazo y él fingió retorcerse de dolor.   Después de bromear otro rato sobre la falta de fuerza de Samanta y la petición de Álvaro de salvarla si en algún momento se encontraba en peligro, ella por fin decidió hacer su petición. -          Necesito pedirte algo… -          Tú dirás. -          ¿puedes mantener en secreto el que tengo citas? – Samanta lo volteó a ver y él pudo descubrir en su mirada que le estaban confiriendo algo de total discreción. -          Ya me habías solicitado eso, ¿recuerdas? – le contestó Álvaro, haciendo memoria de su primer encuentro. -          Sí, pero… no pensé que no volvería a encontrarte, por eso debo… necesito saber que puedo confiar en que no le dirás a nadie. -          Está bien, guardaré el secreto – asintió, y ambos se sonrieron, después de todo tampoco era como si tuviera a alguien más para decírselo, y justo ahora, la propia Samanta le había dado otra pieza de este enorme rompecabezas que era su vida.   Ella le agradeció por traerla a casa, volvieron a darse un beso en la mejilla y se despidieron, para Samanta fue de gran alivio el poder conseguir que él le prometiera no decirle a nadie sobre las citas que tenía, eso era lo increíble de aquella graciosa situación, la manera en que ambos guardaban un secreto o eso creían.  Para Samanta el tener que ocultar la verdad tras sus citas y para Álvaro el tener que ocultar que la mayoría de sus próximos encuentros en definitiva no serían una coincidencia, como se lo hacía creer a ella.    
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