Capitulo 2

3100 Words
Había estado de caza anoche y hoy estaba agotado, María mi ultima victima, cuando la vi por primera vez parecía inocente, casi una santa, por poco creo que era la Mismisa virgen, excepto por un detalle algo en ella y mi experiencia me hicieron revisar cada detalle, algo en ella no cuadraba conocía perfectamente a los mentirosos, aun cuando fuesen increíblemente buenos, por que era uno de ellos. Había ido a uno de estos bailes de caridad que se inventaban los millonarios cada tanto para sacar a relucir sus estatus, sacar las billeteras,hacer cheques y sentir que estaban combatiendo la hambruna mundial y eran personas honestas y caritativas, siempre había unos cuantos que realmente sentían la misión de crear un mundo mejor, tal vez en algún tiempo yo también hubiese podido creer en un mundo mejor, en un mundo donde Mila siguiese viva al menos. María así la había presentado Carlo, un antiguo socio de mi padre que tenia una reputación intachable si no lo mirabas de cerca justo como yo lo hacia , era una linda mujer, rubia con su cabello largo, delgada, con un vestido azul rey largo y sencillo que la hacia ver como si estuviese flotando por su cola, se veía agradable, inocente y humilde cuando le hablabas, pero algo en ella me recordaba a Minerva, viera por donde la viera, sentía que algo no cuadraba en ella, así que desde esa noche la había elegido mi próxima cacería, los primeros días todo era tranquilo y cotidiano, era una mujer con una pareja estable, agradable y parecía quererle mucho, habían pasado cinco días en total desde el baile, y yo ya me estaba cansando, la información corta y necesaria que tenia se veía limpia, tan limpia que me hizo seguir al pie, por que nadie nunca es tan limpio, a menos que necesite serlo. Hasta ese día, llevaba ya 9 días en mi cacería cuando encontré unos papeles, de esos que suele uno tirar a la basura sin notar mucha diferencia, pero para mi lo era, había estado investigando y debido a mi reciente hallazgo había decidido seguirla, si hubiese hecho esto por más que un solo día me hubiese dado cuenta rápidamente, los días lunes Maria no hacia nada fuera de lo común y lo ordinario, los martes iba a una escuela local a auxiliar en una escuela cercana de bajos recursos en el comedor. Los miércoles al parecer le era usual ir a la hora de comer en que estaba libre a un orfanato cercano o un geriátrico, simplemente había empezado a creer que estaba viendo un ángel. Oh, que persona tan especial e increíble era esta chica, incluso pensé en creerme el cuento de que era increíble y pura, una verdadera alma bondadosa, pero el jueves, mi querido y adorado jueves noté como se desviaba del camino con el chip de rastreo que le había puesto a su camioneta, Mi dulce y querida inocente María había terminado en la cueva de mi amigo Tito, un hombre macabro que había dejado vivo por que lo necesitaba en algunos momentos como estos, Tito era un hombre dominicano, estatura promedio y los años y las comidas grasientas le habían dado una muy mala y contextura, residenciado en Pelko tras huir de la justicia de su país y de algunos otros por supuesto, y aquí había iniciado nuevamente su negocio y se la pasaba con dos gorilas de guardaespaldas que había noqueado una vez por ayudar a una presa a escapar, un negocio ilegal que abarcaba cosas simples como drogas, nuevas identidades, y personal de limpieza de cadáveres y escenarios sangrientos, hasta pornografías comunes y corrientes, y otras para clientes retorcidos que había ido exterminando uno por uno, pero al parecer mi amiga María había escapado ilesa de esto. La seguí por muchos días más, era una mujer astuta, era increíblemente buena oculta su información, sus finanzas y sus hobbies retorcidos. Había durado mucho más que con el objetivo promedio, pero con ella quería darme la tarea de buscar cada detalle, de saber que tantos oscuros secretos guardaba y cuantos de sus conocidos eran iguales, tenia que tener uno al menos por que alguno debió presentarle a Tito, por que tuvo que haber frecuentado lugares o personas específicas para llegar a él, así que como no me gustaba dejar historias inconclusas decidí buscar el comienzo. Hija de un Congresista importante de algún lugar de Europa que no viene al caso, había terminado en Peklo tras una oleada de desventuras que indicaban un matrimonio fallido, un accidente que no parecía del todo accidente, una siempre protegida y adinerada familia que cubría todo rastro de desgracia que manchara su apellido, María había terminado aquí siguiendo con sus secretos y fetiches oscuros, más oscuros que podría pensar cualquiera, María era para mi un ser inhumano, calculador y gran mentiroso, y era mucho viniendo de una persona como yo el creer que alguien era inhumano y calculador, sino fíjense en como la había estado asechando desde hace meses, 8 meses para ser exactos, por que necesitaba estar cerca de ella, y traerla aquí, a mi lugar especial, era una persona tan cautelosa que tuve que pasar semanas para ganar su confianza, empezando por "interesarme en sus causas", nada como encontrar a una persona que congenie tanto contigo ¿no? La primera vez fue fácil pasarlo por casualidad, la segunda fue más difícil hacer el itinerario para que coincidiera con "el mio" pero al parecer si era más ingenua de lo que pensaba, pues creyó fielmente en mi mentira ensayada de como los abuelitos y los más pequeños eran quienes más importaban. Por supuesto que para ella, una mujer tan asquerosa que se encargaba de corromper la inocencia de seres indefensos. Ahora entendía sus tretas,  era clara ahora la ventaja ante su deseo inminente e inadecuado. Supongo que los abuelitos eran solo otra treta para su actitud de niña dulce, María había caído en mi trampa así como cientos de víctimas lo habían hecho y yo no me podía sentir más que halagado con eso, le daba un poder y egocentrismo a mi mente como ningún otro, aunque justo ahora no me podía dar el lujo de caer en el, pues no quería cometer ningún error en esta cacería, el que me recordase a Minerva le daba un toque especial a esta situación, me tentaba a seguir con esta farsa hasta darle un final épico, a María la quería en mi espacio de caza, la quería sangrando, llorando, retorciéndose de dolor y gritando piedad, la piedad que ella no había tenido con ninguna de sus víctimas, la misma que por supuesto yo no tendría con ella. Me había dado mi tiempo con María, era una presa que quería totalmente segura así que después de unos buenos meses, casi un año entre mi investigación, seguimiento y el poner a andar mi plan de cacería solía darme solo un par de meses para esto, no me gustaba la idea de quedarme fuera de Peklo por demasiado tiempo pero este "trabajo" lo requería.  Peklo era una ciudad inmunda pero desde que regia mi ley no se acercaban  demasiado aquellos a los que yo cazaba, entre ellos se habían dado cuenta que no podían con el terror que les acechaba en Peklo Place,seguro de eso sentía que podía dejar por un tiempo mi ciudad tranquila pero no era del todo cierto, mucha gente llegaba buscando refugio y hogar en ni ciudad, una ciudad con una ley retorcida pero con leyes al fin y al cabo, en donde podían desatarse. Había hecho en estos meses de ejecución de mi plan, un confidente innato y una persona amable para María, aunque pudo haber escuchado hablar de Peklo, nunca lo había conocido así que era mi escusa perfecta para llevarla a donde la quería, pintándole un pueblo sin ley había llevado a María a mi residencia, a mi parecer aun cuando era una mujer inteligente para las mentiras, no era demasiado buena detectándolas, lastima para ella que yo era un excelente cazador y en la mayoría de mis cazas terminaba la cacería justo como la quería, con mi victima suplicante mientras su sangre recorría el limpio piso de mi cuarto privado, "de juegos". Sentía repulsión por la depredadora que había sido cazada tan fácilmente, María me había dejado entrar a su casa, había mentido incluso en mi presencia con su pareja actual y sin saberlo me había llevado a lo que quería encontrar, su colección privada de vídeos y recuerdos, ver aquellos vídeos me dieron ganas de arrancar allí mismo su columna vertebral de su cuerpo entero, pero debía ser paciente, quería hacer muchas cosas más con ella que solo la rabia podría influir en su sufrimiento, mi paciencia y contención eran la prioridad en cuanto conseguía mi presa y ella por muy perversa y asquerosa que fuese no seria mi excepción. Al llegar a Peklo note que tenia unos cuantos negocios abandonados y reuniones pendientes así que no tenia el tiempo  en exactitud para hacer todo aquello que quería con María, la mujer que parecía en extremo feliz por conocer Peklo. Podría describirles las obscenas cosas que había decidido hacer con María, pero entonces también describir que mi idea original fue arrancada de sus vídeos sádicos  que involucraban gente sufriendo demasiado para su propio placer, esta vez María estaba en el lugar de la victima y yo en el de ella, el cazador. Había arrancado una por una las uñas de María como ella había hecho en el vídeo que había puesto como Meivi, luego le había cortado el vestido blanco que le había puesto como el del vídeo que nombraba Rosalie, también le haba partido unos cuantos huesos, roto su nariz con un golpe y violado con un consolador que había en su casa como en el vídeo de Jesús, había usado sus técnicas mientras ella gritaba, rogaba y arañaba el suelo con la ilusión y la esperanza de que pudiese salir viva de mi guarida, mi cuarto de juegos en donde por mucho que gritase jamas seria encontrada, finalice con María como en uno de sus vídeos caseros más perversos, había acabado con ella del mismo modo incinerando su cuerpo con la vida de un hilo pero suficiente consciente para que supiese mientras le contaba por que lo hacia, estoy segura que era un monstruo y un asesino pero ella era un ser repulsivo que debía ser masacrado justo como ella misma masacro, ese era mi destino para la querida y dulce María, darle a probar su propia medicina, lo único a lo que me negué hacerle a María que había hecho con todas sus victimas fue denigrarla sexualmente, no por que no lo mereciere, me daba asco ver su colección de recuerdos pero más asco me daba su persona entera, y yo era un asesino, un cazador, no un ser despreciable como ella que merecía el mismo dolor que cada una de las victimas que había encontrado en su vida. El hecho de estar meses por fuera de Peklo sin casi contacto con la vida social que tenia, había preocupado a mis amigos grandemente como era el caso de Carlo y su abuela Leticia, una señora de edad avanzada que había adorado a mi madre y aceptado en su casa como si fuese su propia hija y a mi como su nieto, Leticia le dio el primer trabajo decente a mi madre en años y la había ayudado a crear su hogar mientras estaba embarazada y aunque Risa estaba con ella aun, Mila mi madre y la adoración de mis ojos, era trabajadora, luchadora y una mujer como ninguna otra tenia un temple suave pero jamás se dejo amedrentar por mi padre que media casi dos metros y unos 120 kilos de masa, Mila era en realidad menuda, delgada y grácil, con los ojos grandes como de peluche y esferas color azul, Leticia tenia el mismo tono de cabello que mi madre, era n***o como la noche y cuando salia con ella pensaban que era su hija, ella tampoco lo negaba, adoraba a mi madre y a mi en su defecto, cuando nací ella había hecho un festín de compras, todo aquello que mi madre o mi padre no habían comprado Leticia se lo había dado a Mila haciendo que tuviese un poco de rivalidad con sus tres hijos mayores que ella, Carlo nació unos dos años después que yo un niño de cabello rubio casi plateado y los mismos ojos de Leticia verdes claros,  fue mi compañero de aventuras, Carlo era audaz, alegre, le encantaba ayudar y amaba a su abuela Leticia, su carácter dócil y agradable me hacia dichoso mientras crecía pues yo en cambio me parecía más a mi padre taciturno, amargado desde niño y no me gustaba ensuciarme demasiado en el bosque, mientras Carlo me incitaba a seguirlo para cuidarlo y no dejar que se cayera como siempre lo hacia en el bosque, Carlo era mi hermano y le tenia el aprecio de uno, a ellos que eran mi única familia después que mi madre se había muerto los dejaba por fuera de todo lo que me había convertido por que no lo merecían. Apenas al llegar y comunicarme con Carlo, después de acabar con mi querida María lo había llamado, tenían tiempo sin verme, alrededor de un año, porque entre negocios y mi placer me había perdido demasiado, de nuevo iríamos a El Restaurant del viejo amigo Anton, un Alemán de gran carisma que había sufrido demasiado durante su vida y que tenia demasiado miedo de perder a sus seres amados nuevamente, llevaba años saliendo clandestinamente con Katherine una de sus empleadas, una mujer que lo idolatraba y juntos se complacían y se quitaban aquella soledad que puso tantos muros en su vida, a Mila mi  madre le encantaba el Restaurant de Anton, íbamos en cada cumpleaños a celebrarlos y uno que otro domingo, me conocían desde pequeños pero ya grande, los había conocido yo a ellos indagando en su vida y sus historias para ver que gente recorría la vida de Peklo junto a mi madre, y la verdad es que se había rodeado de gente increíble y especial tanto como ella, con cicatrices y pasados oscuros que los llevaron a refugiarse en un pueblo perdido pero habían hecho de el un hogar agradable, ellos eran los que hacían de Peklo el buen lugar que era, seguía pensando en Anton y sus grandes personas alrededor que me sacudió la llamada de Carlo, estaba terminando de limpiar el desastre de la fiesta de anoche con mi presa. - Dime Carlo. - Estamos entrando al café para esperarte, Leti esta ansiosa por verte no nos plantes Vrah. - No los dejare esperando, casi voy saliendo dile a Leti que llegare en diez minutos que espere por mi, extraño verla. Estaba tan concentrado en mi mente que no había visto la hora, no me gustaba hacer esperar a nadie mucho menos a mi abuela Leticia, así que agarre mis guantes de limpieza para quitarlos de mis manos y lleve el recipiente con desechos a la sala de incineración donde estaba el cadáver de María hecho casi cenizas, vacié el contenido liquido de ácidos usado para eliminar los restos eficientemente y la deje a un lado, cuando volviera me desharía también de las sobras que quedaran de la incineración, sabia que su desaparición podría causar algo de revuelo por lo que me encargue de dejar una nota de escape con una letra plagiada casi perfecta,pues siendo hija de gente tan adinerada y podrida la buscarían así que no dejaría ni un solo rastro de lo que ella pudo hacer después de irse. Salí con destino al restaurante que quedaba un poco retirado en la ruta de turistas y camiones abastecedores. Maneje con tranquilidad por la vía y me estacione al lado del carro que creía que era de Alessandro, un empresario de Peklo que no me caía del todo bien, adicto a las mujeres y al alcohol por partes iguales, pero que no tenia mucho más que eso, nacido en Peklo y vivido toda su vida acá, no era tan emocionante, no tenia tantas cosas malas así que lo había dejado vivir mientras rebuscaba entre la peste, no tenia multas ni siquiera y era un tipo pacifico aunque extremadamente seductor y mujeriego lo que le daba muchos problemas con el sexo femenino y muchas otras veces con las parejas sean masculinas o femeninas de sus conquistas. Entrar al Restaurante de Anton siempre se sintió agradable, cómodo y familiar, pero desde que había crecido todo Peklo siempre hacia un silencio cuando llegaba, me hacia sentir mucho más imponente de lo que era en realidad y me gustaba de muchas maneras esto, se escuchaba en el fondo la música alemana que solía poner Anton,esta vez era como una balada pop Ja zu jedem Tag mit dir Ja zu jedem deiner Fehler Asche und Gold, Ich trag' alles mit dir Denn ich bin und bleib verloren, in deiner Mitte In deiner Mitte, bis der Vorhang fällt Sí a todos los días contigo Sí, a cada uno de tus errores Cenizas y oro, llevo todo contigo Porque yo soy y permaneceré perdido en medio de ti En medio de ti, hasta que caiga el telón Era una linda canción de amor, algo un poco sentimental, pero me gustaba el ambiente de Anton siempre y entendía el Alemán muy bien, mi madre se había dado a la tarea de enseñármelo cuando era un niño, para mantenerme entretenido, pero antes de siquiera seguir escuchando la canción repare en algo poco familiar del local, la chica que se había volteado por el silencio un poco sepulcral que se había formado por mi llegada y se había fijado en mi por el grito de mi amigo Carlo. Vrah, por aquí.- Había dicho alzando sus manos para que lo notase. No reaccione del todo, esta chica nueva perturbaba un poco mi control, una chica común a sus espaldas pero su ser resplandecía a mi vista de una manera que no entendía, volteo a mirarme una segunda vez por que sin querer me había quedado parado mirándola mientras ella ayudaba a Anton a mover algo, curvilínea de cabello rizado y pequeña, se veia equilibrada en todo su esplendor, llamaba la atención con su cabello oscuro pero al voltear, mi mundo se detuvo en entero, allí enmarcadas con unas pecas claras se veían unas esferas de un color miel oscuro con chispas azules como si le hubiesen salpicado cuando estuviesen haciendo su creación entera.
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