bc

Dominio Prohibido (Vor)

book_age18+
1
FOLLOW
1K
READ
revenge
dark
forbidden
family
age gap
arranged marriage
curse
mafia
gangster
drama
bxg
kicking
bold
high-tech world
secrets
cruel
assistant
seductive
substitute
villain
like
intro-logo
Blurb

El Boss de la Bratva.Alexei Morozov.Poderoso. Corrupto. Intocable.​Es el hombre que me rescató de un baño de sangre cuando era niña, el que me enseñó a empuñar un arma, a no tener piedad y a sobrevivir en su infierno. Me moldeó a su imagen y semejanza, convirtiéndome en su mejor creación, su asesina silenciosa, su sombra perfecta.​Pero el arquitecto cometió un error imperdonable: olvidó que los monstruos son egoístas con lo que consideran suyo.​Y ahora, mi creador va a casarse.​¿Mi plan? Hacerlo mío, cueste lo que cueste. Lo único que se interpone entre nosotros es su prometida y las cadenas de su propio código moral. Pero planeo quitarla del camino de la forma más limpia y devastadora, hacerme un nombre propio en este mundo de plomo y dejar de ser su simple "pupila".​Mis padres me criaron para ser una reina; él me enseñó a reinar entre tortura, venenos, crueldad y sangre. No sé ser otra cosa.​Me grabaré en su piel y en su alma... aunque sea lo último que haga. Y juro que va a correr sangre.

chap-preview
Free preview
La obra maestra del monstruo
Mis padres llevaban semanas desaparecidos, evaporados en las sombras de una guerra de mafias que yo apenas alcanzaba a comprender. El 13 de junio, esa ausencia dejó de ser un misterio para convertirse en una masacre. Los enemigos de mi padre llegaron a nuestra casa arrasando con todo a su paso. El mundo se redujo al eco ensordecedor de las ráfagas de metralleta, al olor acre de la pólvora quemada y al calor pegajoso de la sangre empapando las alfombras. Yo tenía trece años, un cuerpo tembloroso y un instinto de supervivencia desatado mientras me arrastraba entre los escombros, luchando con uñas y dientes para no morir aquella noche. Cuando creí que mi último aliento se apagaba bajo la bota de un asesino, la puerta estalló en astillas. Allí estaba él. Alexei Morozov. No llegó como un ángel salvador, sino como una fuerza de la naturaleza vestida de plomo y muerte. Se abrió paso a balazos a través de los sicarios, masacrando a cada enemigo con una frialdad absoluta antes de posar sus oscuros ojos sobre mí. No me miró con compasión; me miró como quien reclama un trofeo ensangrentado en medio del campo de batalla. Me levantó del suelo, sacándome de aquel cementerio, y me adoptó bajo sus alas. Para la alta sociedad de la Bratva, para los capos y los *consiglieri* que vinieron después, fui criada para reinar con una elegancia impecable: una joven destinada a no ensuciarse jamás las manos, una muñeca de porcelana fina y sumisa dispuesta para adornar el brazo de cualquier pez gordo. Nadie sabía la verdad. Nadie imaginaba que el padre que me dio la vida seguía respirando en algún lugar oscuro, un secreto celosamente guardado que se revelaría solo cuando el tablero estuviera listo para el jaque mate. Hasta entonces, Alexei me había moldeado exactamente como deseó para sobrevivir en su infierno de monstruos. Me enseñó a sonreír mientras sostenía una copa de cristal, pero también me enseñó a empuñar un arma con precisión quirúrgica. Intensa. Psicótica. Asesina. Me convertí en su mejor creación, su pupila, su pequeño monstruo secreto. Solo que el arquitecto olvidó calcular su propio error: un creador nunca debe regalarle un alma a su obra si no quiere que esta devore a su hacedor. No debo desearlo. Las reglas no escritas de la sangre, el título falso de "tío" y los muros de hielo que él mismo se encargaba de levantar cada mañana gritaban que estaba prohibido. Pero a quién le importa la moral, las leyes de la Bratva o los códigos de honor cuando lo deseo con una desesperación que me quema las entrañas, sin importar qué. Y entonces, en medio de la oscuridad de los sótanos, la fachada se agrietó de la forma más violenta posible. Esa noche, las luces del calabozo subterráneo parpadeaban sobre las paredes de cemento húmedo. Atado a una silla metálica frente a mí se encontraba un informante de los Romanov que había intentado filtrar información sobre nuestros cargamentos. Sostenía unas pinzas quirúrgicas en la mano derecha, jugando con el metal mientras la sangre delataba los cortes limpios y precisos que ya le había practicado en los antebrazos. Disfrutaba del olor a hierro, del temblor en los ojos del hombre, de ese silencio asfixiante donde el único sonido era su respiración agitada y misuradas. —Dime quién más firmó el trato —susurré con una dulzura enfermiza, inclinándome hacia su rostro con una sonrisa angelical, rozando su piel ensangrentada con la punta fría del metal. El informante sollozó, escupiendo bilis y coágulos. —¡No sé nada!... Por el amor de Dios, déjame en paz... ¡Pregúntale a tu tío! ¡Pregúntale a Alexei! ¡Él mismo va a anunciar su compromiso con la hija de los Romanov mañana en la junta principal! ¡Se casará con Anastasia! ¡Ya firmó el contrato! Las pinzas se detuvieron en el aire. El nombre retumbó en las paredes de concreto, perforando mis oídos como una descarga eléctrica. *Compromiso. Boda. Anastasia.* Por un segundo, la celda entera pareció colapsar sobre mí. Un estallido de celos psicópatas, oscuros y viscerales recorrió mis venas a una velocidad tal que sentí que los pulmones se me quemaban. Mi fachada de porcelana, esa que con tanto cuidado había mantenido intacta frente al mundo, se desintegró en mil pedazos. Sin mediar palabra, con una furia desatada y ciega, dejé de jugar al interrogatorio. Hundí las pinzas de metal directamente en la cuenca del ojo del hombre con un golpe salvaje, ahogando su grito postrero mientras le arrancaba la vida en cuestión de segundos, golpeando su cráneo contra el respaldo de hierro una y otra vez hasta destrozarlo por completo, salpicando mi rostro y mi ropa impoluta con su sangre caliente. Jadeando, con el pecho subiendo y bajando violentamente, me puse de pie entre los restos de mi víctima. Me limpié una gota de sangre de la mejilla con el dorso de la mano, mientras una risa tétrica y silenciosa brotaba desde el fondo de mi garganta. ​La noticia la descubrí a la mala, arrastrada por una necesidad impoluta de confrontar a Alexei. Salí de la celda dirigiendome hacia el exterior Igor me esperaba en el coche, si lo que decía el informante es cierto Igor debería saberlo y parece que la única que no había sido notificada era yo. — Iván, Kostatin, encarguense de limpiar— musite mientras me limpiaba la sangre de la cara. — Nos encargaremos como siempre, Irina. —respondió Iván mientras esperaba las órdenes de Kostantin eran un dúo muy conocido en la Bratva — A la pequeña Irina le molestó algo de nuestro informante — mencionó Kostantin acercándose a mí y sosteniendo mi rostro entre sus manos — Pero tu impaciencia acaba de arruinar sacarle más información útil. Ya sabía que había sido impaciente, ineficiente algo que no haría. —Kostya, ¿Alexei va a comprometerse? — Pregunté con una mirada gelida mientras soltaba sus manos de mi cara. — No entiendo que tiene que ver el Zar con la información que tenías que conseguir, Irina. — Respondió Kostantin sin cambiar de expresión. — El matrimonio de él Zar no es de tu incumbencia. — Alexei no te pertenece, Irinushka — Exclamó Iván queriendo que recordará mi lugar — ¿Acaso olvidas que él te ha criado como una sobrina? —¿Olvidar? Sé muy bien lo que ha hecho el Zar por mí — Replique dejándolos en esa bodega. Nunca olvidaría qué el me salvó. Pero aún asi me criaron para ser una reina. Igor me llevó a la mansión no me detuve a saludar a ningún guardia ni a Zita la ama de llaves solo tenía que ver a Alexei mis pies me llevaron en plena medianoche hasta la puerta entreabierta de su despacho. La luz dorada cortaba la penumbra del pasillo. Pude haberme detenido, debí hacerlo, pero mi cuerpo se deslizó hacia el interior sin hacer ruido. ​Lo que vi me hizo detener el aliento en seco. ​Alexei estaba sentado al borde de su imponente escritorio de roble, con las piernas abiertas y la fría compostura de un rey intocable. De rodillas frente a él, una mujer de facciones anónimas —una de tantas sirvientas o invitadas de la alta sociedad que rondaban la mansión buscando su favor— le practicaba una felación con desesperación sumisa. Las manos grandes y callosas de Alexei descansaban sobre la nuca de ella, sujetándola con indiferencia mecánica, mientras él revisaba unos documentos de la Bratva con absoluta naturalidad, como si el acto carnal que ocurría entre sus piernas no fuera más que un trámite rutinario. ​Un escudo patético. Un mensaje claro, mudo y brutal dirigido a mí: no me importas, no eres más que una niña bajo mi techo, y mi cuerpo está disponible para cualquiera menos para ti. ​A pesar de la humillación ajena que presenciaba, mis pasos no retrocedieron. Avancé unos centímetros, cruzándome de brazos con una frialdad gélida que contrastaba con el fuego que amenazaba con reventarme las venas. ​—¿Por qué, Alexei? —le exigi con voz cortante, rompiendo el silencio del despacho. ​La mujer se detuvo un instante, sobresaltada por mi presencia, intentando apartarse, pero Alexei le dio una orden seca con un movimiento casi imperceptible de la cabeza, obligándola a continuar sin inmutarse ni apartar sus oscuros y duros ojos de mí. Su fría mirada se clavó en la mía con una superioridad aplastante, demostrando que mi presencia en medio de su intimidad no lo alteraba en lo más absoluto. ​—Cuida tu tono y el lugar en el que entras, pequeña —gruñó Alexei con su voz ronca, profunda, mientras la mujer seguía moviéndose entre sus piernas—. Si has venido a interrumpir por un capricho infantil, te equivocas de puerta. ​—No me trates como a una estúpida —repliqué, sintiendo que la rabia perforaba mi pecho—. Me enteré de la junta de mañana. ¿Los Romanov? ¿Por qué vas a casarte con Anastasia? ¿Qué es lo que esa mujer te da que no encuentras bajo este mismo techo? ​Un destello de advertencia cruzó sus pupilas, pero su postura no cambió ni un milímetro. Seguía allí, recibiendo el placer mecánico de un cuerpo ajeno mientras me miraba con la desfachatez más absoluta, recordándome una vez más su jerarquía. ​—Es un tratado territorial. Los negocios exigen alianzas que van más allá de nuestros caprichos —respondió con una calma insultante, la clase de respuesta ensayada que se le da a una niña malcriada—. Mi vida privada, mis contratos y mis matrimonios no te pertenecen. Lo que hago es mantener a este imperio a flote y asegurarme de que estés a salvo. Fin de la conversación. Vete a la cama. ​No te perteneces a ti mismo, pensé mientras mis uñas se clavaban en las palmas de mis manos hasta hacerme sangrar en la oscuridad. Cree que puedes usar cuerpos ajenos para marcar distancia. Cree que ese contrato con los Romanov te salvará. ​Esa noche, la fachada de porcelana se trizó para siempre. Si el arquitecto creía que podía escapar de mí casándose con cualquier muñeca de la alta sociedad y usando a otras para recordarme mi "lugar", iba a comprobar de lo que era capaz su mejor creación. ​Alexei era mío. Y la cuenta regresiva para convertir su boda en un funeral sangriento acababa de comenzar. ¿Casarse con otra? ¿Creer que podía escapar de mí con un maldito contrato de papel? El hombre que me esculpió en el fuego y la pólvora cometió el error más grande de su existencia. Alexei era mío. Y si la única forma de borrar a su prometida del mapa era convirtiendo esta boda en un funeral, estaba más que lista para ejecutar la obra maestra de mi vida.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Unscentable

read
2.1M
bc

He's an Alpha: She doesn't Care

read
836.5K
bc

Claimed by the Biker Giant

read
2.1M
bc

Holiday Hockey Tale: The Icebreaker's Impasse

read
1.0M
bc

A Warrior's Second Chance

read
386.8K
bc

Not just, the Beta

read
362.7K
bc

The Broken Wolf

read
1.2M

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook