La chica inaccesible: Alma Rochester

1625 Words
Alma Vegas Rochester era una brillante abogado que trabajaba en el bufete de su padre en el centro de los Ángeles, el edificio que ocupaba era uno de los más imponentes de la ciudad y estaba hecho para impresionar a cualquiera que pasara por el frente. El hermoso edificio era casi completamente de cristal en su parte exterior, completamente oscuro lo que lo hacía ver muy llamativo y sobrio al mismo tiempo. Alma estaba llegando al edificio para dirigirse a su propia oficina, entró en el estacionamiento y después de aparcar su carro se dirigió directamente de los ascensores, pero antes de llegar una mano dura como una garra se prendó de su brazo. Ella volteó inmediatamente para ver quién había tenido el atrevimiento de agarrarla de esa forma, cuando vio el rostro del hombre que la había agarrado una expresión de desdén y rabia se le dibujaron al mismo tiempo en la cara. —¿Qué demonios estás haciendo aquí, Jerry? —dijo con voz dura y firme— Se supone que no te iba a ver más nunca más, así que te exijo que me sueltes de inmediato, si no, atente a las consecuencias. —Tú no puedes abandonarme así cómo así, Alma —dijo el hombre con una expresión de furia en su cara y rabia en su voz— Yo no soy ningún pelele para que me trates de esta manera. —Pues entérate que ya no quiero nada contigo —le dijo ella con la misma fuerza en la voz— Y el hecho de que me haya acostado contigo en una ocasión no te da ningún derecho sobre mí ¿Me estás entendiendo? Y ahora te digo por segunda vez suéltame si no atente a las consecuencias. —¿Qué vas a hacer, maldita zorra? —le escupió el hombre en su cara atrayéndola hacia sí. Eso fue una pésima idea, porque antes de que se hubiera dado cuenta por completo no solo no tenía sujeta a la muchacha por el brazo sino que su cuerpo estaba dando una voltereta en el aire y se estaba estrellando contra el capó de un auto que estaba al lado del de la chica. El hombre quedó un tanto aturdido por el golpe y sacudía la cabeza tratando de espantar las estrellas que estaba viendo en ese mismo momento. Luego trato de incorporarse pero un poderoso puño golpeó su estómago como si fuera un martillo dejándolo casi por completo sin aire. Lo próximo que vio el amigo Jerry fue el rostro de Alma a centímetros del suyo mirándolo con una furia que intimidó un tanto al hombre. —Si me vuelves a tocar de esa manera, o de cualquier otra forma te prometo que te voy a partir el brazo en varios lugares y al mismo tiempo te voy a poner una demanda por acoso s****l y te voy a quitar hasta el último centavo que tengas en tu cuenta bancaria, eso sin contar los bienes y propiedades que tiene tu familia ¡No me busques Jerry, porque me vas a conseguir! —todo esto lo dijo sin gritar, sino más bien con un tono de voz duro y contenido, que hacía que quienes la escucharan pensaran que era una especie de asesina en serie. Pero pareciera que el llamado Jerry era un hombre bastante terco, porque tomando aliento se levantó de encima del carro y a pesar del dolor que sentía en todo el cuerpo corrió detrás de la muchacha que había dado vuelta para acercarse a los ascensores. El hombre estiró el brazo como para tomar la chica del cabello quizás con la intención de arrastrarla por todo el estacionamiento por la furia que se reflejaba en su cara, pero no midió realmente con quién se estaba metiendo. Es más, el golpe que había recibido debió haber sido suficiente lección para él, pero no había sido así. Cuando estuvo a punto de gritar de alegría creyendo haber alcanzado su objetivo, incomprensiblemente la cabeza de la chica desapareció de debajo de su mano y la mano de ella tomo la suya por la muñeca y haciendo un movimiento rápido y letal le dio una voltereta que lo hizo estrellarse esta vez contra el duro piso. Sin embargo trato de levantarse nuevamente pero una certera patada en el plexo solar y luego otra en la mandíbula lo dejaron completamente nocaut. En ese momento uno de los vigilantes que estaba de guardia en el estacionamiento llegó corriendo casi sin aliento. —¿Está usted bien, señorita Rochester? —le preguntó el guardia tratando de ganar un poco aliento— Pensé que estaba teniendo problemas con alguien pero ya veo que ese alguien tuvo problemas con usted. —Oh sí, Richard, por favor llama a la policía y que vengan a buscar a este vago, le dices a la oficial que se lo lleve por agresión y que pronto iré para allá para levantar cargos, ¿De acuerdo? —Sí, señorita Rochester —respondió el guardia apresuradamente— Lo haré de inmediato. El guardia utilizó su equipo de radio para llamar a su compañero de la garita principal, notificándole lo que había pasado en el estacionamiento y pidiéndole que llamara de inmediato a la policía para que se llevarán a un sujeto que había intentado agredir a la señorita Rochester. Ella simplemente volteó y se dirigió de nuevo hacia el ascensor mientras el guardia llamaba a su compañero y el maltrecho Jerry yacía en el piso completamente inconsciente después de la paliza que Alma le había propinado. Y ese no sería el fin de la historia para el pobre Jerry, aún le faltaba enfrentar una demanda por acoso y nada más y nada menos que por una de las abogados más importantes y prestigiosas del estado de California. La cosa no pintaba nada bien para el pobre Jerry. Alma subió al último piso del edificio donde estaban las oficinas principales del bufete, cuando entró una secretaria muy bien vestida se acercó a ella y después de saludarla y de darle los buenos días le entregó una carpeta diciéndole que su padre le había dejado allí las instrucciones y el legajo del próximo caso que le tocaría enfrentar ella en la corte. Alma tomó bla carpeta y se dirigió a su oficina para ponerse a estudiar el caso con cuidado, ella era una mujer muy organizada y meticulosa. Se había graduado con honores, summa cumlaude, la primera de su promoción y una de los mejores promedios académicos en la historia de la universidad. Tuvo excelentes ofertas de trabajo aún recién graduada, hasta se podía dar el lujo de elegir, porque incluso los mejores bufetes de abogados de Nueva York le estaban ofreciendo una plaza en su equipo, pero ella ya había decidido trabajar con su padre en el bufete familiar, su padre y su abuelo habían trabajado duro y también habían invertido y arriesgado en la bolsa de valores y habían dado buenos golpes, de manera que a estas alturas su padre, pues su abuelo ya había fallecido, tenía una considerable fortuna que seguía creciendo día a día por la continuas inversiones que seguían haciendo en la bolsa. Aparte de su brillantez profesional, Alma destacaba por sus habilidades físicas, se mantenía en buena forma practicando artes marciales mixtas, aunque le gustaba muchísimo el Kung Fu y el Aikido, y en ambos había alcanzado el cinturón n***o y cuarto Dan, lo que la hacía muy peligrosa con las manos; algo de lo que él pobre Jerry había comprobado por amarga experiencia. También le gustaban mucho las antigüedades y las obras de arte originales, ella tenía su colección particular aparte de la de su padre, y en ella había varias obras muy costosas como un Miró y también un Matisse valorados en varios millones de dólares. En cuanto a los hombres y el sexo no les daba mucha importancia, nunca se había enamorado y eso hacia la diferencia, no le permitía a ningún hombre considerarla como una "propiedad" no era ninguna feminista furibunda, pero odiaba a las mujeres que se dejaban maltratar por sus maridos y aún más detestaba a los hombres machistas y a los que se consideraban irresistibles como playboys. Particularmente a estos últimos les tenía algo así como alergia o animadversión y le encantaba ponerlos en su sitio cada vez que podía. Alma adoraba a los animales y tenía un par de perros como mascotas, eran un par de enormes rottweilers que la adoraban y le hacían caso a cada orden que ella les daba, era muy fieros, pero con ella eran un par de mansos cachorritos. También tenía caballos en la hacienda familiar y le gustaban los purasangre. También le gustaba estar en el campo de vez en cuando y hacer camping y subir montañas, y adoraba la cacería, pero no la deportiva sino la de supervivencia, además era bastante experta en el uso de armas de fuego, tanto cortas como largas y le encantaba competir en el tiro al blanco dónde también destacaba por su impresionante puntería. Alma se sentó en su escritorio y comenzó a revisar el legajo de papeles que le había dejado su padre, este se encontraba de viaje a la ciudad de Seattle para hablar con una cliente que le había llamado por un conflicto de unas tierras que lindaban con la reserva indígena de los Quileutes. Alma se concentró en estudiar el caso que tenía en sus manos, y allí estuvo revisando y estudiando al mismo tiempo que tomaba notas cortas a medida que leía el expediente, medio de detuvo satisfecha, le dedicó un pensamiento al tonto de Jerry y sonrió para sí. «Ya vería el tonto ese» —pensó Alma— «Ya le cobraré esa deuda"
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