Alma y su padre

1126 Words
Había ya pasado un poco más de mediodía cuándo Alma Rochester se enderezó en su escritorio y se estiró reprimiendo un bostezo con su mano en la boca. Había estado toda la mañana estudiando el caso que le había dejado su padre y ahora ya estaba lista para ir a hablar con el fiscal de distrito y ponerse de acuerdo sobre la manera en que se llevaría el juicio, ella sabía que tenía las de ganar y el fiscal también así que más le valdría negociar. Satisfecha y con una amplia sonrisa en su cara se levantó para recoger sus cosas y salir para dirigirse a su casa. Le dejó a la secretaria algunas instrucciones para que imprimir era algunos documentos y los anexara al expediente que le había dejado su padre. También le dejó algunas otras instrucciones sobre otras cosas y luego salió para dirigirse a los ascensores y bajar hasta el estacionamiento para tomar su carro y salir para su casa. Cuando un ascensor se abrió en la planta del estacionamiento, el guardia de seguridad se le acercó apresuradamente y la alcanzó incluso antes de que llegara al auto. —Señorita Rochester —le dijo casi sin aliento porque había pegado una carrera de varios metros cua.do la vio salir dela ascensor— La policía se llevó al individuo ese que estaba molestándola, y el sargento quería subir para hablar con usted pero cuando le dije su nombre y se enteró de quién era usted dijo que no había problema, que pasara por la comisaría cuando quisiera para presentar los cargos, y que solo podrían retener al individuo por cuarenta y ocho horas nada más. —Está bien, Richard —le dijo cariñosamente aunque guardando las debidas distancias, Alma nunca se permitía dar más confianza de la que se merecía cada quien y nunca le daba a nadie más de lo que se mereciera— Haz hecho un excelente trabajo, mañana pasa por la oficina para darte algo que tengo para ti, ¿De acuerdo? —¡Caray! Muchas gracias, señorita —dijo el guardia poniéndose de todos colores por la complacencia. Alma se montó en su carro, un hermoso Porsche Carrera del año, pintado en un hermoso color vino tinto, cuando estaba por arrancar sonó su teléfono móvil, en la pantalla se reflejaba el nombre de su padre. —Hola papá —le dijo con voz alegre— ¿Cómo te fue en Seattle? —¡Hola mi niña hermosa! —le contestó su padre con voz cariñosa, se le notaba el amor por su hija en la voz y en la forma de hablar— Todo bien, aunque algunos clientes piensan que soy el Todopoderoso o al menos alguien de su confianza, creen que puedo intervenir hasta en asuntos ancestrales de los indígenas. —No eres el Todopoderoso, papá —le contestó ella en tono irónico— Pero al menos pareces socio del diablo en algunos asuntos —terminó diciendo ella riéndose a carcajadas. Su padre también rió y luego le comentó que todo iba bien y por supuesto, no dejó de preguntarle si había revisado el expediente que le había dejado con el caso, a lo que ella respondió que ya lo tenía todo estudiado y que mañana llamaría al fiscal O'Connel para discutir algunos términos del juicio o llegar a un acuerdo entre las partes. Hablaron de otras cosas y su padre le comentó que llegaría al día siguiente porque se quedaría descansando un poco en la ciudad de Seattle esa noche porque se sentía agotado. —Está bien, papá —le dijo con ternura, su padre era el único hombre al que Alma respetaba profundamente y al único que le prodigaba un cariño genuino— Descansa y hablamos mañana. —Claro, hija —le dijo al mismo tiempo que le enviaba un sonoro beso— Pórtate bien, ¿Eh? En eso Alma recordó el incidente que había tenido llegando al edificio y decidió comentarlo con su padre. —Ah! Papá, por cierto que tuve un problemita con el estúpido de Jerry —le dijo con suavidad tratando de quitarle importancia, pero su padre la conocía muy bien. —¡Por Dios, Alma! —le dijo con acento preocupado— ¿Qué le hiciste al pobre hombre? —¿Por qué piensas que le hice algo? —le dijo con tono de inocencia— Tú sabes que yo no haría nada que él no se mereciera. —¡Eso es exactamente lo que me preocupa! —le dijo su padre acentuando la frase con desconfianza— A ver, cuéntame qué pasó. Alma le relató con pelos y señales todo lo que le había pasado con Jerry, de la manera en cómo se habían separado la última vez que habían salido juntos, y que en ese momento le había dicho claramente, incluso delante de testigos, de que no la molestara más. También le comento a su padre que había sido culpa de él porque ya no había querido salir con ese tipo porque sabía que era un estúpido energúmeno y de paso un celópata con tintes de psicópata. —Y tu casi me forzaste a que saliera con él —le dijo con acento acusador. —Pero hija —protestó débilmente su padre, porque sabía que ella de alguna manera tenía razón, Pero él estaba muy interesado en que ella comenzara una vida un poco más normal, quería que saliera con chicos y que se enamorara de alguno para que le diera un nieto pronto, él le decía que sea se está volviendo demasiado viejo y que iba a morir sin ver a su heredero— Tú sabes que yo solo quería que salieras con alguien con clase, nada más. —¡Ay, papá! Jerry tiene tanta clase como un camello —le dijo un tanto molesta— Y sabes muy bien que a mí no me gustan ese tipo de hombres que parecen muy melosos al principio pero que al final no son más que unos manipuladores machistas. —Bueno, hija —le dijo con desconsuelo— Espero que al menos uno lo hayas dejado inútil, porque tendríamos que pagar una enorme demanda porque sus padres tienen bastante dinero. —Por favor papá —le dijo ella indulgencia— No parece que me conocieras, el pobre no solo quedó maltratado sino que está preso y mañana presentaré cargos contra él, ellos van a tener que pagarme a mí —terminó diciendo con una carcajada cristalina. —¡Oh, por Dios, hija! —fue lo único que pudo decir el viejo abogado. —Tranquilo papá, luego hablamos —le dijo y luego colgó la llamada para evitar que su padre siguiera protestando— Arrancó el auto y salió hacia su casa.
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