Punto de vista de Priscilla: Tristen y yo llegamos al coche que habían guardado para él. Por alguna razón, había despedido a su conductor y ahora teníamos que conducir de vuelta al hotel. —Entra, te llevaré al hotel. Has bebido mucho —dije mientras Tristen hacía un mohín adorable, y rodé los ojos—. Ya sé, pero he bebido mucho menos alcohol que tú —le dije, y él negó con la cabeza tercamente. —Tengo bastante tolerancia al alcohol —argumentó, y suspiré. Estaba demasiado cansada para tener esta discusión. —Lo sé, Tristen. Deja de discutir y sube al coche, ¿de acuerdo? Yo conduzco —dije y me dirigí al asiento del conductor. —Priscilla, ¿por qué no vienes conmigo al hotel y te quedas a dormir? Ya es bastante tarde y peligroso dejarte aquí sola para que cojas un taxi a casa. ¿Vienes conmigo

