Abro los ojos aún entrecerrados por la somnolencia y me encuentro con una Scarlet hermosamente esparcida por la cama. Sonrío al constatar que nunca conocí a alguien tan espaciosa como ella; juro haber sentido mi cuerpo ser empujado al menos unas tres veces durante la noche. Y solo me queda hacer lo que pasé la noche haciendo: jalarla nuevamente hacia mis brazos. No resisto y me acerco a su cuello aspirando ese olor agradable que solo ella tiene. El mejor olor del mundo sin dudas. Escucho su suspiro después de sentirme oliendo nuevamente su cuello y noto que se le eriza la piel allí, pero sigue durmiendo profundamente. Ayer hasta intentó hacerse la dura, sin miedo de esas "películas tontas" como ella misma las llamó, pero estaba tan preocupada que solo logró dormirse cuando dejé las luc

