**BIANCO** Ese maldito apellido. Incluso desde la distancia, los Colombo seguían torturando a mi hermana. Me giré hacia la cabaña, con la mirada inyectada en sangre. Entré de nuevo, pero no fui a la habitación de Angela. Fui al cuarto de controles y subí el volumen de la pantalla al máximo. El sonido de los gritos de Pietro y los lamentos de Mia llenaron toda la estructura, un coro de pesadilla que no dejaría que Angela durmiera ni un segundo más. —Si mi hermana no tiene paz, tú tampoco la tendrás —gruñí para mis adentros. Subí al coche y salí disparado por el camino de tierra, levantando una nube de polvo que ocultó la cabaña. El odio que sentía mientras conducía hacia la clínica era algo físico, un peso muerto en mi pecho. Cuando llegué, el pasillo de la institución parecía más bl

