**BIANCO** El trayecto hacia la clínica fue un recorrido por el purgatorio. El motor de mi coche rugía por las calles de Turín, pero yo solo podía escuchar el silencio ensordecedor de aquel callejón. Aparqué frente al edificio de muros blancos y asépticos, un lugar que olía a desinfectante y a esperanzas muertas. Odiaba este sitio. Odiaba que el apellido Corbone, con todo su poder y sus millones, no pudiera comprar una sola neurona sana para la mujer que más amaba. Caminé por los pasillos con mis botas resonando contra el linóleo. Las enfermeras bajaban la cabeza al verme pasar; conocían mi nombre, pero sobre todo, conocían la oscuridad que cargaba en los hombros. Al llegar a su habitación, me detuve ante el cristal. Ella estaba sentada junto a la ventana, bañada por una luz matutina q

