Él frunció el ceño. —Pero en el verano. . .— —En el verano tenía quehaceres durante el día. Y me envían mucho a la granja de mis abuelos, para que mis padres no tuvieran que preguntarse lo que hacía cuando mi papá estaba trabajando.— —A una granja, ¿eh?— —Sí—. —Apuesto a que fue muy divertido.— Sus labios se curvaron hacia arriba, al recordar aquellos tiempos en la granja, algunos de los mejores recuerdos, los únicos buenos, de su infancia. —Lo fue, en realidad. Mi abuelo me enseñó a conducir el tractor, y tenían caballos. Mi abuela me enseñó a hornear pasteles de…'— Él se enderezó y se volvió hacia ella, para mirarla. —¡Ajá! Sabes cocinar.— Ella se rió. —Eso fue hace mucho tiempo, Drew. No me acuerdo.— —Eso dices. Apuesto a que podrías recordar. ¿Cuántos veranos pasaste en la granja

