Cuando me fui de la oficina de Rick, después del almuerzo, un sentimiento extraño se apoderó de mi ser. No sabía cómo expresarlo. Comencé a cuestionarme qué estaba haciendo. Estaba siendo presa de mis palabras y lo de “solo una relación profesional”, se me había ido por la borda. La noche anterior me había acostado con mi jefe y eso me había gustado. No podía ser cínica al respecto y debía admitir, que en esos meses trabajando junto a él, había fantaseado muchísimo, pero nada se comparaba con sentir el cuerpo de Derick sobre el mío, sus caricias, sus besos, su trasero perfectamente redondo, sus incontables te quiero, esos que me derritieron el corazón. En el fondo, sabía que estaba cometiendo un error, pero me negaba a asumirlo. Me senté en la silla del escritorio, con mi cabeza en otra d

