Estaba segura de que su no estaban ni Evan ni Ashley esta noche ambas estaríamos desnudas, sudando, gritando y gimiendo. —¡Es punto para mí! —¡La pelota ha picado y se fue! —¡Eres una maldita tramposa! —¡NO! ¿Por qué no apostamos? —¿Qué quieres apostar? —Chupitos por cada partida de 10 puntos que pierdas —sonrió —¿Cuándo años tienes? —levanté las cejas —¿Y entonces que quieres? —Hagámoslo así, pero si gano tres partidas seguidas quiero otra cosa —¡Lauren! —¿En qué piensas Madz? —Reí—. Es otra clase de cosas ¡Duh! La primera partida la había perdido porque me distraje con el movimiento de su cabello y cómo sus pechos rebotaban contra la tela cada vez que saltaba ¡Diablos! Cuando estuve a punto de ganar la segunda partida, ella dio el último golpe y su top se levantó, dejándome

