Antes de que intentara irse caminé hacia ella para tirarla contra la pared suavemente y besar sus estúpidos y adictivos labios. Los chupé luego de morderlos con fuerza, obteniendo un gruñido de su parte. —Hoy tenemos la cena en la casa de tu padre, así que siento arruinar tus estúpidos planes —dije mirándola directamente a los ojos. —Es el miércoles. —Lo he cambiado para hoy porque no puedo el miércoles. —Celosa —murmuró con una sonrisa. —No te creas tan importante —dije mirando brevemente sus labios—. Jamás estaría celosa de ti. —Dime eso cuando tu misma te creas el cuento. —Si, como sea. Idiota. Unos golpes en la puerta interrumpieron nuestro duelo de miradas y ella me dio un beso rápido antes de que pudiera reaccionar, para apartarse de mi y que pudiera abrir la puerta luego de

