La puerta del ascensor se abrió y envolví mí brazo en su cintura mientras caminábamos a nuestros autos. Su lugar está a unos cuantos lugares, por lo que prefiero acompañarla. —¿A qué hora? —pregunto cuando llegamos. —¿Siete? —Entra, seguramente estaré llegando hm—ella asiente y sonríe de lado. Lo siguiente que sé es que mi cuerpo está presionado contra su auto. Sus manos acariciando mí trasero con suavidad mientras que su boca se sumerge en la mía. No creo que mi corazón pueda sobrevivir a tanto. —En tu casa hablamos ¿Está bien? —murmura contra mí boca cuando recuperamos el aliento. —Hablamos, sí. —ella me deja un último beso y se aleja. —Nos vemos más tarde. Le guiño un ojo y camino hacia mí auto, con el corazón a mil y mí sexo completamente arruinado. Necesito una ducha, no sé s

