Cuando desperté al día siguiente, Nathan seguía dormido a mi lado. Lo miré por un par de minutos, antes de darme cuenta de que aún no había llamado a Gina, y que necesitaba saber de mi hijo. Me moví silenciosamente por la habitación, tomando una bata de seda que había encontrado en el baño, aún tenía la etiqueta, así que debía suponer que era nueva. Me cepillé los dientes y me lavé la cara, cuando salí del baño Nathan seguía durmiendo, la sabana cubriendo solo su cintura, algo parecido a la ternura me llenó, él era increíblemente hermoso, aun dormido. Saliendo de mis pensamientos, tomé mi celular de mi bolso y bajé hasta la cocina. Maravillándome de nuevo por el lugar, era hermoso. Marqué el número de Gina, allí seguramente ya era de noche. — ¡Hola! — exclamó alegremente— ¿Has fo

