—Hey, sabes que no es tu culpa, ¿cierto? —preguntó Cian colocando su mano sobre su rodilla mientras mantenía su atención en el camino. —Claro que lo es —expresó deprimido y enojado consigo mismo—. Esos tipos lo están molestando por mi culpa. —No es tu culpa —negó—. Si hay que culpar a alguien aquí, sería a tus propios padres por pagarle a unos matones para que te fueran a buscar —corrigió—. Sinceramente, no creo que sean tan estúpidos como para no entender lo que hicieron tras contratar a ese tipo de personas. —Es que simplemente no lo entiendo —exclamó confundido—. Siempre me dejaron en claro desde el mismo instante en que descubrieron que no era lo que ellos esperaban, que no me deseaban en su casa, en su familia. Ahora que no estoy, ¿no se supone que deberían de estar felices por fin

