Derek
Me causó muchísima gracia que la B11 tenga “reglas” y aún pero que esto haya sido aprobado por Daniel, pero las acepté, no me quedaba de otra. Repito, jamás en la vida vuelvo a hacer una sorpresa.
Me paré del sillón con el cuello entumecido, tendría que comprar un colchón inflable y convertir la sala en mi habitación, no tenía otra opción.
—¡j***r, ponte ropa! —me gritó Valentina tapándose los ojos.
—¿No te gusta lo que ves? —rodó los ojos como era de esperarse y me dio la espalda.
—Ponte algo y prepara tu auto, quiero ir por algo de comer.
Cogí mi ropa y me dirigí al baño. Un jean y una camiseta negra. Tomé una ducha rápida y sonreí. Ya quería ver la reacción de Valentina al ver lo que sería su nuevo vehículo de transporte. Si mal no recordaba, le aterraba ir en moto.
—¿Y tu hermano?
—Salió temprano por algo de su puesto de trabajo, dijo que si todo salía bien lo ascenderían o algo así. No lo escuche bien, todavía seguía medio dormida. Nos alcanzará en Ihop.
Valentina usaba un pantalón de mezclilla y una polera que le quedaba bastante grande. ¿Sería de su novio? Se había levantado de buen humor y ya no estaba tan quisquillosa como ayer.
—¿Cuál es tu auto?
—Mmm… no creo que te guste, pero te acostumbrarás.
Vi cómo se dirigía a un pequeño Volkswagen rojo. Reí y me monté en mi vehículo. La encendí haciendo sonar el motor.
Estaba pálida, se moría de miedo, de eso estaba seguro.
—¿Te gusta?
Silencio.
—Creo que no podré ser tu chofer al menos que nos consigas un auto. Olvidé que eras una miedosa.
—No me da miedo —mintió.
—Pues sube de una vez, muero de hambre.
Subió prácticamente temblando. Contuve mi risa.
—Si no te agarras, te vas a caer.
—Estoy bien, ya vámonos.
Salimos del estacionamiento y aceleré haciéndola estremecer. Incrementaba cada vez más la velocidad, pero ella seguía aferrada a las asas de la motocicleta. Me detuve en un semáforo en rojo. Me quité el casco y se lo di.
—Ten, por si te caes.
Por el retrovisor la vi ponérselo, seguía asustada, sabía que se había esforzado en mantener el equilibrio para evitar agarrarse de mi cintura. Siempre terca. El semáforo cambio a verde nuevamente y volví a acelerar. Logré mi objetivo en una curva y la vi ruborizarse. Solo fueron un par de minutos pues ya estábamos cerca a nuestro destino.
—¿Qué tal el viaje? ¿Sigues asustada?
—Nunca lo estuve —dijo mientras me devolvía el casco. Estaba toda despeinada por el viento.
—Seguro abrazarme te tranquilizó.
—¿No te cansas no?
Entramos a Ihop y ordenamos panqueques, huevos revueltos con tocino y jugo de naranja. Un típico desayuno americano. La observé bien teniéndola al frente, su nariz era perfecta, su cabello castaño desordenado caía por debajo de sus hombros. No se podía ver mucho pues su gran polera era un obstáculo, pero la recordaba con su pijama de corazoncitos de ayer y vaya que su cuerpo ya no era el de hace unos años.
—¿Tan despeinada estoy? —me hizo regresar de mis pensamientos. Tomó su largo cabello y lo acomodó en un moño. —¿Mejor? —note que me había quedado viéndola. Pero que tonto. Felizmente traía esa polera.
Disfrutamos del desayuno ahora con Dan que nos había alcanzado. Tenía una gran sonrisa, estaba seguro de que algo bueno le había pasado.
—Estuvo delicioso.
—Nada mal, pero a mí me habría quedado mejor. —dije dirigiéndome a Valentina.
—Chicos, les tengo una buena noticia…—canturreó Daniel.
—¿Conseguiste el puesto que querías?
—Así es, ahora seré repartidor de fertilizantes.
—No entiendo, ¿Por qué te emociona tanto?
—Porque…—palmeo la mesa haciendo un sonido de suspenso —Me darán una camioneta con la que haré los envíos. Es más, ya me la entregaron, está en el estacionamiento.
—¿Y la puedes usar fuera del trabajo?
—Por supuesto, sólo nos tenemos que encargar de la gasolina. Así que prepárense que más tarde comenzaremos un tour por California.
—Pues creo que cambiaré de chofer.
—Creí que te había gustado el paseo en moto.
Daniel miró a Valentina incrédulo —¿Superaste tu miedo?
Se puso rojísima. Había olvidado su facilidad para ruborizarse, había olvidado que me encantaba ser el causante.