Capítulo 7

993 Words
Valentina Llegamos a casa, esta vez me vine con Daniel con la excusa de que lo ayudaría a hacer las compras. Me aterrorizaban las motocicletas porque de pequeña había presenciado un accidente horrible; estaba de regreso de la escuela sola, pues Daniel había ido a casa de Derek y en un cruce frente a mis narices ocurrió. Salió en las noticias y todo, fue realmente trágico ver una muerte a tan temprana edad. —Voy a preparar unos sándwiches para llevar, ¿Qué quieres conocer? ¿El paseo de la fama, Beverlyhills… —Dan ahora sólo quiero descansar. Acabamos de llegar de hacer las compras, ¿No estas exhausto? —Ah no, no nos quedaremos en casa. —Ve con Derek, tengan un día de hombres. Hoy no tengo ganas de hacer turismo. Y como no hay persona más terca que yo a excepción de mi hermano aquí me encontraba. En la nueva camioneta de Daniel, con música a todo volumen y camino a la playa. Me convenció la idea, pues sólo tendríamos un picnic, podría descansar en la arena y los atardeceres son de los mejores placeres de la vida. Mi hermano y Derek se pusieron traje de baño, yo no me cambie porque estaba segura de no entrar al mar. No hacía frío para ser invierno, pero considerando lo friolenta que soy estaba segura de que ponerme bikini sería en vano. Ya sería para cuando California nos sorprenda con un día más soleado. —Bueno, descansaré unos minutos —extendí el pareo y me eché boca abajo, la arena estaba calientita gracias al sol. Se venía una buena siesta. —Que aburrida —se resignó Daniel. —Mejor, así “inspeccionamos” la zona tranquilos. —Si vayan a atormentar a alguna pobre chica. Aquí los espero. Aquí iban los chicos “D” en busca de un ligue para la noche. Ambos igual de mujeriegos desde la secundaria. Los típicos fuckboys. Recuerdo que se colaban a absolutamente todos mis quinceañeros y terminaban con una compañera distinta cada noche. Muchas se me juntaban con el fin de que se los presente, pobres ilusas. Reí recordando esas épocas. Realmente veía muy lejano el ver a Daniel maduro, no me refiero a físicamente, es solo que imaginarlo enamorado se me hace imposible. A Derek ni que decir, siempre supe que fue él quien lo llevo por ese camino. Ya estaba conciliando el sueño cuando una voz me interrumpió. —¿Estás durmiendo? —Sí. —Bien. A penas abrí los ojos para ver de quién se trataba ya me encontraba de cabeza sobre el hombro de este individuo, cual costal de papas. Este corría y corría mientras soltaba carcajadas. De pronto me zambulló en el mar heladísimo. ¿Pero qué coño estaba pensando? —¡¿Se te zafó un tornillo o que mierda te pasa?! —¿Te estoy atormentando? —Evidentemente su cerebro no estaba funcionando. —Tú nos dijiste vayan a atormentar a alguna chica y si no me equivoco eres una ¿no es así? —Esta vez si te pasaste de idiota Derek —gruñí sacando mi celular empapado de mi bolsillo. —No prende —al fin dejo de sonreír y sentí como lo invadía el sentimiento de culpa. —No te preocupes, llegando a casa lo ponemos en arroz y verás que todo se soluciona. —¿Y si no prende qué? —¿Perdona sí? Solo quería liberar un poco la tensión entre los dos. Comenzar con el pie derecho. —Vaya forma eh, no sé qué harás si no prende, pero tú… —Mira ¿ves esa bolla? —asentí. —Si llegas hasta allá antes que yo, te compro uno nuevo con mi primer sueldo, el que quieras. —No te alcanzará con el primer sueldo, créeme. ¿Y si tú ganas qué? Igual tienes que devolverme mi celular, tú lo malograste. —Así son las apuestas, o todo o nada. Dude unos segundos. Pero accedí, la natación siempre fue mi fuerte. Además, tenía la opción de cambiar mi viejo celular por el que quisiera. —Te daré un poco de ventaja para que no lloriquees. Fue lo último que le escuché decir antes de comenzar a nadar, hace mucho tiempo no nadaba de forma competitiva si así se le podría llamar a esto. Me estaba cansando más de lo normal por la cantidad de ropa que llevaba y el peso que hacía esta al estar mojada. Pero con obstáculos incluidos logré llegar a la bolla antes que Derek. Y le llevaba más ventaja de la que esperaba. —Me huele a perdedor —canturree aún agitada por la carrera. —Vaya, sabías nadar. —Eso te pasa por subestimarme. —No vale, te di demasiada ventaja. —No seas mal perdedor, ¿Quién te mando a darme ventaja? Ese es tu problema. —Bien, bien. Ganaste esta vez, pero solo fue por la ventaja. —Lo que sea, me debes un celular. —Exijo una revancha —pero que picón. —Solo que esta vez pongámoslo más interesante… —Habla rápido, estoy congelándome. —Si llego a la orilla antes que tú, haces lo que yo diga un día entero, si tú ganas yo hago lo que tú quieras. —¿Y eso de que me sirve? Ya te gané, me debes un celular y punto. —El celular no está en juego, solo quiero demostrarte que debí ganar yo. Accedí nuevamente, si ya había logrado ganarle una vez podría hacerlo de nuevo. Nade lo más rápido que el peso de la ropa me permitió, tenía que demostrarle que no había ganado por la ventaja. Las olas de la orilla me dificultaron un poco salir del agua y para mi mala suerte, por cuestión de segundos, Derek me ganó. —Mañana será un gran día. —¿Pero se volvieron locos? —nos requintó Daniel mientras corría hacia nosotros. —Mírate Val, estas empapando mi polera. Comencé a temblar y le entregué su polera quedando tan solo con mi camiseta blanca, pésima idea. No traía brasier. Crucé mis brazos rápidamente y gracias a Dios ninguno de los dos lo noto. Me sentía desnuda. Me envolví con una toalla mientras esperábamos el atardecer, estaba congelándome, pero no habíamos venido hasta acá en vano. Nos agarramos de las manos entrelazando nuestros meñiques para pedir nuestro deseo apenas se esconda el sol. —Desearía que Derek no estuviera aquí. —Si lo dices en voz alta no se cumple boba. Vaya día, sin celular, segura de que agarraría un resfrío y condenada a hacer el ridículo mañana.                
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