Ni bien abrí los ojos, un pequeño monstruo saltó sobre mí. -Annie... -murmuré con la voz ronca por estar durmiendo. -¡Feliz cumpleaños, a ti! ¡Feliz cumpleaños, a ti! ¡Que los cumplas, Cassiiita, que los cumplas muy feliz! -lanzó un gritito que me dejó sorda y salto de la cama para buscar algo. Me senté y tallé mis ojos, captando el que no era sólo mi hermanita la que estaba en la habitación. Mis padres se acercaron a mí y me abrazaron, murmurando palabras incómodas y revolviéndome el cabello como si tuviera la edad de mi hermana. Cuando la pequeña volvió, sostenía un paquete entre sus manos que arrojó prácticamente a mi cara. Lo atrapé al vuelo y rompí el papel envoltorio con violencia. Dentro, podía apreciar una hermosa caja bastante grande y negra, con las letras de la

