-¡Ya, en serio! -ni bien salir del instituto Dalia se tapó el rostro con ambas manos para esconder una sonrisa-. ¡Él es tan lindo! -dijo. Fruncí el ceño, a sabiendas de lo que me esperaba. Theo jugaba con una niña pequeña que se había encontrado por ahí, imitando sus poses raras y soltando risitas juguetonas. La madre de la niña parecía realmente fascinada con el muchacho, poco más y babeaba. Toda la semana el muchacho había decidido ir a esperarme a la salida del instituto, para luego llevarme al restaurante de su amiga y darme una buena merienda gratis. Obviamente, yo no me quejaba. El muchacho había comenzado a ser tan atento conmigo que no podía menos que morderme la lengua por no decirle algo demasiado cursi y poco yo. -¡Cassie! -exclamó, sonriendo con esa sonrisa su

