Comencé a caminar en dirección contraria a tal velocidad que terminé tropezando de lleno con un hechicero que pasaba por ahí. Mientras ambos rebotábamos hacia atrás, el cuenco con papas que él llevaba se esparció por el aire y el suelo, ensuciando a todos los presentes.
-Oye, ¿estás bien?-inquirió el extraño, tomándome del antebrazo para levantarme.
-Estoy bien-me sacudí el cabello lleno de grasa-. ¿Conoces a Ónix?
-¿Ónix?-repitió divertido, mientras se apoyaba a la pared con un brazo estirado-. ¿Y qué con él? ¿Te gusta?
-¿Qué...? ¡No! Sólo estoy buscándolos.
-Pues sí, tal vez sí sé dónde está.
Pestañeé lentamente, ¿en serio íbamos a jugar a hacernos los imbéciles?
-¿Y vas a decir dónde?-insistí.
Se mordió el labio, acercándose.
-Mmm... tal vez...-ronroneó-. Pero necesito algo a cambio.
-No tengo dinero.
Lanzó una estruendosa carcajada que habría hecho que todos voltearan de no ser por lo fuerte que estaba la música.
-No quiero tu dinero, niña-chasqueó la lengua.
Asentí.
-Ha sido un placer hablar contigo-iba a rodearlo para volver junto a Jimin, pero el tipo apoyó el otro brazo en la otra pared del pasillo, encerrándome-. ¿Te vas a mover?
-Sólo quiero un beso, ¿qué creíste? ¿Que soy un tipo malo? Sé que eres de instituto, me lo ha dicho un chico ebrio de por allá-señaló con la cabeza a ninguna parte.
-¡Pues no pienso darte ningún beso!-exclamé, y el muchacho frunció el ceño de tal manera que hizo que mis rodillas temblaran.
-Oye...-murmuró con voz pastosa, acercándose tanto a mí que nuestros pechos casi podían tocarse-. No hay necesidad de ponerse rebelde. No olvides quién es el mayor aquí.
-¡Me importa una mierda si eres mayor o no!
-¿Ah sí? Entonces déjame preguntarte una cosa: ¿a qué viniste a una fiesta de universitarios si no esperas ser follada?
Me hice hacia atrás, chocando con la pared. ¿¡Qué estaba diciendo!? De repente todo comenzó a darme vueltas, ¿¡por qué no había traído el celular conmigo!? Tenía ganas de llamar a la policía y mandar a la mierda a todos esos buenos para nada. ¿¡Por qué a mí!? ¡¡¡Yo sólo quería cocinar unos panqueques en la soledad de mi casa!!!
-¡Oh! ¡Vaya! Espera un momento-el hechicero me levantó la barbilla agarrándome con dos dedos-. Aún eres virgen, ¿cierto?
Creí que me enrojecía, aunque no estaba totalmente segura. El ambiente de por sí era muy caluroso y el humo de tabaco hacía que me escocieran los ojos.
Tragué saliva y me rebatí entre sus manos, pero me tenía inmovilizada con su cuerpo. No tenía escapatoria.
-No te preocupes-su aliento a alcohol me impregnó la nariz-. Podemos arreglar eso...
Sentí su mano deslizarse por el interior de mi muslo y comencé a patalear con todas mis fuerzas.
-¡Suéltame!-grité; aunque no había nadie cerca que me escuchase.
-Tranquila nena. Sólo relájate -se rio-. Prometo que no dolera... tanto.
Lo único que me dieron sus palabras fue asco.
-¡No!! ¡Suéltame!
Su mano habría seguido hasta llegar a mi feminidad si... alguien no lo hubiera empujado hacia atrás.
-¿A qué juegas con mi prima?-inquirió una voz increíblemente grave y ronca.
Miré con más miedo a Theo que al pervertido.
-¿Ésta es tu prima?-el hechicero silbó-. Lo siento, amigo, ¡es que está bien buena!
Theo lo tomó del cuello del traje y lo empujó con fuerza contra la pared. El gesto de dolor que hizo el hechicero cuando su cabeza se estrelló contra el metal fue algo que me causó una mezcla de satisfacción y miedo. ¿Quién habría dicho que aquel chico de sonrisa traviesa e infantil podía ejercer tanta fuerza?
-Repítelo, hijo de puta-dijo, con los dientes bien apretados.
-T... Theo... Sólo estaba divirtiéndome.
El aludido lo separó un poco de la pared para luego volver a golpearlo, esta vez con más fuerza.
-¡No le tocas ni un pelo, enfermo! ¿¡Me oíste!?-otro golpe, y ahora el hechicero gritó de dolor-. ¿¡Te ha quedado claro!?
-S- Sí...
Theo lo soltó y giró la cabeza para verme. Apreté los puños, muerta de miedo, cuando el muchacho tomó mi muñeca y comenzó a empujarme hacia el interior de la fiesta. Miré hacia atrás y pude ver como la rubia de piernas largas que el chico había besado anteriormente se encontraba consolando al pervertido en el suelo.
El muchacho se detuvo cuando ya estuvimos lo suficientemente lejos de aquella escena, y me tomó con firmeza los brazos. Se agachó un poco, para que su rostro quedara a la altura del mío.
-¿Te encuentras bien?-inquirió con seriedad.
-Quiero... irme a casa-murmuré, sonando más infantil y asustada de lo que realmente meritaba la situación.
Pensé que Theo se reiría pero, para mi sorpresa, el muchacho frunció el ceño con preocupación y se relamió los labios lentamente.
-¿Te hizo algo?-insistió.
Negué con la cabeza.
-No, estoy bien. Sólo... es tarde; debería volver.
-Está bien, sígueme.
Lo seguí entre los cuerpos sudados y ya semi desnudos, hasta el sofá en donde se había reunido todo el Club de los Siete. Los cinco (Sugar seguía dormido en el regazo de Jamie) se giraron a mirarnos alternativamente, borrando las sonrisas al notar la tensión en nuestros rostros.
-¿Están bien?-inquirió Lilian, tambaleándose incluso estando sentada-. ¿Pasó algo?
-Es hora de volver, ¿no?-Theo ayudó a pararse al mayor-. Ya es muy tarde para Cassie y Victor.
-¡Eh!-exclamó el mencionado, levantando su celular-. Son las tres de la madrugada.
-¡Tu cállate, has bebido mucha cerveza!
Jamie se carcajeó, señalando a su amiga con un dedo acusador.
-Eres el único que ha bebido mucha cerveza.
Antes de que la muchacha tomara la lámpara más cercana y se la estrellara en la cabeza, Sebastian levantó los brazos para calmar las aguas.
-Bien, bien. Lo importante aquí es...-comenzó, creando tensión en el ambiente-. ¿Quién despertará a Sugar?
Todos se miraron, tragando saliva. ¿Era tan jodido levantar a ese muchacho? Me acerqué a él para moverlo, pero Robin me lo impidió apoyando su mano sobre la mía.
-No te recomendaría que hicieras eso, nena-negó con la cabeza, sonriente-. Éste chico es cruel. Sobre todo recién levantado.
Retiré la mano lentamente.
-Lo cargaré-soltó Victor, que hasta ese momento había estado de brazos cruzados con cara de pensar mucho. Asintió con la cabeza-. Sí, lo cargaré.
Y... eso hizo. Alzó a Sugar como si fuese una bolsa de papas sobre su hombro. Éste ni siquiera mosqueó y me pregunté cómo podía tener el sueño tan pesado.
Así fue como el detective de pantalones cortos iba a la cabeza, llevando sobre su hombro a un rubio totalmente inconsciente. Detrás de él, el Mickey Mouse de pelo naranja se reía tanto que ya no tenía ojos; lo seguía muy pegado el delincuente vestido a rayas, y luego el vampiro iba casi arrastrando a la pirata Jackie Sparrow (quien, graciosamente, se encontraba tan borracha como el personaje, así que parecía la mejor actuación de la noche). Detrás de ellos íbamos un Joker con el maquillaje todo corrido y una... ¿Gatúbela de pacotilla y piernas cortas?
Salimos del lugar en fila india, y caminamos haciendo mucho ruido al pisar las piedrecitas hasta la camioneta de la muchacha. Ésta vez, Sebastian iba al volante y a su lado Robin sostenía a Lilian (que había insistido en ir de copiloto, pues temía que el del volante estrellara su preciada camioneta). En la parte de carga, Jamie se abrazaba a un Sugar totalmente despeinado y dormido como si fuera una muñeca de trapo. Victor y Theo se hallaban a cada uno de mis lados, totalmente mudos.
Mientras la camioneta avanzaba lento por la carretera, todos nos dedicamos a pensar en silencio en lo que había pasado.
-¿Alguien vio a la novia de Robi hoy?-inquirió Jamie, rompiendo nuestras ensoñaciones.
-La verdad es que no...-Victor sonrió-. Pero tampoco lo hemos visto a él en casi toda la noche, ¿no creen que...?
-¡Eh!-exclamó el aludido, girándose para mirarnos a través de la ventana-. ¡Puedo oírlos desde aquí?
Todos se rieron, menos Theo. Éste parecía sumido en un mundo aparte.
Sugar abrió los ojos de golpe y corrió al borde de la parte de carga para vomitar. Cuando terminó y se giró para vernos, enarcó una ceja.
-Ahora me siento mejor-dijo, y se sentó en aquel borde de brazos cruzados-. No más alcohol.
-¡Me alegra oír eso, Tim!-exclamó Lilian-. ¡Sebastian, cuidado con esa persona!
-Es un bote de basura, Lily...-respondió el pelirosa.
-¿Te burlas de mí?
-Nunca en la vida -se burló.
-¿Te lo has pasado bien?-murmuró Victor, dándome un toquecito en el brazo para que supiera que hablaba conmigo.
Entreabrí la boca, todos estaban expectantes a mi respuesta. ¿Qué podía decir? No quería parecer una niña tonta y contar lo que había pasado con el hechicero pervertido, aunque de todos modos Theose los contaría luego. Tampoco quería parecer ingrata, y decir que habría estado mejor no ir cuando todos habían puesto mucho empeño en llevarme.
-He ido a fiestas mejores-me limité a responder.
A lo que Jamie y Robin, a la vez, soltaron un "Ohhhhhhhh" burlón.
-Parece que sales mucho, eh –Jamie sonrió burlón-. Victor es un niño a tu lado.
-Cierra el pico-respondió, molesto-. Cassie, ¿qué edad tienes?
Apreté la mandíbula.
-Voy a cumplir diecisiete-dije-. Dentro de... unos meses.
-¡Hemos llevado a una niña de fiesta! ¡Iremos a prisión!-exclamó el que iba vestido de convicto.
-¡DEJA DE GRITAR, ME DESCONCENTRAN!-gritó Sebastian.
-¡ROBI, NO LO DESCONCENTRES O MORIREMOS!-siguió Lily, agarrándose la cabeza.
No pude evitar sonreír. Pese a que no me sentía muy bien, la situación era ridículamente graciosa.
Tardamos poco en volver a mi barrio, pues a aquellas horas de la noche la carretera se encontraba prácticamente desierta.
Sebastian estacionó frente a la casa de Theo, y sólo nosotros dos bajamos de un saltito.
-Nos vemos el lunes -dijo Lilian, sacando la cabeza por la camioneta-. Pasaré a buscarte temprano. ¡No olvides que prometiste ir!
-¡Me levantaré temprano!-exclamó Tae, alzando un brazo para saludar.
La muchacha sonrió con esa sonrisa de madre orgullosa que solía llevar, y la camioneta desapareció por la carretera. Me di la vuelta para ir hacia mi casa, pero me detuve al sentir un toquecito en el hombro.
-¿Qué?-inquirí, mirando sobre el hombro al muchacho que había recuperado su sonrisa.
-¿No te vas a despedir?
-¿Adiós?
Infló los mofletes.
-Eres tan fría...
-Tengo frío-me quejé, restándole importancia. Claro que no contaba con que el Joker me abrazara por la espalda y comenzara a empujarme con su pecho hacia mi casa-. ¿¡Qué...!? ¿¡Qué estás haciendo!?
-Te acompaño a tu casa para que nada te suceda, ¿no hacen eso los vecinos buenos?
-Theo...
-¡Adoro como dices mi nombre! -el abrazo se intensificó-. ¡Ya somos los mejores amigos!
-N...-suspiré-. Ya no tengo frío, gracias.
Sin embargo, el muchacho no me soltó hasta que estuve frente a la puerta blanca de mi casa. Metí la mano en el buzón y saqué la llave, para luego abrir la puerta de una estocada.
-¿Eso es todo?-inquirió, viendo que me metía en mi hogar sin decir nada-. ¿Ni un gracias? ¿Ni un beso?
-¿Beso?-repetí, sacudiendo la cabeza-. Si quieres ser un buen vecino, evita cualquier tipo de contacto físico.
-¡Hecho!-Theo hizo una seña militar-. ¡Nos vemos mañana, Cassie!
Asentí forzando una sonrisa y cerré la puerta. ¡Ni hablar que nos veríamos al otro día! Suficientes problemas me había causado por una noche...
... Aunque, a decir verdad, no debía enojarme con él. Me había defendido, ¿no?
No importaba. Theo implicaba romper las reglas y escapar de mi zona de confort. Una tranquilidad de la que temía alejarme demasiado.
Prendí todas las luces y me apresuré a subir las escaleras de dos en dos. Cuando estuve en el piso superior, me metí en uno de los baños y cerré la puerta. Mi reflejo en el espejo era caótico, desastroso, mugriento: tenía algunas migas de papas en el cabello y la ropa, y mi maquillaje yacía totalmente barrido y borroneado. Más que una Gatúbela, parecía la Novia c*****r. Mis ojos se veían estrechos y enrojecidos, probablemente por el humo que me había perseguido toda la noche.
Suspiré con cansancio y abrí la llave de agua caliente para quitarme todo aquello de la cara.
Entonces oí cómo la puerta de mi casa se abría.
Cerré la llave de agua y enchastre, peor, mi cara tratando de limpiarla con servilletas. No importaba: ¡no iba a dejar que ese loco se metiera en mi casa por la noche! ¿Que cómo lo sabía? ¡Me había visto sacar las llaves del escondite! Mierda... ¿¡en qué estaba pensando!?
Salí del baño y bajé los escalones de dos en dos justo para ver como el extraño se metía en la cocina.
-¿¡Cómo te atreves a...!?-me detuve, con la mano aún en el pomo de la puerta de la cocina y los ojos abiertos como platos.
Mi padre se servía un vaso de agua mientras mi madre me miraba con el ceño muy fruncido y los brazos en jarra.
-¿Se puede saber por qué el vecino me ha dicho que llegaste sana y salva?-inquirió mi madre, echa una furia-. ¿¡Se puede saber a dónde fuiste!?
-Yo no...
-¡No me mientas! ¡Mírate! Oye... ¿estás...?-se acercó a mí y levantó mi rostro con sus manos, clavándome la mirada-. ¿Estás drogado?
-¿Qué? ¡No!
-¿¡Fuiste a una fiesta!?
-Yo...
-¡Cassandra!
-¡Sí! ¡Sí, fui a una fiesta! -suspiré y me quité sus manos de encima-. Pero no estoy drogada, lo juro. Lo... lo siento por no avisarles, no quería... Es decir...
-Lávate la cara y ve a dormir-se metió mi padre. Su esposa lo miró con sorpresa y furia-. Mañana arreglarán las cosas, ahora es muy tarde y todos estamos muy cansados.
Asentí, alegre tras la excusa, y me marché de allí casi corriendo.
¿¡Por qué Theo les habría comentado que fui a una fiesta!? Me las iba a pagar...
Desperté siendo zarandeada por mi madre. Me quejé, había levantado las persianas y la luz del sol me quemaba los ojos.
-Mamá ya... Ya desperté.
-Son las tres de la tarde -me dio otra sacudida para que espabilara-. Nos toca reunión los domingos, ¿recuerdas?
-Lo sé, lo sé. Debo cuidar a Annie...-suspiré y me senté entre las sábanas desordenadas.
Mi pequeña hermana, Annie, había ido a dormir a la casa de una amiga la noche pasada. Aun así, como todos los domingos de reunión, me tocaba hacer de niñera en casa.
-A eso iba-mi madre se aclaró la garganta y yo la miré un tanto confundida-. Ayer mismo has demostrado ser completamente irresponsable, Cassandra.
Solté un jadeo de cansancio.
-¿Salir sin avisar un sólo día me hace irresponsable? ¿En serio?
-Por supuesto que sí-mi madre sonreía mucho.
-¿Por qué estás tan feliz? Creí que me estabas regañando.
-Pues he conseguido una niñera para Annie -mi madre puso cara de ángel.
-¿Qu...? ¿¡Vas a pagarle a alguien cuando puedo cuidar yo de mi propia hermana!?
Mi madre hizo un ademán con la mano.
-¡Nada de eso! Ha dicho que tenía el día libre, que no necesitaba ni un sólo centavo a cambio. ¿Lo puedes creer?
-¿¡Quién sería tan estúpida de aceptar un trabajo sin pago!? ¡Sólo una ladrona!
¿Mi madre se había vuelto completamente loca?
-Oh, sólo hace falta un minuto de charla para saber que es una excelente niñera. ¡Incluso se ha llevado de maravilla con Annie!
-Alto -la frené. Descorrí las sábanas y me paré frente a ella-. ¿Está aquí? ¿Ahora? ¿¡Abajo!?
-Así es. Vístete y ven a saludar
No me lo podía creer.
Corrí del camino a mi madre y caminé dando grandes zancadas hasta la barrera del precipicio. Eché una mirada hacia abajo y vi a...
-¿¡THEO ES LA NUEVA NIÑERA!? -grité.
El aludido miró hacia arriba y me saludó efusivamente con la mano.
-¡No seas complicada! -rezongó mi madre-. Tu padre me está esperando en el auto -me dio un beso en la coronilla-. Nos vemos, ¡suerte! ¡Adiós Annie! ¡Pásenselo bien! -añadió mientras bajaba atropelladamente por las escaleras.
Mientras veía como mi madre se marchaba dando un portazo y Theo jugaba a las barbies con mi pequeña hermana, comencé a replantearme... muchas cosas.
Y a darme cuenta de muchas otras.
-¿No vas a bajar?-Theo me sonrió desde el piso de abajo.
Mierda.