-¡Ven aquí!- exclamó Theo, dándole besos con su muñeca a la de mi pequeña hermana.
Levanté la vista del jugo que estaba sirviéndome para mirarlo con cara de pocos amigos, mientras mi pequeña hermana se desternillaba de risa. Dejé con fuerza el envase de jugo y le di un largo trago al vaso, sintiendo que el frío líquido de naranja me llenaba el estómago. Aún no me podía creer que mi madre dejara que aquel extraño cuidase de mi hermana.
-¿Quieres repetirme...-comencé, apoyándome en la ventana de la cocina que daba al salón-... cómo es que convenciste a mi madre?
El muchacho se encogió de hombros, con una sonrisa burlona en la cara.
-Oí a tus padres discutiendo en el jardín y decidí meterme en su conversación.
Buau. ¿Ese poder tenía con los adultos? Increíble...
-Pues yo, ciertamente, no te confiaría mi hija a ti-dije con dientes apretados.
-¿¡Por qué tanto odio!? ¿No recuerdas lo que pasó anoche?
Me sonrojé.
-¡Lo recuerdo perfectamente!-exclamé, furiosa.
-Pues eso me convierte en un héroe, ¿no?-Theo miró a mi hermana-. ¿No, Mogu Mogu?
-¿¡Por qué le llamas como el jugo japonés!?-exclamé, atónita ante su referencia.
-¡Cassie, no pelees con Theo! -mi hermanita se había parado frente a mí, con los brazos en jarra como si fingiese furia-. ¡Él es un súper héroe!
-¡Eso es! El Joker...-comenzó el muchacho.
-... Que por cierto es un villano-lo interrumpí, enarcando una ceja.
Theo se relamió los labios y levantó los brazos en señal de rendición.
-Puedo ser ambos entonces.
Suspiré con resignación y salí de la cocina para echarme en el sofá. Me quedé mirando la enorme araña que pendía del techo hasta que... una figura borrosa estorbó en mi campo de visión. Hice foco en el rostro enmarcado por una mata de cabello castaño chocolate.
-¿Qué haces, Theo?-inquirí, molesta.
-Pareces cansada, ¿no has dormido bien?
-¿Eh?
-¿Has comido?
Volví a suspirar y sacudí la cabeza.
-Hace un día horrible-murmuré, refiriéndome a los chaparrones que se oían de afuera-. Y tengo que estudiar para un examen...
-No estudies-el muchacho rodeó el sofá y se sentó en el brazo, a mis pies-. No sirve de nada la escuela.
Fruncí el ceño.
-¿No vas a la Universidad?
Theo lanzó una risotada y negó con la cabeza, haciendo que su cabello rebotara sobre su rostro. Entonces me fijé en que llevaba una banda en la frente, como la que usan los maratonistas; y ropa de deporte.
-Tengo una suerte de padres que gustan de pagarme bien-sonrió, y luego se mofó-. Aunque Lily dijo que debería empezar a trabajar, porque ser un mantenido es no tener orgullo. El lunes comienzo de mesero en su restaurante.
-¿Lilian tiene un restaurante? Buau...
-¡Prepara la comida más deliciosa que puedas comer! En serio, deberías venir algún día-sonrió.
-¿Y los otros chicos también trabajan allí? ¿Sebastian, Jamie?
-¿¡Sebastian!?-Tae se rió-. ¡Ni siquiera sabe pelar una cebolla! No, no. Sebastian y Tim son raperos por la noche e inútiles por el día. Victor aún estudia en el instituto, pues repitió un año, así que no tiene que preocuparse mucho por eso. En cuando a Jaminie y Robi... ellos si pierden el tiempo en la Universidad.
-Entiendo... Aunque no sé por qué estás tan negado a la universidad.
-¡Es aburriiiiiidooo!-me sacó la lengua-. Igual que tú.
Me abracé las piernas, echando un vistazo a mi hermana que se había puesto a hacer hablar a sus muñecos. Sonreí.
-Yo no soy aburrida.
-¿Te parece divertido?
-No -ensanché la sonrisa.
-¿Y de qué te ríes entonces?
Cuando lo miré descubrí que se encontraba más cerca de lo que pensaba.
Abrí la boca para responder, cuando trueno resonó en toda la habitación. Pegué un saltito, impresionada.
-¡Woooah! ¿Oíste eso? -Theo estiró el cuello para tratar de ver a través de la ventana.
Del otro lado, los árboles se movían de un lado a otro con violencia.
Annie corrió hasta el regazo de la nueva niñera y allí se quedó, abrazada al muchacho; que soltó una risita mientras le sacudía el cabello.
-No tienes de qué temer, Mogu Mogu-le dijo-. Es sólo Zeus, que se ha enojado.
-¿En serio?-mi hermanita parecía impresionada por las palabras del mayor.
-Así es. Zeus tiene un hermano, Poseidón; y cuando se pelean comienza a tirar rayos al cielo-se encogió de hombros-. Sólo hay que esperar a que se le pase, y así volverá a salir el sol.
Me quedé mirándole, sorprendida. Al parecer sus palabras habían tenido efecto en mi hermana, que ahora sonreía mirando el exterior tras el cristal.
-Sólo espero que su humor cambie antes de que mis padres estén de regreso -murmuré-. Las tormentas aquí no son agradables...
-En ningún lado las tormentas son agradables -Theo levantó un dedo-. Excepto cuando estás en casa. ¿Qué opinas, Mogu Mogu?
Antes de que ésta respondiera, el muchacho le estaba haciendo cosquillas en la barriga. La niña reía y le pedía que parara, pero él seguía atacándole con sonrisas grandes como la tormenta que se aproximaba. Me reí también: Theo se había ganado el corazón de mi hermanita en cuestión de minutos, por ende también parte del mío. Bueno... cualquier persona que hiciera reír a mi pequeña hermana se ganaba también parte de mi corazón.
-Oye, y...-comencé, dubitativa-. La rubia, ¿era tu novia?
Theo dejó de hacerle cosquillas a mi hermana. Levantó la mirada, y me clavó sus enormes ojos negros tan profundamente que de repente la diferencia de edad se sintió. Me sentía pequeña. Pequeña y juzgada por él.
-¿Por qué me lo preguntas?-inquirió, con voz profunda y ronca.
Iba a responder, pero un relámpago que iluminó de blanco toda la sala me quitó las palabras.
-Además-siguió, ignorando mi silencio-. Ni siquiera sé de quién hablas.
-¿Estás bromeando? Ya sabes... Gatúbela.
-¿No crees que sería demasiado raro que el Joker saliera con Gatúbela?
Me mordí el labio inferior, molesta.
-¿Eso qué tiene que ver?
-¿Por qué te veo tan interesada? -se rio, burlón-. No, no era mi novia. Theo Yu nunca tuvo novia.
Enarqué una ceja.
-¿Y eso?
El muchacho sonrió provocativamente.
-No creo en esas cosas-se limitó a responder.
-Cómo... ¿en el amor?
-Ahá -se mordió el labio inferior y de repente me sentí muy incómoda. Aparté la mirada-. Toda esa mierda de enamorarse no existe. Es una fantasía.
Lo miré, azorada ante el repentino cambio de la conversación.
-Asumo que nunca te has enamorado-asintió-. ¿Cómo sabes que no existe si nunca te has enamorado?
-Tu pregunta se responde sola, ¿no crees?-se burló-. ¿Qué hay de ti? ¿Crees en esas cosas?
-Pues sí, creo en el amor; y también creo que estudiar sirve de algo.
Se rio sarcásticamente y mi hermana se le quedó mirando como si fuera la cosa más hermosa del mundo.
-Aún eres una niña, muy romántica...
-¡No soy una niña!
Theo se rio tanto que se dio la cabeza contra la cabecera del sofá. Dejó de reírse para sacudirse el cabello, adolorido.
-¡Eso mismo diría una niña!-exclamó.
-¡Theo necesita una doctora!-exclamó mi hermana, y salió corriendo hacia alguna parte.
El muchacho aprovechó para acercarse aún más a mí. Su muslo derecho rozaba mis piernas, que aún seguía abrazando contra mi pecho.
-Entonces... ¿te has enamorado alguna vez?
-E-eso creo.
-¿Por qué te pones nerviosa? ¡Es sólo una insignificante pregunta!
Sin embargo, frente a la sonrisa burlona de aquel extraño, me sentía muy pequeña y un tanto ridícula. Humillada, tal vez. Aquel muchacho me llevaba cuatro años de experiencia de cualquier modo... ¿no? De repente me sentí tonta. ¿¡Qué hacía hablando con él sobre esto!? Sin duda me vería como a una pequeña colegiala, no como a la chica muy madura que yo sentía que era.
Bufé, molesta, y Theo sonrió de lado ante mi gesto.
-¿Por qué lo dudas? Si te has enamorado deberías gritarlo a los cuatro vientos. ¡Mi nombre es Cassandra y me he enamorado! -gritó. Le golpeé sin demasiada fuerza el brazo para que se callara-. Y dime, ¿cómo era él?
-¿Qué...?
-¡Oh, vamos!-se abrazó las piernas contra el pecho como yo, haciéndome burla-. ¿Era guapo? ¿Alto? ¿Universitario? ¡Chica mala!
Fruncí el ceño, molesta.
-No es de tu incumbencia, en realidad.
-¿Pero la rubia candente de la fiesta sí de la tuya?
Hice una mueca levantando el labio superior, y el muchacho hizo otra mueca que no podría... explicar. Era un alienígena, sin lugar a dudas. Un extraterrestre de otro planeta.
-Has ganado: nadie hablará -sentencié.
-¡Pero yo sí quiero oír sobre tu enamoramiento!
-¡Pues yo no quiero contarte!
-¿Por qué no? Oh...-sonrió-. Es tu ex novio, ¿cierto? Me lo dice tu cara: si hubiera sido hace mucho tiempo, te habrías olvidado y no te causaría angustia recordarlo.
-Eres extraño, ¿lo sabes?
-¿Pero tengo razón?
-Tal vez...
-¡Bingo! –sonrió.
Mi hermana llegó con su estetoscopio y se apuró a apoyar la parte plana en la frente del chico. Éste la miró, extrañado.
-¿No se supone que debes escuchar mis latidos con eso?-inquirió.
Mi hermana sacudió la cabeza, quitando el artefacto de la piel aceitunada del muchacho.
-¡Theo está loco! Debe tomar estas pastillas -le puso unas pastillas imaginarias en la mano y volvió a marcharse, riéndose.
También me reí.
-Mi hermana es una buena doctora-me burlé.
Éste entrecerró los ojos, aunque una sonrisa tiraba de sus comisuras. Se cruzó de brazos e hizo un mohín.
-Nadie me entiende en este planeta -dijo.
-¡Aaaaaaargh! -exclamé, cerrando de golpe el libro de apuntes sobre el borde de la ventana que usaba como escritorio. Levanté la taza de té con limón a un lado y le di un buen trago. Estaba demasiado caliente-. ¡Aish! ¡Mierda!
-¿Debería darte clases?-inquirió una voz grave.
Levanté la vista al frente, para ver a Theo sentado en su ventana, justo frente a la mía.
La noche había caído y las luces del exterior alumbraban mi zona de estudio. Mantener las luces apagadas de mi cuarto, había aprendido, me relajaba la vista y la mente. Aun así, estudiar se me hacía imposible... mis pensamientos me guiaban en una dirección completamente opuesta.
-Lo dice el que odia estudiar-me burlé-. ¿Has terminado el instituto?
-¡Claro que sí! ¡Me ofendes!
Me fije en el que tenía el cabello mojado sobre el rostro, una polera negra de cuello alto. Se veía...
Mierda, Cassandra, ¡concéntrate!
-Vete a dormir-dije, mientras volvía a abrir el cuaderno de apuntes.
-¿¡Por qué!?-exclamó, con expresión herida.
Ni siquiera levanté la vista de las hojas para responder.
-Me desconcentras.
-Ya veo...
Fruncí el ceño y levanté la vista. El muchacho se encontraba de espaldas, y se estaba sacando la polera por la cabeza. Descubrí la piel desnuda de su espalda, la línea de su columna vertebral, el color trigueño bronceado, lo tersa que se veía...
Cuando terminó de quitarse la polera, la remera blanca que llevaba debajo cayó sobre su espalda desnuda. Se giró y me sonrió perversamente.
-Lo siento, ¿esto te desconcentra?-inquirió, levantándose el cabello húmedo con una mano.
Tragué saliva.
¿A qué juegas, Theo Yu?
-Pues sí, es molesto-me removí en el taburete en el que estaba sentada-. Déjalo y vete, necesito aprobar el examen mañana.
-Entonces focaliza en tu tema y no en mí. ¡Yo sólo estoy en la intimidad de mi casa!
Gruñí, tratando de descifrar lo que había escrito anteriormente en aquellos papeles de... Mierda, Theo estaba quitándose la blus...
-¡Cassie! ¡Focus!-exclamó, divertido, mientras amagaba con sacarse la única prenda que cubría su pecho marcado.
Tenía ganas de gritarle una sarta de inmoralidades, pero decidí que lo mejor sería perderme entre las páginas y...
Theo se había marchado, ¡genial! ¡Perfecto! ¡Ahora podría...! No... Estaba acercándose, ¿pero qué...? ¿¡Llevaba una bata!? ¡Alto! ¡Estaba abierta! ¡¡¡Podía ver perfectamente su pecho desnudo!!! Su piel morena, su pecho perfectamente marcado, aquellos huesos curvos de sus clavículas, sus abdominales...
-Oye, ¿qué estás mirando?-bufó.
Subí de golpe hasta su cara, sus ojos entrecerrados y su sonrisa coqueta.
-¿¡Qué!? ¡No! ¡Yo no...!-de repente perdí la estabilidad en el taburete y terminé cayendo con un gritito al suelo.
-¡Cassie! -exclamó el imbécil-. ¿¡Te encuentras bien!?
-¡Vete a la mierda! -exclamé, mientras me sentaba en el suelo y me tocaba el codo que me había raspado.
Oí como el muchacho se carcajeaba desde su ventana.
-... Así que me caí del taburete-expliqué, recostada sobre el escritorio-. ¡Y se burló de mí! ¿¡Me estás escuchando!?
-Ahá.
Mi mejor amiga, Dalia, no era lo que se pudiese describir como la típica mejor amiga. Muy fría, muy emo, muy terca y, sobre todo, muy inteligente.
-O sea que te gusta tu vecino -dijo, mientras se limaba las uñas a mi lado.
-¡No! -exclamé, asqueada ante sus palabras.
La muchacha levantó la vista para mirarme, sin expresión alguna, y sopló hacia arriba para mover el flequillo que le cubría hasta las pestañas.
-Pues eso es todo lo que puedo sacar con tus palabras-dejó la lima a un lado y tomó mi rostro con su mano-. Si encuentras a ese chico atractivo y molesto... a la larga estarás rendida ante él.
-¡Dalia, no estás ayudándome!
-Lo siento, ¿querías que te ayudara diciéndote que a lo mejor se muda del país?-se encogió de hombros-. Porque dudo que se mude, y dudo aún más que a éste paso no suceda algo entre ustedes...
-¿¡Estás de broma, verdad!? ¿¡Qué podría suceder!?
-Pues le llamas la atención, ¿no?
-¡No! ¡Eso no es así! Sólo... es un poco raro, eso es todo.
Justo cuando Dalia iba a responder, sonó la alarma de receso. La muchacha levantó su mochila sin medir palabra y salió del aula. La seguí casi corriendo, gritándole que me esperara.
-Así que, ¿eso es todo?-inquirió-. ¿No sucedió ninguna otra cosa?
-Pues no, no lo he visto esta mañana-hice una mueca-. Y no dije que me pareciera atractivo.
-¿Ah no? ¿Cómo es él?-insistió, mientras salíamos del instituto.
-Pues es... alto-me mordí el labio-. Tiene la piel morena, y los ojos grandes. Su sonrisa es... es rara. Tiene el cabello castaño con unas... no sé, unas mechas verdes y...
-¿Cómo ese de ahí?-me interrumpió mi amiga.
Levanté la vista y, en definitiva, era él quién me saludaba con una gran sonrisa en el rostro.
-Si... así.