Capitulo 2

3912 Words
Melissa. Faltan muy pocos días para mi final y no quiero desaprobar por eso me esfuerzo tanto en estudiar así no soy un fracaso al menos en los estudios, me distraigo cuando la puerta es abierta y cerrada con brusquedad que llego al saltar del susto que me da. —Estefi me escribió. —¿Y?. —me apoyo en el respaldo de la silla mirándola. —Estas rara, ¿qué pasó?. —No sé de qué hablas. —se sienta muy enojada en la cama—. ¿Te puedes ir que quiero estudiar?. —Meli. —un poco mas grita y yo me giro para seguir en lo que estaba. —Cierra cuando salgas. —Me dijo que estabas enojada. —miro mi libro y mis anotaciones sin prestar atención—. También dijo que te preguntaron por mi y te enojaste ¿Es verdad?. —¿Si, por?. —voy al baño cuando me doy cuenta que no doy mas de aguantar. —¿Meli qué te pasa?. —me agarra del brazo enojada—. ¿Por qué te enojaste?. —Bien. —hago que me suelte—. Son mis... Bue... Eran mis amigas, pero a la vez no porque lo único que querían era que siempre aparezca contigo o que no vaya. —frunce las cejas a medida que hablo—. Entonces les dije que la próxima vez te llamen y no me jodan la vida a mi. —Pero... ¿Por qué te enojas?. —Porque yo nunca voy donde tus amigas... Y sé como se llaman porque antes eran MIS amigas. —¿Estas celosa?. —dice riendo. —No... Simplemente no te quiero cerca... Haz tu vida y yo hago la mía, me tienes podrida. —Aayyyyy pobrecita la estúpida... Eres una celosa de mierda Melissa. —voy al baño y me lavo la cara para despejarme un poco—. Siempre encerrada en este cuarto de mierda que es igual de aburrido que tú. —Al menos no es un burdel como el tuyo. —Pero al menos en mi burdel abren la puerta, ¿y en el tuyo?. —negando y riendo agarro la puerta. —Vete porque no quiero verte. —Eres una idiota. —Lo mismo digo de ti Dam. ....................... Siento que golpean la puerta sin parar, pero no abro, mueven la manija sin resultado ya que está con llave y no voy a abrir, literalmente estoy hace dos días encerrada sin salir ni hablar con nadie, me la paso llorando como una estúpida, tampoco tengo muy en claro porque lo hago, pero me salen lágrimas con cualquier cosa que se me pasa por la cabeza y no logro retenerlas, ni logro dejar de pensar en pavadas. Me levanto a darme un baño ya que tengo que ir a rendir y no voy a desperdiciar esta oportunidad, he estado mandando currículum a muchas empresas sin que me informen nada, debe ser que no tengo ninguna experiencia, ¿pero de dónde voy a sacar si no me toman?. —Hija. —sigo bajando las escaleras sin darle importancia—. Melissa te estoy hablando. —Voy tarde. —Come algo. —No tengo hambre. —me agarra del brazo con fuerza tanto que chillo del dolor—. ¿Queeee?. —Vas a comer algo. —Ya dije que no. —¿Otra vez con lo mismo?. —No sé de qué hablas. —tiro de mi brazo hasta que suelta—. Ya me tengo que ir. —Melissa por favor. —Como algo allá. —me giro en la puerta mirándola—. Ya estoy grande para que me controles. —¿Estas grande y haces esa estupidez?. —Es mi cuerpo mamá... Y si quiero dejar de comer lo voy a hacer. —¿Así que ya estas grande para hacer esa estupidez pero no para irte?. —abre grande los ojos cuando termina de decirlo y yo no hago ningún gesto—. Perdón. —Me voy a ir no te preocupes. —No quise decir eso hija. —Chao. —Meli no. Manejo casi en una nube, hace tiempo que deseo irme pero no tengo un peso para nada, todo lo que poseo es de mis papás, por ende no puedo irme y tampoco me dejan trabajar, según ellos me apoyan en mis estudios y si lo hacen, me pagaron todos los libros, fotocopias, clases particulares cuando no podía con algo, hasta me dieron un auto para que no tome mas el colectivo, pero a cada oportunidad que tienen me dicen de que cuando me voy a ir, no entiendo esa partecita en particular. En el parcial miro mi hoja sin ver, cuando logro concentrarme hago todo de inmediato, tanto estudiar tiene que servir de algo porque si que estuve días y días metiéndole a esto, espero en el lugar a que me den la nota y salgo, cuando lo hago están mis papás y mis hermanos esperando afuera de la facultad. —¿Qué hacen acá?. —Hoy era tu final. —habla mi papá sonriendo—. ¿Creíste que no íbamos a venir?. —No lo sé. —alzo los hombros porque ni lo pensé—. Ni siquiera lo pensé. —¿Y? ¿Aprobaste?. —Martín me saca la hoja—. Siiii. —me alza en sus brazos apretándome con fuerza—. ¡Felicidades!. —Gracias Mumu. —¡Felicidades hija!. —mi papá me aprieta con fuerza en sus brazos—. Después vamos a ver tu regalo hija. —¿Qué regalo?. —los miro a los cuatro. —Pensamos que tendrías que tener tu lugar. —le sonrío a mi mamá que baja la mirada enseguida—. ¿Quieres que lo vayamos a ver ahora y después vamos a festejar?. —Preferiría ir a dormir. —quedan serios todos—. Estoy muy cansada y solo quiero dormir, estudié por muchos días, mi cuerpo no da mas. —Pero hija... —Chao. —me giro para ir al auto. —Meli espera. —Martín se para delante mío—. Vamos a comer nena... Vamos no seas así, queremos festejar tu logro. —Mumu yo... De verdad. —Vamos Meli. —me agarra de la mano haciendo que afloje—. Vamos en mi auto que quiero que hablemos un poco. —Esta bien. —nos giramos para decirles que si voy. —Voy con Meli... Damaris llévate su auto. —Siiiiii. —Voy a ir atrás tuyo, no te hagas la loca. —Pucha, que viejo. —miro por la ventana pasar las casas. —Mel... Te conseguí trabajo. —lo miro de inmediato. —¿De verdad? ¿Dónde?. —El hermano de Brisa tuvo un accidente y necesita un quinesiologa... Como va a ser tu primer trabajo es buen referente el que trates con él en su casa. —sonrío a mas no poder porque por fin algo se me esta dando bien—. Después puedes tener buenas referencias y una empresa te puede tomar. —No puedo creerlo. —me rio y aplaudo feliz—. ¿Y cuándo podría empezar?. —Mañana. —lo miro sorprendida—. Hoy en la noche me voy para allá y podemos ir juntos. —¿Allá dónde?. —Son personas del campo. —miro hacia adelante pensando, porque significa irme a vivir ahí, es un tratamiento no una sesión de masajes—. Es en el sur. —Bien. —la idea de alejarme de todos me agrada—. Me gusta la idea. —Todo listo entonces. —Cuando lleguemos hago mis valijas. —Perfecto. ........................ En mi habitación guardo absolutamente todas mis cosas, me llevo la ropa hasta la que no uso que me compró Damaris diciendo que debo mostrar mas y que de solo verla me pongo roja de vergüenza, aun así la llevo y no dejo nada de nada mío en la casa de mis papás, me digo a mi misma que nunca mas voy a volver a este lugar, así tenga que vender mi cuerpo para pagar un techo lo voy hacer, ya tengo 25 años, no puedo seguir así, menos que me digan todos los días como un corito que vivo bajo su techo y como gracias a ellos. —Melissa. —mi mamá entra con lágrimas en los ojos—. ¿De verdad te vas?. —sigo doblando la ropa sin decir nada—. No quise decir lo que dije en la mañana... Y tampoco es para que te vayas sin tener donde ir. —Tengo donde ir. —cierro los bolsos y la miro asintiendo—. Ya me tengo que ir. —No te vayas Meli. —Permiso. —salgo con dos bolsos, cuando llego abajo esta Martín esperándome—. ¿Me traes los otros por favor?. —Si. —sube corriendo y yo salgo para guardar mis cosas en su auto. —Melissa. —me giro a mirar a mi papá, le tiendo la llave del auto. —Tú me lo compraste... Es tuyo. —no agarra la llave. —¿Qué te pasa?. —niego y avanza un paso—. Es tuyo llévalo. —No... La ropa me la llevo porque no tengo que ponerme pero no el auto. —Meli te compramos un lugar para vivir. —miro el suelo suspirando—. Ve ahí no a otra provincia. —Eso tampoco lo quiero, pueden dárselo a Dam... Bueno... Cuando pueda los llamo. —Yo no te crié así. —dice mi papá enojado. —Lo sé... Es mi actitud, no puedo cambiarla. El viaje dura bastante y menos mal que Martín decidió salir a penas tuve todo listo porque sino ibamos a viajar de noche por una ruta que no conocemos ya que nunca fuimos por ahí, igualmente llegamos en la noche y nos quedamos en un hotel. ........................ Estoy muy nerviosa porque no sé con que me voy a encontrar, o si esa persona va a ser de ayuda porque si el paciente no coopera no hay tratamiento que dé fruto. Brisa me dió la dirección del hermano pero igualmente me dijo que Leo me iba a acompañar hasta la casa para que no me pierda, lo espero y espero pero no llega, como Martín me presta el auto hasta que se vaya aprovecho de decirme que es mejor ir pidiendo indicaciones a esperarlo, pero justo aparece sonriendo. —Perdón, pero se me hizo tarde. —Me di cuenta. —Bueno... Voy adelante, sigueme para que después sepas como es el camino. —Bien. —voy mirando todas las montañas y gente de a caballo que andan guiando animales para todos lados, después de casi una hora llegamos a una granja enorme. —Me tengo que ir. —¿no me lo va a presentar?—. Golpea y listo. —¿Cómo se llama?. —Daniel... Vas a tener que tener paciencia. —Esta bien... Gracias por tomarte tu tiempo y acompañarme. —No hay drama. —se va de inmediato y decido golpear de una vez. ***** Daniel. Brisa me manda un mensaje diciendo que su cuñada debe estar por llegar, carajo que no quiero que nadie venga a verme con pena por mi condición y me miren como a un invalido. Cuando estoy desayunando escucho una camioneta, me acerco a la ventana viendo la camioneta de Leo, pero atrás viene un auto muy nuevo de alta gama, frunzo las cejas porque si es la quinesiologa esta bien parada. Desde la puerta la veo que habla con mi hermano que no se baja, después de unos minutos él se va y ella viene hacia la puerta mirando todo el lugar, golpea y me quedo sin hacer nada. —Holaaaa, ¿Hay alguien?. —mira hacia todos lados—. ¿Sabrá que tenia que venir?. —Pasa... No puedo ir hasta la puerta. —salta asustada e ingresa de inmediato, mira todo hasta que me ve que estoy en la ventana esperando. —Hola. —sonríe, pero solo la miro de pies a cabeza—. Soy Melissa la quinesiologa. —deja la mochila en el suelo y se acerca—. ¿Cómo estas? ¿Daniel no?. —¿Cómo crees que estoy?. —Mmmm... Bien se ve. —aprieta las manos con nervios—. Estas parado. —No dice nada eso. —Si lograste pararte solo yo creo que puedes mejorar rápido. —Si no quieres hacer tu trabajo vete. —¿Por qué no querría hacerlo?. —Nada. —me quiere ayudar a sentar pero la alejo—. Puedo solo. —se muerde los labios muy incómoda—. Puedes comenzar. —Bien... La primer sesión es para que nos conozcamos y principalmente conozcas como trabajo. —saca unas cremas de la mochila dejándolas en la mesa—. Me especializo en la recuperación mediante masajes, luego de eso empiezan los ejercicios sin abandonar los masajes obviamente. —habla sin parar, es una cotorrita esta mujer—. Después te revisa un medico de tu empresa y si te dan el alta mi trabajo termina porque seguramente te dan un quinesiologo ahí para que no dejes el trabajo. —¿Cómo vas a saber si haces un buen trabajo si es tu primer trabajo?. —Eres mi primer trabajo oficial. —me mira fijo a los ojos—. Antes trabajé en clínicas para lograr recibirme o no estaría acá de ser así. —Espero no me dejes peor. —Yo sé que no me tienes confianza, ¿pero puedes darme una oportunidad al menos?. —me siento mal al ver sus ojos aguados y su voz de suplica y desespero—. Necesito esta referencia o nunca me van a tomar en un trabajo fijo. —¿Qué vamos a hacer ahora?. —cambio de tema donde me puso incómodo. —¿Puedo ver los estudios?. —Ahí están. —los mira y después me sonríe asintiendo. —Bien... Voy a hacer unos breves masajes en los lugares afectados para conocer en que condición estas y tu cuerpo se adapte a mis manos. —me mira fijo sin hacer nada. —¿Qué esperas?. —¿Puedo tocarte sin problemas?. —mira hacia las escaleras—. ¿Tu mujer no va a bajar creyendo cualquier cosa?. —No tengo mujer y puedes tocarme ¿o cómo vas a hacer tu trabajo?. —Bien... Voy a empezar... Necesito que te gires un poco para que estés cómodo y derecho. —¿Así?. —la miro y ella asiente. —Perfecto. —se pone crema en las manos y las apoya en mis hombros—. ¿Este es no?. —Si... Cuidado que me duele mucho. —¿Creías que no iba a doler?. —No lo sé. —Pues te va a doler y mucho durante las primeras sesiones ¿Pero te pido que confíes y colabores si?. —Si. Me empieza a masajear y sus manos son muy suaves, siento que mi cuerpo se relaja como nunca, pero termina todo lo bueno cuando llega a mi musculo dañado, carajo que me dan ganas de gritar y decirle que me deje de una vez, pero sé que lo hace con cuidado tal como dijo. Esta aproximadamente media hora con mi espalda, no solo en donde esta el problema si no toda mi espalda y si que lo necesitaba, me duele mucho la cintura donde duermo mal por el dolor en mi hombro y sus manos lograron que no sienta mas ese dolor. —¿Cómo estas? ¿Puedes mover el cuello como antes?. —lo tiro hacia atrás pero no entiendo cuando grita y pone la mano—. Noooo... Despacio que te vas a lastimar peor. —Guíame entonces. —Así. —pone sus manos a los costados de mi cabeza y me mueve despacio—. Perdón, esto lo tendría que hacer yo. —¿Primer error entonces?. —Supongo que si. —después de unos minutos para—. Ahora la pierna. —Es la derecha. —cuando se inclina me olvido de que es mi "doctora", apoya la mano y a penas acaricia, pero me hace doler mucho. —En la cama seria mas cómodo. —me muerdo los labios mirándola agachada delante mio y debo frenar a mi amigo o esto no va a terminar bien—. Estarías acostado y yo me podría mover sin problemas. —La verdad que si, la cama es mucho mas cómoda. —queda dura y me mira, sonó tal como quería que suene—. Discúlpame. —¿Por? Es verdad lo que dijiste. —levanto las cejas divertido—. En la cama no te dolería la espalda como apuesto a que te duele ahora... Y me podría mover para masajearte bien tu pierna lesionada. —Si, claro. —sube mi bermudas un poco y no puedo dejar de mirarla, ahora reaccionó en que necesito una mujer urgente y que ella sea hermosa no ayuda en nada—. ¿Falta mucho?. —Un poco, ¿tienes cosas qué hacer?. —no, solo que mi polla se me esta poniendo dura, pero no lo digo. —No, pero ya me duele mucho. —Esta bien. —se soba las manos como relajandolas—. ¿Dónde me puedo lavar las manos?. —Ahí esta la pileta. —cuando guarda sus cosas sigue hablando. —¿Mañana a esta misma hora te parece? ¿o quieres de mañana?. —De mañana me parece mas conveniente. —Okey... Me voy entonces. —¿Solo eso vas a hacer?. —quedo sorprendido porque se pone la mochila al hombro—. ¿Unos masajes de mierda?. —Si... Pero esos masajes de mierda van a hacer que vuelvas a levantar tu brazo y apoyar tu pierna sin dolor. —me da un beso en la mejilla sonriendo—. Hasta mañana. —Hasta mañana. Desde mi lugar al lado de la ventana la miro irse, quedo pensando en que necesito urgente sacarme la frustración, agarro el teléfono y llamo a Miriam. ......................... Bajo como puedo las escaleras, me tengo que cargar en mi pierna y brazo bueno en todo momento y me da miedo lastimarlos tambien, Lautaro me dijo que iba a venir para ayudarme pero prefiero hacerlo solo, una vez en la cocina suspiro aliviado y limpio mi frente transpirada del esfuerzo y dolor soportado. —Me tendrías que haber dicho Daniel. —la miro que baja con una remera mía—. ¿Yo te puedo ayudar sabes?. —¿No tienes que irte ya?. —mira el reloj y levanta los hombros. —Alcanzo a desayunar. —se mueve como si estuviera en su casa y eso no me gusta nada—. ¿Quieres café?. —Si. —hasta hace tostadas y me acomoda todo en la mesa así no me muevo. —Viene alguien ¿Quién será?. —veo un auto destartalo estacionar, baja Melissa con su mochila inmensa. —Mierda. —Miriam va hasta la puerta y abre antes de que ella golpee. —¿Si?. —Hola... Soy la quinesiologa. —¡Ah! Pasa, justo estábamos desayunando. —Vengo mas tarde. —Entra Melissa. —digo desde mi lugar—. Miriam ya se tiene que ir. —No tengo problema de venir mas tarde, en serio. —queda parada en la puerta muy incómoda. —Tranquila... Me cambio y me voy. —sube corriendo y queda mirando todo menos a mi. —¿Desayunaste?. —Si, ¿es muy temprano verdad?. —No. —miro el reloj y a ella—. Recién son las nueve. —Dani. —baja vestida con su bolso en la mano—. Ya me voy... ¿Si necesitas algo me llamas enseguida?. —asiento y cuando me quiere dar un beso en la boca me corro—. Chao ¿Cómo es tu nombre? Si me lo dijiste no lo recuerdo. —Melissa. —Yo soy Miriam. —Mucho gusto. —se va y ella mira hacia todos lados—. Bien, ¿Empezamos?. —Vamos a la cama. —levanta las cejas y yo me rio—. Cambió las sabanas, no te preocupes. —Ayer dijiste que no tenias mujer. —Y no la tengo. —se pone roja y yo mas me divierto—. ¿Acaso eso es un problema para hacer tu trabajo?. —No... Pero una vez uno me dijo lo mismo y después me querían linchar por el simple hecho de masajear su mano. —Eso no va a pasar tranquila. —Esta bien... Vamos a la cama entonces. —me paro y ella viene a mi lado—. No digas nada y deja que te ayudé... Yo sé mas que nadie que te duele mucho aunque no lo digas. —Esta bien. —tardamos bastante en subir porque no queria que cargue mi peso, una vez acostado boca abajo comienza a masajear mi espalda—. ¿Cuantos años tienes Melissa?. — 26 Recién cumplidos ¿Y tú cuántos tienes?. —30... Dentro de unos meses es mi cumpleaños. —¿Cuándo?. —En tres meses. —sigue sin decir palabra y yo con lo ojos cerrados escuchándola—. ¿Tienes novio?. —No. —¿Hijos?. —Tampoco... Bueno, bajamos a tu pierna ahora. —¿Te incómodan mis preguntas?. —niega sonriendo. —No. —me ayuda agirarme y a acomodarme—. Son preguntas básicas que hace todo el mundo, no me incómoda para nada. —Bien. —me pongo tenso cuando toca mi muslo. —Yo... —se pasa el antebrazo por la frente muy incómoda—. Necesito tocarte el muslo interno, ¿Puedo?. —nos miramos a los ojos y ella esta roja—. Va a ser solo unos minutos. —Esta bien. Aprieto con fuerza la frazada, por el dolor y el puto placer que siento cada vez que roza mis pelotas, carajo, creí que llamando a Miriam me iba a aliviar pero no fue así, la veía arriba mío montándome y lo único que deseaba era volver el tiempo atrás y nunca haberle escrito, pero la cagada ya estaba hecha, y mi hombria manchada si la dejaba en la nada. Después de mas de media hora con mi pierna al fin termina. —Ya esta. —me limpio la transpiración jadeando—. ¿Te ayudo a ir abajo?. —Por favor. —me quiere parar pero no puedo hacerlo—. Mierda, no puedo. —Tranquilo. —me siento de nuevo mirando el suelo—. Esperemos un poco mas a que los músculos reaccionen de nuevo. —Me quiero parar ahora. —se gana delante mío envolviéndome como en un abrazo y hace fuerza pero no podemos, del envión caigo hacia atrás llevándola conmigo. —Perdón. —se corre de inmediato pero no puedo dejar de mirar el techo. —Es mejor que te vayas. —Pero te quiero ayudar. —Vete Melissa... Antes de que diga algo que me arrepienta. —No me importa. —me mira decidida—. Vamos hombre... Sientate y te ayudo, ahí tirado no te voy a dejar. . .
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