El reencuentro

1154 Words
Lucía (28 años) Estoy súper emocionada. Voy a solicitar un trabajo de secretaria en una de las mejores empresas del país. Aún no puedo creerlo. Encontré el anuncio tirado justo afuera de mi casa, como si el destino lo hubiera puesto ahí a propósito. Una casualidad tan bonita también significa algo más: puedo escapar de mi padre por unas horas… y con una buena excusa. No voy a mentir, me muero de los nervios, y esos nervios se multiplican en cuanto entro al edificio y veo la enorme cantidad de gente que está postulándose. Reviso mi ficha. Número 789. Suspiro. Parece que voy a tener que esperar un buen rato. Busco un asiento, pero todos están ocupados, así que termino quedándome de pie en un rincón. Han pasado unos quince minutos cuando escucho una voz a mi lado. —Hola —dice alguien a mi lado, con un tono amable. Me giro y veo a una chica joven y muy linda. Su ropa es formal, bien cuidada, así que no me cuesta imaginar que también está aquí por la entrevista. —Hola —respondo, devolviéndole la sonrisa. —Perdona que te hable así de la nada —dice soltando una pequeña risa—, pero llevo como media hora sin hablar con nadie y ya estaba empezando a desesperarme. —No te preocupes —le digo—. Puedes hablar todo lo que quieras, así el tiempo pasa más rápido. —Entonces no me voy a contener —bromea—. Por cierto, soy Elizabeth. Extiende la mano y la estrecho. —Lucía. Un gusto. —¿No te parece increíble estar aquí? —dice con los ojos brillantes—. Digo, de todas las empresas del país… esta. Su entusiasmo es contagioso. —Sí —admito—. Aún siento que no es real. Miro hacia adelante y mi ánimo baja un poco al ver lo lenta que es la entrevista. —A este paso vamos a salir de aquí siendo mejores amigas —dice de pronto, cruzándose de brazos—. ¿Cuánto crees que falte? —Con suerte —respondo suspirando—, unas cuatro horas. —Perfecto —dice, dramática—. Entonces tenemos tiempo de sobra para hablar de cosas importantes. La miro, intrigada. —¿Como qué? —Como el presidente de la empresa —dice inclinándose un poco hacia mí—. Dime que ya lo viste. Frunzo ligeramente el ceño. —No… la verdad no. —¿Cómo que no? —abre los ojos, genuinamente sorprendida—. ¿No ves las noticias? Por un segundo dudo, pero termino encogiéndome de hombros. —No mucho —digo, bajando la voz—. Se me hacen aburridas. —No sabes lo que te pierdes —responde negando con la cabeza—. Créeme, después de verlo, las noticias no son tan malas. No puedo evitar imaginarme al jefe, aunque mis pensamientos no van hacia su apariencia, sino a cómo será realmente. ¿Será estricto? ¿Tendrá algo de compasión con los nuevos? Solo pensarlo me da miedo. Muchas personas se aprovechan de su puesto y tratan mal a sus empleados; de verdad espero que aquí no sea así. Elizabeth sigue hablando durante un buen rato. Yo, como de costumbre, me limito a asentir o a responder con pocas palabras. Nunca he sido muy habladora, y ella parece no necesitar respuestas para seguir. Cuando por fin escucho mi número de ficha en el altavoz, casi doy un salto de la emoción. Me despido de Elizabeth después de intercambiar contactos porque —según ella— ahora somos mejores amigas, y me dirijo hacia la sala de entrevistas. Al entrar, lo primero que hago es mirar a la persona que está entrevistando y… Caray. ¿Será que aquí solo contratan gente guapa? El hombre sentado detrás del escritorio tiene un rostro muy particular: una mandíbula marcada, pero sin exagerar; una barba de pocos días; y lo más llamativo… sus ojos. Azules, intensos, oscuros de una forma que resulta inquietante. Por alguna razón se me hacen conocidos pero no logro recordar así que lo ignoro. Me doy cuenta de que me he quedado parada más tiempo del necesario, con la vergüenza subiéndome al rostro, avanzo y tomo asiento frente a él. El silencio se alarga. Él solo me observa, y eso consigue ponerme aún más nerviosa. En mi mente no hago más que suplicar que empiece la entrevista de una vez. Entonces carraspea, toma unos papeles y yo suelto un suspiro de alivio. —Así que… Lucía —dice mientras revisa lo que supongo es mi currículum. Luego levanta la vista y me mira directamente—. ¿Tienes experiencia como secretaria? —Sí —respondo, adoptando el tono más formal que puedo—. He trabajado en empresas más pequeñas. Asiente levemente. —¿Tienes pareja? Parpadeo, sorprendida. ¿Pareja? ¿Eso es importante para el trabajo? —Lo pregunto —añade con calma, apoyando ambas manos sobre el escritorio y recargándose en la silla— porque esta empresa consume mucho tiempo. No siempre deja espacio para una relación. Ah… ahora tiene sentido. —No —respondo finalmente—. No tengo pareja. Miento. Algo en su expresión cambia. Su mirada se endurece apenas y su mandíbula se tensa, como si supiera que no estoy siendo del todo sincera. —Es bueno saberlo —dice. Se levanta, rodea el escritorio y abre la puerta, haciéndome una seña para que salga. Así de rápido es la entrevista pero entonces porque las demás tardaron tanto? será que a primera vista se dio cuenta que no sirvo para el trabajo? —Eso sería todo. Si llegas a ser contratada, te llamaremos mañana. Me pongo de pie y camino hacia la salida, pero justo antes de que la puerta se cierre, alcanzo a escuchar: —No me recuerda… Dudo por un instante si debería volverme y preguntar a qué se refería, pero enseguida descarto la idea. Seguramente hablaba de otra persona y no quiero pasar vergüenza, así que continúo caminando sin mirar atrás. Al salir de la zona de entrevistas, me dirijo a donde aún esperan los demás. Busco a Elizabeth entre la multitud y, cuando la encuentro, me despido de ella rápidamente antes de marcharme por fin. Aprovecho que mi papá no está hoy y me permito regresar con un poco más de calma. Cuando estoy a punto de salir de la empresa, siento una mirada clavada en mi espalda. Me detengo. Algo me impulsa a voltear, y cuando lo hago, lo veo. Es él. El hombre que me entrevistó ha salido de la oficina y está mirando justo en mi dirección. No parece sorpresa lo que hay en su rostro, sino una atención silenciosa, como si intentara recordar algo importante. No sé por qué, pero esa mirada me provoca una extraña sensación de familiaridad. Como si, de alguna manera, ya nos conociéramos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD