—¿Por qué le has hecho eso? —musité, sintiendo un incómodo nudo en el estómago. Josephine era agresiva también y de eso no me había percatado antes. Pero había algo que no encajaba ¿Cómo había podido con él y no con Jorge? —Porque te había derramado la bebida a propósito aquel día —explicó con el resentimiento de una niña al justificar por qué arrojó los colores al suelo—. No me… agrada que alguien te haga daño. No contesté nada, por alguna extraña razón no me alteré ni le temí, supongo que mi instinto de supervivencia estaba fallando. —Pudo haberte denunciado —razoné, aunque seguramente como menos se lo esperaba—. No sabes el problema que eso te pudo ocasionar. Exhaló una risita. —¿En realidad es eso lo que te preocupa? —se burló—. Que me hubiera podido mete

