El taxi que había tomado al salir avanzaba a velocidad media rumbo a la dirección que le había dictado previamente, mientras tanto miraba distraídamente las cosas pasar al otro lado del cristal de la ventana al mismo tiempo que analizaba las recientes insinuaciones de la psicólogo. Si bien tenía claro una cosa, que la ciudad completa, inmersa en las redes (que nos mantenían comunicados pero al mismo tiempo nos alejaban unos de otros) creían que la culpable era yo, aparte de eso la mujer que solicité como mi ayudante emocional me dio a entender que pude haberle estado mintiendo inconscientemente, encima de todo cuando mamá mencionó aquella noche el impermeable rojo fue GianPaolo el que me miró con una secreta mirada inquisitiva, era obvio que todo podría apuntar a

