Capítulo 4

1093 Words
El tal Joshua hablaba con ella.   —Entonces tú eres Zoe Redmond —le mira impresionado.   —Sí —asiente divertida.   Blanqueo mis ojos ante su reacción.   "Oh, vamos Redmond, tú no eres así de coqueta, detente"   Sentía como esa asquerosa sensación de celos recorría cada parte de mi cuerpo, arrugue mi nariz.   —¿Te parece si salimos este fin de semana? —le pregunta el chico.   Alza su mirada asombrada, terminando de pasar un mechón de su cabello detrás de su oreja.   —¿Co-cómo? —titubea Zoe.   —Tú y yo, en una cita —le sonríe el chico.   —Ah. Yo. Nnnh. Ssh. Sí —responde de una vez por todas sonriendo.   "¡No!" Le reclamo.   —Perfecto, entonces, ¿me das tu dirección? —le pide el chico.   —Ah, claro —se acomoda Zoe.   Toma un bolígrafo de su bolsa, le agarra la mano a Joshua y anota su dirección en ella.   —Excelente —sonríe aquel chico hacia la palma de su mano—, entonces paso por ti a las seis, ¿está bien?   —Claro —asiente y camina hacia la salida, dejando solo al chico.   Me transporto al auto en el asiento trasero.   "Perdóname, Zoe, pero te lo mereces"   Cuando sube al auto, enciendo el stereo.   Ella da un pequeño brinco en el asiento y se dispone a apagarlo.   Respira profundamente y se acomoda el cabello detrás de las orejas.   Hago sonar su móvil y lo busca desesperada, para solo encontrarse con el reproductor encendido.   Lo apaga confundida e intenta encender el auto.   Con un hábil chasqueo hago que el auto no encienda.   —¿Qué rayos le pasa? —exclama Zoe.   Vuelve a intentarlo, y nada, vuelvo a encender el stereo y esta vez grita muerta del miedo.   Lo apaga de golpe.   Hago lo mismo con el móvil y esta vez hago que las luces de su auto se enciendan y apaguen repetidas veces. Vuelvo a encender el stereo y observo cómo se vuelve loca.   —Por Dios, ayuda.   "No lo metas en esto" le grité, con toda la intención de entrar en su cabeza.   Veo que mueve su cuerpo con la intención de abrir la puerta y salir, pero antes de que lo haga, bajo los seguros impidiendo que salga.   —Ayuda —grita desesperada y empieza a golpear la ventana.   Enciendo el stereo de nuevo y esta vez subo todo el volumen, intenta apagarlo pero se lo impido.   Pongo la música de su celular con un volumen alto y manipulo su sistema escribiendo en las notas que tiene:   "No me provoques"   Toma su celular y ve la nota escrita.   Su respiración se agita y empieza a desesperarse.   —Por favor —empieza a sollozar.   Golpea el claxon de su auto, llamando la atención de la gente que va pasando y por desgracia también la de Joshua y su dentista.   —Tranquila, te sacaré de ahí —intenta hablarle pero yo impido que lo escuche.   "Y lo último" susurro esta vez.   Quito el seguro de mano y el auto empieza a moverse hacia la bajada de aquella calle.   —¡No! ¡Por favor, ayuda! —grita desesperada.   Joshua corre detrás del auto pero no puede hacer nada. Sonrió hacia su intento fracasado. Vuelvo mi mirada hacia Zoe, y ella se encuentra viendo hacia atrás, con los ojos rojos y las lágrimas brotando de sus ellos.   Por fin caigo en la cuenta de que de verdad la he cagado.   Detengo el auto y apago el stereo.   Escucho como llora, haciéndome sentir fatal.   Y por fin la dejo salir del auto.   Abre la puerta y se deja caer al suelo, se encoge y llora fuerte.   "Lo siento" la miro preocupado, no creí que podría exagerar la situación.   —Zoe, ven acá —Joshua la toma de los hombros, atravesándome.   Veo como se estremece y recuerda una fracción de lo más terrible que le ha pasado, pero la preocupación por Zoe le hace olvidarlo de golpe.   "Nunca atravieses a un diablo" es lo último que hago y desaparezco de ese lugar.   Vuelvo hacia el infierno, sintiéndome un asco.   ...   —Vaya show que has dado, Blake —me molesta Alex.   Le miro mal y mis ojos se tornan rojos.   Relaja la mirada y se va, dejándome solo.   Me siento en una silla y tallo mi cara.   —La has liado —una voz masculina que nunca había escuchado llama mi atención.   —¿Tú quién eres?  —le pregunto.   —Dime Jacob.   —Blake.   —Lo sé, tu gran acción ya está dando vueltas llegando hasta los siete círculos —me mira divertido.   —Pues no me siento muy orgulloso.   —La quieres verdad.   Me enderezo y lo miro confundido.   —¿Cómo puedes decir eso? Nosotros no podemos...   —Hacer algún vínculo con nuestro humano, ya lo sé, pero creo que es obvio que la quieres.   No acepto pero tampoco niego su hipótesis.   —Descuida, a mí me pasó lo mismo hace unos siglos.   —¿Y qué sucedió? —le miro interesado.   —Si te refieres a que si tuvimos algo, no, no pasó nada, tuve que pedir que me la quitaran, no podía soportar más.   —¿La dejaste?   Asintió un poco dolido. —Ahora soy encargado de uno de los círculos, por eso sé que tu travesura ya llegó hasta nuestros oídos.   Solté una leve risa.   —Bueno, Blakey, tengo que irme.   —Aguarda, ¿ya no trabajas en el mundo?   —No, no quise volver a arriesgarme, pero tú puedes Blake, se lo que piensas y creo que puedes tratar.   Aquel chico desapareció dejándome con un poco de esperanza acerca de lo último. Él me apoyaba con mi pensamiento, tal vez funcionaria.   …   Ya es de noche, todo oscuro se encuentra.   —Descuida, Natasha, ya estoy mejor —habla por teléfono. —Gracias...Sí...Igual te quiero...Adiós.   Me dedico a observarla.   Me acerco a ella y poso mi mano en uno de sus hombros, haciendo que sienta esos famosos escalofríos.   "Lo siento, de verdad" le susurró al oído y me dispongo a salir de su casa.   Tomo mi forma física y toco el timbre.   Escucho sus pasos detenerse detrás de aquella puerta, veo como la puerta se abre y me quedo viendo hacia abajo.   —¿Hola? —me saluda.   —Hola, soy Blake, estoy perdido, ¿podrías ayudarme?   Elevo mi mirada y me encuentro con su bello rostro mirándome con curiosidad.   —Claro, pasa Blake.   Entro en su casa y entonces percibo que he entrado en el juego.
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